Guerra, Historia, Mundo, Rusia, Ucrania

¿Por qué Ucrania?

Una cosa es el largo plazo para el que podemos pensar en Imperialismos, Otanes, Élites,  Capitalismo etc. y otra es lo inmediato, y lo inmediato es que se está destruyendo a un país, prácticamente se está viviendo un genocidio ante la cara del mundo, y, ante tal circunstancia de hechos se requiere recibir “ayuda” de quien la aporte. No hay contradicción, es tan solo realidad.

Se puede discutir la intención de Occidente, principalmente de Estados Unidos y algunos países de Europa; nadie es ingenuo como para creer que buscan la paz y el bien de Ucrania per se; no, para ellos no es Ucrania, son sus negocios y es su enfrentamiento con Rusia; sin embargo, detenernos en ello es permitir la tragedia humanitaria que está sucediendo ya por varios meses y que ha acabado con ciudades, vidas, economía e infancias.

Se le quiebra la voz a Yuliya Yurchenko al presentar su ponencia: “Ucrania, Autodeterminación y Guerra Imperialista” en el foro de conferencias  Socialismo 2022 que se realizó el fin de semana pasado en Chicago bajo el patrocinio de decenas de organizaciones que promueven propuestas de “izquierda” ante los ingentes y urgentes problemas que afectan al mundo.

Yurchenko, es catedrática de Economía Política en el Instituto de Economía Política, Gobernanza, Finanzas y Responsabilidad de la Universidad de Greenwich, Reino Unido, y vicepresidenta de la Critical Political Economy Research Network; se ha convertido en una de las voces más importantes en la diáspora ucraniana para explicar el conflicto desde una visión local, afectiva, real, una visión que incorpora el olor del polvo de las ciudades destruidas, los cuerpos de familias masacradas, las lágrimas y locura de mujeres violadas.

En 2018, escribió “UKRAINE and the Empire of Capital” bajo el sello PLUTO PRESS, libro que se convirtió en un importante análisis económico político que sirve para entender el desarrollo ucraniano en la era post soviética; en este libro presenta sin ambigüedades la realidad de su país enfrentado en rivalidades locales, cleptocracia, guerra por los recursos naturales y hace ver el peligro de los grupos crecientes de extrema derecha. Nada le es ajeno, conoce bien la dinámica y los conflictos de su propio país y no exime a nadie de responsabilidades que tangencialmente se encuentran en el conflicto actual.

Sin embargo ahora que estalló la guerra provocada por la invasión rusa, no como algo nuevo dado el antecedente de la invasión de Crimea en 2014; Yurchenko hace una clara distinción entre la situación de su país con problemas propios de un país soberano e independiente y la invasión por parte de la potencia rusa.

En los últimos conteos, el saldo de muerte alcanza decenas de miles de muertos ucranianos; cientos de niños desaparecidos, muchos sacados del país y enviados a Rusia con el fin de chantajear a sus familias o de plano para darlos a familias rusas y que dejen atrás su historia y recuerdos ucranianos (nada distinto a lo sucedido en las dictaduras latinoamericanas, es bien conocido el caso de las “Abuelas de Plaza de mayo”, madres argentinas en busca de sus hijos y nietos víctimas de desaparición forzada); violaciones y agresiones sexuales a mujeres principalmente pero también a hombres y niños, esto como renovada y perversa forma de guerra; todo lo documentado a la fecha no es sino lo que se enjuiciará en un futuro, sin embargo, la guerra sigue, no tiene para cuando acabar.

En México, la historia bien conocida, aunque irrelevante para la derecha de este país, nos recuerda que en una invasión similar (territorial) por parte de Estados Unidos, nuestro país acabó perdiendo parte de lo que hoy son los estados de Wyoming, Kansas, Oklahoma y todo Texas, California, Utah, Nuevo México y Colorado; medio país fue invadido y apropiado por el país vecino. De este hecho y de la historia de muchas otras invasiones por Estados Unidos incluyendo sanciones económicas a quienes no comulgan con sus ideas, es natural que para muchos aquí nos derive en una absoluta desconfianza al interés gringo en “apoyar” la defensa ucraniana en esta invasión por la Rusia de Putin. Porque Estados Unidos y sus aliados pasarán la factura y liquidarán la economía de Ucrania como lo hicieron con la de Irak, sí, eso también pasará. Pero esa será otra historia.

La conjunción de dos ideas: por parte de Vladimir Putin de que Ucrania en realidad no es un país y que su población debe ser desnazificada y, la de Estados Unidos y el presidente Biden (a quien le estalló el conflicto) que –refiriéndose al mundo- ellos hacen las reglas y ellos dan las órdenes es la tormenta perfecta para la tragedia en el corazón de Europa.

El mundo está loco, loco, loco, (parafraseando la película de 1963 dirigida por Stanley Kramer) aunque contrario a la película la realidad actual no tiene nada de cómica: problemas mayúsculos en Irak, Siria, Yemen, Etiopía, Myanmar, bloqueos económicos a  Cuba, Venezuela e Irán; consecuencias económicas por la pandemia, refugiados y desplazados en decenas de millones de personas, inflación, interrupción de cadenas de suministro, desabasto de energéticos; la huella indeleble del conflicto de potencias está presente; estamos viviendo una vez más el infinito reacomodo de imperialismos.

Sin embargo, la guerra de Ucrania para defenderse de la invasión rusa en una lucha absolutamente legítima y democrática. Esta verdad no niega la corrupción de la oligarquía política que rige ese país en las últimas décadas, no niega tampoco la presencia de nacionalistas de ultra derecha en sus estructuras militares y políticas; no niega nada pero, Ucrania es un país independiente que hoy se encuentra sometido, invadido y en proceso de destrucción.

Es necesario separar la idea de la dualidad política mundial con los hechos reales, puntuales y trágicos: Ucrania está siendo masacrada por Rusia, es una tragedia ante los ojos del mundo.  Ucrania requiere solidaridad (no de banderita en redes sociales por convivir), alimentos y dinero; y tiene por necesidad de subsistencia que tomarlo de quien sea, de quien lo provea, aunque la factura llegue más temprano que tarde.

La solidaridad con Ucrania no puede ni debe confundirse con apoyo a la política norteamericana en su conflicto con China a través de Rusia; es necesario separar la necesidad humanitaria de apoyar a Ucrania por Ucrania misma; no podemos permitir o conformarnos con que un país independiente, otro más, sea devastado por fuerzas exógenas. Que se jodan los rusos y los estadounidenses, quien sea, pero es hora que sus batallas las den en sus casas o no las den. La idea de un pacifismo no es más una ingenuidad, es una urgente necesidad que evite el fin de la civilización de la mano del desacuerdo de potencias nucleares con derecho a veto en las Naciones Unidas para hacer lo que les da la gana.

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AMLO, Historia, México, Oposición

El niño del tambor

Si no quieres repetir el pasado, estúdialo.

Spinoza.

La política mexicana fue relativamente fácil de entender hasta el 2018, antes nada cambiaba, se vivía entre la simulación y el gatopardismo. A partir de la llegada de López Obrador, el PRI, el PAN y el PRD implosionaron y cambió todo el sistema de partidos e instituciones. Esto significa que, para entender el momento actual, se debe comenzar casi desde cero, y si no desde cero, sí hay que volver a comenzar.

Los cambios políticos y sociales de los cuatro últimos años son crueles para el entendimiento de niñatos que se niegan a asimilar un México nuevo y distinto.

Todo empezó con una maqueta de aeropuerto: un día se les dijo que ese capricho suyo no se haría, que su juego de “pretender” ser primermundistas no incluía comprometer el erario futuro, años antes de que empezara su construcción se les dijo que no lo hicieran, que era insostenible, que si lo hacían se les quitaría, no lo creyeron. Acostumbrados a hacer lo que se les pega la gana lo iniciaron, en su juego de terquedad obviaron todos los datos que les decían que ecológica, económica y técnicamente, su operación -en caso de que fuera construido- desembocaría en riesgos ambientales y financieros inaceptables para el país. Pues pasó, lo iniciaron, cambió el gobierno, se los quitó. Recomiendo la lectura de “La cancelación” de Jiménez Espriú, el sólo prólogo ya es suficiente para entender el desastre que se avecinaba.

Su chifladura, en esta ocasión, se quedó en una seductora maqueta que al no realizarse, y ciegos a las razones, provocó algo similar a un efecto de síndrome de Peter Pan: afloró una gran inmadurez emocional en su edad adulta que -cuatro años después- no pueden controlar.

México cambió en muchas cosas, sigue en un proceso de reformas económico, político y social y la oposición se mantiene en una infantil pataleta.

Después de la maqueta siguieron leyes, llanto otra vez; fin a negocios y componendas que saqueaban el presupuesto público, gritos y maldiciones; redistribución del ingreso favoreciendo las necesidades más básicas de la población vulnerable, rabietas y conductas desafiantes; Aeropuerto, Refinería y Carreteras concluidos (no maquetas), vinieron los golpes y mordeduras.

El problema  es que les educaron para creer que élite económica y política significaba ser el centro del universo y que  per saecula seculorum obtendrían lo que desearan de manera inmediata; de ahí la frustración, de ahí su decisión de no madurar e incorporarse a un mundo de adultos que construye un nuevo país.

Vivieron acostumbrados a contarse y creerse sus propias historias, para validar su saqueo preparaban una narrativa de “conveniencia” pública, la transmitían en sus medios de comunicación a través de sus locutores, periodistas, intelectuales (sic), que dinero de por medio repetían lo que fuera necesario para fundamentar la rapiña a la que sometieron a México durante décadas; qué otra cosa si no es el fobaproa, la venta de empresas públicas, las concesiones de minas, el desmantelamiento de PEMEX, CFE y –en general- la industria energética; la destrucción para su privatización de los sistemas de salud y educación; el contubernio con el narcotráfico. Sí, qué difícil debe ser que se les haya acabado el poder de decisión para acabar con el país pero, ¿nos importa? No, que lloren y que pataleen si es lo que quieren.

Hay un excelente libro de Gunther Grass que llevó al cine Volker Schlöndorf en 1978: “El tambor de hojalata”. La historia relata la vida de Oscar, un niño que vive durante la época de la Segunda Guerra Mundial y que a los 3 años deja de crecer, su cuerpo deja de crecer pero su mente no. La trama es compleja, macabra, extraordinaria; sirva mencionarla por dos cosas: una, es que éste Oscar acaba en un hospital psiquiátrico a los 29 años, y dos, que me hizo pensar en el trauma tan fuerte con que va cargando la oposición mexicana al tener cuerpo de adultos y comportamiento infantil.

Teóricamente, uno de los umbrales que marca el paso a la edad adulta es la aceptación de responsabilidades cívicas y la participación en la vida pública. En un mundo sano, ser adulto equivale, en buena medida, a ser ciudadano. Los opositores mexicanos, en su sustracción al debate de ideas y al acompañamiento (de preferencia crítico pero sustentado) a las políticas públicas nuevas -distintas a las que se construyeron en su propio beneficio- gamberrean el significado de ciudadanía, de alguna manera se presentan como extranjeros frente al resto de mexicanos.

¿Qué hacemos? ¿Procuramos incorporarlos a la discusión pública o los dejamos fuera? ¿Seguimos viendo cómo se dan topes de pared a cada elección en que pierden o les anticipamos poco a poco que el próximo año perderán también el Estado de México y Coahuila para que lo vayan aceptando? ¿Les contamos lo que dicen todas las encuestas y escenarios futuros del 2024 o preparamos las cámaras para filmarlos mientras escupan su rabia?

Con todo lo anterior, hay que decir que la situación es más compleja que sólo verlos emberrinchados, en términos generacionales representan a un grupo con una descendencia y un entorno que bien puede aprender del mismo embrutecimiento clasista y negacionista de sus padres. Nos enfrentamos a la tarea ética infinita de no ceder y cuidar el proceso de transformación en el que estamos envueltos porque con estos de mentalidad novata y bisoña no contamos, y a mi parecer ni contaremos.

Cambiemos de perspectiva y observemos las cosas desde el otro lado ¿qué están viendo ellos?: realidad y espíritu; un sumario de hechos, políticas y formas nuevas acompañadas de un ánimo y un “por qué” que no pueden entender, saben que hay una complejidad cultural y un aglutinante social que no alcanzan a concebir en su individualismo egoísta.

Mejor que se llore en su mundo feliz y no en el nuestro real.

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4T, ¿América o Estados Unidos?, Historia, Oposición, Política

Marcando territorio

La iglesia manipulaba a las personas diciendo que el reino de Dios era ella.

Hobbes

Lo colonizados no se les quita. Están exaltados porque el presidente López Obrador dijo que su asistencia a la Cumbre de las Américas estaría supeditada a algo muy simple, a que fueran invitados los 35 países de América. ¡Cómo! dice la oposición, si al -que se dice- dueño del guateque le caen mal tres de ellos. Explíquenles que estas cumbres no tienen dueño, explíquenles…

Respecto a la próxima  Cumbre en junio (la 9ª) en Los Ángeles California, han surgido voces desde el gobierno de Estados Unidos que dicen que no invitarán a Venezuela, Cuba y Nicaragua; el presidente López Obrador se planta y dice: si es la Cumbre de las Américas se debe invitar a todos. No puede haber un filtro para excluir por razones políticas a ciertos países si es que se quiere mantener el espíritu de estos foros. Larga sería la discusión para resolver qué país tiene ciertos atributos de impresentabilidad como para quedarse fuera, incluido al que le tocó organizar esta. (Algo así como que “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”)

La marca de este gobierno de la 4T es buscar el respeto de la soberanía e independencia de los países frente a los grandes centros decisores (gobiernos o élites económicas) de la política mundial. Por muchos años México se alejó de lo que marca su Constitución en el artículo 89 fracción X pero López Obrador sabe que su cumplimiento le representa además de una convicción una obligación: “… el Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados;…” No hay sorpresa alguna, el extrañamiento de los opositores viene de esa forma “tradicional” en que los gobiernos mexicanos del periodo neoliberal se convirtieron en tapete y solo atinaron a decirle a Estados Unidos yes sir, yes sir, ¡para eso les sirvió hablar inglés!

Desde el primer día de su gobierno el presidente ha dicho: “La mejor política exterior es una buena política interior”,  ha preferido atender la casa y resolver lo exterior trazando él las políticas generales y dejando la operación en el canciller Ebrard y el Senado. Y sin embargo, la forma en que se expresa de los problemas del mundo, bien en sus conferencias mañaneras, o en la ONU a la que asistió en noviembre del año pasado, o en la reciente gira por Centroamérica, -cualquier cosa que diga- es seguida y atendida por quienes siguen la política exterior del mundo. Lo que dice y hace López Obrador causa revuelo por la fuerza ética y moral de sus palabras y por presentar la evidencia de los hechos que los grandes discursos diplomáticos soslayan.

¿Qué sí es la Cumbre de las Américas? La Cumbre se celebra aproximadamente una vez cada tres años desde 1994 y es la única reunión de todos los líderes de los países de América del Norte, del Sur y Central y del Caribe. Después de la primera en 1994 convocada por Bill Clinton en Miami siguieron Chile (1998), Canadá (2001); Mar del Plata, Argentina (2005); Trinidad y Tobago (2009); Colombia (2012); Panamá (2015) y Perú (2018). Hubo dos cumbres especiales adicionales: Bolivia (1996) y  México (2004).

Aquella frase de Vicente Fox -mientras su canciller era Jorge  Castañeda- que mostró el triste papel del gobierno mexicano frente al gobierno estadounidense: el “Comes y te vas” que impertinentemente le endilgó a Fidel Castro en una conferencia internacional en Monterrey va de la mano con este tema. Excluir a gobernantes por decisión unilateral de quien organiza un evento, que no es el dueño, sino solo el organizador, atenta eso sí con la democracia, la soberanía y la igualdad jurídica. En el evento Foxista el convocante era la ONU, en la Cumbre es el conjunto de los 35 países americanos.

Aunque se pueda pensar, equivocadamente, que a López Obrador no le interesa el exterior, al exterior sí le interesa López Obrador. El mundo está atento a lo que dice y hace como gobernante de una de las economías más grandes del mundo y como representante de un nuevo modelo de gestión de gobierno, distinta al servilismo a los poderes fácticos y en un delicado equilibrio frente a la gran potencia vecina.

México ya no es el bazar en el que los gobernantes podían vender los bienes nacionales y esto, por necesidad, plantea la soberanía por encima de los intereses de otros países.  John Foster Dulles quien fue secretario de estado de Eisenhower en los años 50 decía: “Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses”; y pues a México hoy eso le vale madres, México tiene los propios.

¿Además de hablar inglés, qué tienen en común Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto? Que entendieron la Política Exterior como la agencia de viajes con la que pudieron recorrer el mundo en decenas de paseos (Salinas 79, Zedillo 57, Fox 111, Calderón 90 y Peña Nieto 83) acompañados de amigos, familiares, mascotas y troupe  de asistentes y lambiscones. ¿De todos estos peregrinajes, alguien recuerda algún resultado trascendente además del exceso de gastos y las fotografías en revistas de sociales? Sólo para el anecdotario: en uno de esos viajes de trabajo (sic) presidenciales de Peña Nieto se compraron mil 164 rastrillos desechables, mil 265 botes de gel para cabello, mil 247 cepillos de dientes y pastas, 486 aguas de tocador para dama, 746 aguas de tocador de caballero, mil 263 esponjas lustradoras y mil 215 cortaúñas (en caso de duda pregúntenle a las facturas que se pagaron a cargo del presupuesto nacional), o aquél paseo – es decir viaje de trabajo- en que se “gastaron” 400 cajas de papel de baño, 70 cajas de papel higiénico (porque es lo mismo pero no es igual) y 100 galones de detergente. Esta fue la política exterior del neoliberalismo, confundieron hacer política con hacer turismo, despensa y guardadito.

Asistimos, pues, una vez más, a la cagalera de los opositores,  a una descomposición fascinante, a un alelamiento sobre las nuevas formas de gobernar. Es un fenómeno histórico e inédito de desintegración de los paradigmas construidos por PRI y PAN para destruir al país.

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4T, Cosecha social, Destino, Historia, México, Odio, Oposición

Es la 4T

Ojalá que la luna pueda salir sin ti, ojalá que la tierra no te bese los pasos… 

Silvio Rodriguez

No importa el tema, puede ser aeropuerto, manejo del covid, economía, pensiones o políticas sociales; no importa si es la tlayuda, la casa que renta el hijo, la mayoría a su favor, la austeridad, los proyectos en construcción; en todos los casos hay y habrá un ríspido y grosero enfrentamiento, además de en los hechos, en el discurso y las expresiones públicas, para manifestarse en contra del gobierno actual.

No hay argumento que valga para que, ante cualquier proyecto, asunto, ley, política, idea que provenga del presidente López Obrador, se arremeta con furia, desprecio y mezquindad por parte de los opositores. La explicación y evidente necesidad de cambiar el rumbo del país después de la destrucción generada en 6 sexenios de neoliberalismo parece que no existe.

Y la burda crítica no es proyecto a proyecto, lo que hay en el fondo es un profundo odio al espejo que representa la 4T como un todo, ese espejo que exhibe de manera cruda el egoísmo y conformismo permeados de uno de los grandes problemas de parte de la sociedad  mexicana: el clasismo.

¿De dónde sale la pus y el desprecio por México que brota no solo de políticos y ex funcionarios que perdieron el poder al que veían como patrimonial, sino de personas que parecían sensibles y amorosas a su país, normales digamos*? ¿De dónde las expresiones clasistas, racistas, despectivas y ofensivas para la gran mayoría de mexicanos que por el hecho de apoyar el proyecto 4T y la transformación que se lleva a cabo, son radicalizados como chairos, iletrados y nacos por parte de una minoría con poder en los medios de comunicación?

Incluso, por algunos que parecieron apoyar el movimiento 4T en algún momento, y que cambiaron de camiseta ante la mínima desviación a lo que “creían” tenían derecho, por no darse cuenta que las propuestas, compromisos de campaña y, sobre todo, la historia de vida de López Obrador, implicaban por absoluta necesidad formas nuevas de gobierno que les prescindiría de su acostumbrada perspectiva de que el poder es para servirse y no para servir.

¿Por qué quieren que le vaya mal a este gobierno (aunque en su narrativa hipócrita digan que no es así)? No solo porque odian a López Obrador, odian sobre todo lo que les hace ver el espejo que nos ha puesto enfrente.

Desde el 2018; a estos opositores a quienes todo ese desprecio por lo mexicano, los llevó a saquear sin pudor durante el neoliberalismo ya sea por acción o por omisión y sobre todo, guardando silencio ante la desigualdad, corrupción y falta de justicia; se les manifiesta como enfrentamiento a la figura de López Obrador, no por él mismo, sino por lo que representa: un liderazgo genuino que plantea la visión y grandeza de un pueblo que se contrasta con una idea de inferioridad que es su propio escenario en el que no les gusta verse.

Él personifica el espejo de realidad en el que se confrontan quienes reniegan de su mexicanidad en aras de un aspiracionismo. Samuel Ramos* explicaba, y les queda como anillo al dedo esta explicación, que “el mexicano padece de un complejo de inferioridad, producto de medir su escala de valores con otra escala de otra cultura (la europea)”, que es distinta a sus posibilidades de realización, precisamente por ser una cultura distinta. Esta forma de verse, genera una frustración muy grande que les hace imitar lo que les supone creer que es incorporar la civilización de otro país a su realidad. Se dicen blancos aunque no lo son, se dicen ricos aunque no lo son (les encantó adoptar el fifí que les endilgaron), se dicen civilizados cuando no lo son precisamente porque es su civilización a la que han despreciado; no quieren “parecer” nacos ni pobres ni morenos ni chairos porque en su forma de entender el mundo, eso es de los otros, de su servidumbre, de sus empleados, del que es menos, de aquél al que ven desde arriba, de aquél que les huele mal, les choca ser mexicanos y darían cualquier cosa por ser europeos o estadounidenses; les gustaría ser invadidos, les gustaría ofrendar a sus hijos a cambio de espejos.

El Popol Vuh dice que somos el pueblo de los hombres del maíz, ellos no, un concepto tan profundamente esencial les avergüenza, son pero no son, por lo tanto en su interior odian lo mexicano, odian la mexicanidad, se odian a sí mismos; ese resentimiento de vergüenza en su mexicanidad les hace adoptar un mecanismo de decirse que son mejores y por lo tanto distintos, ¿Distintos a qué? Quién sabe pero ellos se lo creen.

Hay una indolencia general en su vida que les lleva a despreciar a México, el neoliberalismo los cooptó porque les ofreció ser lo que no son a cambio de que cerraran los ojos y permitieran la rapiña, así, solo así, ellos serían del primer mundo, la nueva raza whitexican a que decidieron aspirar.

*Digo yo.

** Samuel Ramos El perfil del hombre y la cultura en México

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Cosecha social, Historia, México, Moral pública, Oposición

La moral es un árbol que da moras…

Si no fuera por sus ambiciones excesivas, quizás hubieran sido capaces de disfrutar esto.

Milosz

…o vale para una chingada. Es la frase de Gonzalo N. Santos, el cacique de San Luis Potosí  y gobernador en 1943, reconocido como uno de los grandes corruptores de su época, fundador del PNR que dio lugar al PRI; el autonombrado: Alazán Tostado, el Señor del Gargaleote, el de los huevos de toro; una de las «leyendas negras» de la Revolución Mexicana. Con ella, expone lo que para él es la moral; una frase que no solo explica la racionalidad de una época sino esa forma de entender el derecho al poder de los jefes de las élites, como decía Monsiváis: son los “presidentes a escala”; los concesionarios del privilegio a quienes los valores, la ética y la moral no significan más que una…

Hablar de ética y moral pública en el año 2022 puede parecer como un desatino ante una supuesta modernidad en la que lo que prevalece es el pragmatismo cuyo modelo a seguir es la conveniencia personal.

Jorge Carpizo *, el estudioso de la Constitución, reflexionaba como uno de sus principales temas de atención y análisis, precisamente la moral pública, de la que decía que era “aquella que trasciende la esfera privada y penetra en el dominio de la colectividad”  Esta definición nos separa y marca una diferencia radical con la de los filósofos moralistas del siglo XVIII que pusieron al descubierto la doblez y  la hipocresía de su época; estos apuntaban con el dedo la mentira en la vida, la contradicción entre la moral oficial y la conducta en privado. La sociedad enmarcada en costumbres severas que repudiaba todo lo que era sensual y, al mismo tiempo, se entregaba al más desenfrenado libertinaje**

La diferencia anterior es sustancial, mientras que las ideas del siglo XVIII consideraban la moral privada y pública como una sola cosa, ambas sujetas de juicio, la visión actual es la que separa ambos ámbitos. En otras palabras: cada quién hace con su vida personal, íntima y privada, lo que decide; mientras que respecto a la vida pública se debe atender un bien superior y de colectividad.

Cuando los funcionarios y políticos saquean los recursos públicos se atenta contra la colectividad, el evasor de impuestos también lo hace, el que incumple normas tan banales como las de tránsito afecta a otros. Al tiempo que quienes en su vida privada actúan o normalizan actividades que solo afectan a sí mismos y quienes les acompañen, no se atenta ni agravia a nadie.

Salvo las posiciones decimonónicas de las iglesias y en general las de los grupos conservadores (PAN, FREENA, PROVIDA y otras) que pretenden normar la “virtud y las buenas maneras, las decisiones sobre el cuerpo de la mujer y la relación del individuo con su espiritualidad”, el único pragmatismo aceptable es aquél que separe dos campos de acción; el privado y el público.

La hipocresía y simulación de políticos que a la vez que se dan golpes de pecho, saquean los recursos públicos, busca confundir a la sociedad en ese ser y no ser, mezclando vidas privadas con vida pública. Confunden lo que decide uno mismo con lo que se decide por otros. Por tanto, las políticas públicas que afectan a los ciudadanos únicamente deben regular la vida en colectividad y no las vidas privadas.

Los partidos y grupos conservadores en México, como los ya mencionados, incurren en gran simulación no solo porque son ampliamente conocidas sus aficiones, vicios, traiciones, infidelidades y demás situaciones –como las que pueda tener cualquier ciudadano sin importar su adscripción política económica o social- mientras se enseñorean en moralizar en el púlpito. Ésta, la moral privada, que es parte del ideario de los siglos XVIII y XIX es lo que aún pregonan “de lengua para afuera” los pretendidos custodios de la moral para dejar de lado lo que es la moral pública.

El mismo Carpizo, citado arriba, sostiene, hablando de la moral pública, que los cinco problemas capitales en México son: el poder, el dinero, la corrupción, la impunidad y las mentiras; con el común denominador de una ausencia y desprecio a la ley por parte de los ciudadanos.

La 4T a través del gobierno del presidente López Obrador, ha intentado trabajar sobre los temas de ética y moral pública, es la gran diferencia con el conservadurismo, mientras que este último busca decidir sobre la vida íntima y personal de las personas, el proyecto de transformación busca incidir en lo que afecta a todos y apela a la cultura, a valores comunes en el pueblo, a las civilizaciones de las que venimos en vez de a un narcisismo exaltado durante el neoliberalismo.

En la 4T se retoman conceptos como “La cartilla moral de Alfonso Reyes” en su aspecto de convivencia ciudadana, la educación escolar con valores generales de civismo, la austeridad y solidaridad como prácticas cotidianas, la primera por parte del servidor público que maneja los recursos que aportamos todos y la segunda por parte de todos en relación a un entorno de gran desigualdad.

¿Cómo se puede cambiar o incidir en un planteamiento de valores ciudadanos cuando las televisoras, medios de comunicación y figuras públicas van en sentido contrario, asumiendo como forma de vida natural que sus escándalos y excesos -con recursos y privilegios públicos- son algo a lo que tienen derecho?

Si figuras públicas de arraigo y conocimiento, actrices, conductoras, periodistas, políticos y ex funcionarios, pastores de iglesia, que son quienes dan “mensaje” a la sociedad; son los que viven de escándalo en escándalo, a golpe de riqueza mal habida y de privilegios heredados, ¿cómo va a haber un cambio? A los actuales conservadores y generaciones acostumbradas a vivir sin respetar al otro sería más fácil obligarlos a que regresen lo que se llevaron que a que cambien de mentalidad. Cuando algo se pudrió, se pudrió.

A las generaciones nuevas y las actuales con conciencia social, únicamente a través de la educación y del ejemplo; no hay más. La tarea de la 4T es invertir en educación y ejemplificar con comportamientos y formas respecto a la austeridad y cumplimiento de la ley.

Bien les dice y recuerda el presidente: No somos iguales.

*Jorge Carpizo. México y la Moral Pública. Revista de la Facultad de Derecho de México. Vol. 63-259

**Alexander Herzen, Apéndice “El realismo” como crítica a la Carta sobre la Tolerancia de Locke.

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4T, Destino, Historia, México

Futuro, no pasado

«No hace falta un hombre del tiempo para saber en qué dirección sopla el viento»

Bob Dylan

La constante en los gobiernos mexicanos de los seis  sexenios previos al actual es su naturaleza, no sé si llamarla frívola o insustancial, en que lo que cambia –de manos- es el poder político, mas no la esencia superficial de las ideas y forma de gobernar. Hay una degeneración de la práctica de gobierno que se mantiene en el tiempo más allá de si la edad cronológica de los gobernantes es una u otra. ¡No es la edad!, es la concepción que tienen de la vida, del país y la sensibilidad y conciencia social con que han sido formados, lo que nos explica la desvinculación entre ideas modernas y viejas contrastadas con funcionarios jóvenes y viejos.

Hay una corriente de opinión que usa el argumento de la edad de los funcionarios públicos como correlacionada a las políticas y proyectos a su cargo. Estas opiniones caen en la simpleza de establecer una simple línea recta que les dice juventud → modernidad. Ideas viejas vs ideas nuevas como si estuvieran ligadas a la edad cronológica de quienes las plantean y aplican.

La experiencia mexicana nos enseña que es un argumento falso que no es sustentado por la más mínima lógica siquiera.

Las ideas viejas y del pasado pueden ser establecidas por funcionarios y gobernantes de cualquier edad y viceversa respecto a doctrinas actuales y modernas (sic, por lo que ello pueda significar para cada ciudadano).

Al presidente López Obrador y de manera ampliada a todo lo que representa la 4T los opinólogos tradicionales, que buscan la argumentación simple fácilmente entendible para sus oyentes, aquellos que solo entienden la distinción entre blanco y negro; le critican que sus políticas representan una vuelta al pasado, a ideas viejas ya superadas que le alejan de una modernidad (que no explican)  pero que lanza el mensaje de una propuesta de cambio necesario y obligado para que el país avance.

Sin embargo, también hay una contradicción en lo que dicen estos mismos opinólogos y críticos del poder porque refieren que hasta la llegada de este gobierno “íbamos bien” y que ahora ya no. Bajo su ilógica lógica, las políticas actuales son viejas y las anteriores son modernas; o algún trabalenguas mental parecido.

En la historia reciente de los partidos políticos actuales nos encontramos interesantes ejemplos de lo anterior que podemos ligar a sus representantes:

Los jóvenes (en este discurso de polarización por edad cronológica representa cuarentones) del PAN, Marko Cortés como presidente de partido, Felipe Calderón al momento de robarse la presidencia y Ricardo Anaya como candidato (pronto, en fuga),  representan a un partido que es conservador, tradicionalista, clasista, machista, misógino, privatizador y malinchista; pero en el discurso ellos encuentran una cacareada modernidad que fácilmente se contrasta con sus políticas reales. No hay espacio para extenderse en su constatada noción sobre derechos de la mujer, ideas de género, soberanía nacional etc. pero sí cabe el no olvidar esa visión de dinastías familiares y de herencias cual derecho de pernada, como capataces de finca (remember Diego), como es su realidad al interior de ese partido.

Hablar de la “modernidad” del priismo, encabezado por un ex presidente Salinas que a los 40 años condujo la presidencia y que afianzó las bases de la corrupción y la desigualdad, que desmanteló las empresas públicas en beneficio de parientes y amigos y que irrespetó flagrantemente los derechos humanos. Y qué decir del grupo de “jovenazos” en el gobierno de Enrique Peña Nieto, el nuevo PRI le decían, todos cuarentones: Emilio Lozoya, los Duarte, Borge, Sandoval, Rosario Robles, es decir la modernidad a cargo del saqueo de los recursos públicos.

El promedio de edad del gabinete de Vicente Fox y de Felipe Calderón rondó los 51 años, el de Peña Nieto de 52 y el del presidente López Obrador de 58; ¿ideas modernas vs ideas viejas? ¿Ya me voy explicando?

Y ahora lo interesante: en las elecciones del año pasado Nuevo León eligió gobernador, el partido Movimiento Ciudadano que se concibe como moderno, centrista, con visión de futuro ganó la elección a manos de Samuel García, no se puede decir siquiera que sea joven porque a sus 34 años no es más que un niñato, consentido, irreflexivo y frívolo hombre que en compañía de su socialité esposa, joven y  moderna (sic); juegan a la casita de gobernantes y adoptan niños de orfanatos los fines de semana. ¡Esa es la modernidad de la que nos hablan! aquellos que dicen que en la 4T sus funcionarios “viejos” tienen ideas viejas.

Y la cereza del pastel: el mismo Movimiento Ciudadano, sí, este mismísimo “moderno y de centro” de Alfaro y ahora de Samuel García, ya tiene candidato para las próximas elecciones de Quintana Roo: el mirrey de mirrreyes (le agrada que se lo digan porque lo considera una característica positiva), el vacuo y decadente Roberto Palazuelos; la decadencia moral que representa el usufructo de los recursos públicos, la pose falsa y la arrogancia es la oferta “moderna” de este partido.

Cierro, pensando en estos “jóvenes tan modernos”, citando un verso de una joya de libro que recién me obsequiaron: “Él” de Catalina D´Erzell

En aquella tarde tibia y perfumada

recobró mi orgullo su serenidad,

al recibir la certera puñalada

de tu vulgaridad”

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La multiplicación y el brote

“Cuando lo creas todo perdido, no olvides que aún te queda el futuro, tu cerebro, tu voluntad y dos manos para cambiar tu destino.”

von Braun.

Que el poder de un presidente en México es “potente”, es algo que no requiere explicación, lo que sí la requiere es la justificación de ese ejercicio del poder. El hecho de dar razón y razones a los ciudadanos -sin distinción de clase, género o educación- de humanizar los actos de gobierno, de enfrentar los problemas estructurales y las formas que originaron la desigualdad del país es lo que justifica la actuación del gobernante en palacio nacional.

Dos fenómenos que se perciben en el mundo político mexicano actual:

Por una parte, la llamada Cuarta Transformación (4T) ha ocasionado que germinen en cada momento y lugar del territorio nuevas ideas y proyectos que -apuntalando lo que es el cambio social más importante de las últimas décadas- muestran a un ciudadano diferente, a uno distinto al sujeto pasivo del periodo neoliberal. Lo que se puede apreciar es la politización del ciudadano común, del de a pie, del que trabaja de sol a sol, del que no es sobrado de medios materiales y sí de angustias por cubrir sus necesidades propias y familiares.

Las mayorías que se sienten representadas por el gobierno actual se expresan de diferentes formas, basta ver las redes sociales –que son los medios a su alcance- para darnos cuenta que lo que se conocía como el proceso de opinar a cargo de los “intelectuales” pasó a la libertad y la audacia de la expresión de ideas por parte de la mujer y hombres comunes.

Esas mujeres y hombres, simples, chairas, nacas (cualquier otro epíteto que nos pongan) contradicen a aquellos herederos,  señoritos satisfechos y niños y niñas mimadas que se comportan exclusivamente como herederos de la comodidad, la seguridad y la abundancia (sí, no es redundancia: herederos comportándose como herederos, dado que es lo único que son y tienen para ofrecer). La gran mutación en el paradigma social ciudadano que estamos viviendo es que, lo que para algunos o muchos, antes era muestra de admiración, hoy es materia de crítica; lo que antes se veía como elegancia y esnobismo pasó a entenderse como lo que verdaderamente es: vulgaridad y chabacanería (Movimiento Ciudadano con su gobernador de Nuevo León Samuel García y esposa, el candidato Palazuelos al gobierno de Quintana Roo , más los que se acumulen con ese mismo perfil, no me dejarán mentir)

En la forma en que se gastan los recursos públicos, a diferencia del pasado, hoy las obras públicas ya no son una interpretación de los asuntos que bajan a partir de los deseos del gobernante sino que es la sociedad de donde surgen los proyectos y cambios que suben como órdenes para proyectarse y ejecutarse; la SEDATU es un ejemplo: los cientos de obras que se hacen en todo el país como canchas, calles, iluminación, auditorios, clínicas, mercados, estadios etc. son ejemplo del cumplimiento a las necesidades específicas de las comunidades.

Se dejó de hacer obras públicas que acababan convirtiéndose en elefantes blancos concebidos para la placa conmemorativa con el nombre del presidente inaugurante pero que poca o nula función social tienen; se dejó de hacer cascarones presentados como obras completas para pasar la bolita al siguiente sexenio, se dejó de hacer bardas de refinería y torres bicentenarias para decir que se hace algo cuando tan solo sirven para llenar los bolsillos de funcionarios.

En este movimiento transformador de la 4T se invierte el proceso y se trabaja de abajo hacia arriba.

El segundo aspecto al que me refiero en esta columna es la confirmación de que cada cierto tiempo hay un “brote” de toma de posiciones por parte de algunos funcionarios, políticos y otros para ubicarse hacia el futuro; es un brote vulgar, acomodaticio que no tiene nada que ver con ideología, amor al país o idea social, es mera conveniencia de búsqueda de puesto. En realidad es una depuración de los proyectos originarios para dar paso a un acomodo a conveniencia.

Lo que antes se vivía como un enfrentamiento de posiciones políticas, de ideología o de generación de proyectos nuevos; hay que recordar de la salida de Cárdenas, Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros del PRI para dar paso a esa Corriente Democrática que daría origen al PRD; hoy no es más que una búsqueda de chamba aprovechando coyunturas. Este año hay elecciones en 6 gobiernos estatales, el próximo en 2, el 2024 la federal; así que la búsqueda de posiciones, candidaturas y “chuleta” hace que los chapulines entren en acción en MORENA. Oiremos de ellos sus razonamientos de «proyecto» que solo encubren su “darse cuenta” que no tienen cabida en un propósito que intenta que se atiendan las necesidades sociales y no las necesidades laborales de funcionarios y políticos.

Estamos viviendo un interregno, para algunas mujeres y hombres hay un vacío entre dos formas de ver el país: fueron expulsados del pasado o, más bien,  nunca fueron aceptados por la aristocracia prianista pero también se sienten alejados de la 4T porque la quieren ver de la misma forma en que se participaba en la política mexicana en el pasado. Mientras no se acepte que el país cambió, que el modelo de enriquecimiento por el simple hecho de ser funcionario o político dejó de existir, el chapulineo será la constante.

A propósito del nuevo país que estamos construyendo, un verso de Carlos Pellicer ahora que recordamos el 125 aniversario de su natalicio. De su poema “A JUÁREZ”:

Y si una flor silvestre puedo dejarte ahora/ es porque el pueblo siente que en su esperanza adulta/ tu fe le dará cantos para esperar la aurora.

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¿Centro?, no gracias

“Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido”.

Antonio Gramsci

El desprestigio para los políticos de derecha que les acarrea el ser llamados de derecha, necesita un “control de daños” que pasa por falsear el idioma y preparar una ficción que oponga a la “izquierda” vs. “centrismo, medias tintas, tibieza” o cualquier otro término que suene bonito –en vez de derecha- para intentar quedar bien con todos. Es decir: ¿Centro?, no gracias

A cada ciudadano, la historia y las circunstancias nos han formado opiniones que se convierten en esenciales y que establecen nuestra manera de resolver, vivir y atender nuestros asuntos. Esas opiniones sumadas a nuestro contexto de vida se convierten en certezas con las que tomamos decisiones día a día en la relación que mantenemos con la sociedad.

A la hora de las definiciones políticas expresamos esas convicciones (quienes votamos) en las elecciones que corresponden a nuestras demarcaciones, estados y país; lo hacemos votando por partidos políticos o coaliciones entre ellos. En un ambiente de libertad y democracia participativa, los electores nos decidimos por aquél partido que representa o se acerca, a nuestras creencias, opiniones y expectativas.

Cada partido político se forma alrededor de diferentes valoraciones sobre cada tema social; en sus documentos con los que se registran plantean su visión sobre cada uno de ellos y el papel que consideran debe tener el gobierno que surgiera en caso de que se vieran favorecidos por las votaciones. (A veces esto es solo teoría porque son cartas de buenos deseos para atraer al mayor número de electores diciéndoles lo que quieren escuchar)

En el espectro político moderno, izquierda o derecha per se podría considerarse ya etiqueta obsoleta porque con la falsificación del vocabulario se puede fácilmente interpretar a modo y conveniencia su significado, cuando incluimos en la discusión: soberanía nacional vs. dependencia, cambio vs. conservadurismo y religiosidad, socialismo vs. fascismo, liberalismo vs. libertarismo, etc. se complica según las combinaciones que los individuos sugieran para sí mismos. Algunos dirán, se puede ser liberal para algunas cosas y conservador para otras (como si esta fuera la discusión)

Sin embargo para no perdernos en terminología podemos simplificar, como diversos autores lo hacen, a qué se asocia derecha e izquierda: La derecha siempre es el sector de partido asociado con los intereses de las clases altas o dominantes, la izquierda el sector de las clases bajas económicamente o en lo social. La derecha conservadora defendió prerrogativas, privilegios y poderes enterrados: la izquierda los atacó. La derecha ha sido más favorable a la posición aristocrática, y a la jerarquía de nacimiento o de riqueza; la izquierda ha luchado para la igualación de ventaja o de oportunidad, y por las demandas de los menos favorecidos.*

En México, actualmente, los partidos se ubican así:

A la derecha PAN, PRI y ahora PRD, recordemos su alianza en las recientes elecciones. A la izquierda MORENA y PT. Por ahí, perdidos sin estructura ideológica pero que aportan votos y se unen a conveniencia a un sector u otro: PVEM y PES.

Y diciéndose como de centro: Movimiento Ciudadano; es decir, aquí hay un partido que en la coyuntura política se presenta como el moderado, el que no está en los extremos etc.  ¿Será? (más adelante digo lo que veo al respecto, les adelanto que no)

Hace pocos días el senador Ricardo Monreal, frente a una entrevista al periódico Reforma (a simple lectura, entrevista a modo) plantea que la 4T deba correrse de la izquierda hacia el centro;  antes no lo había planteado y es una absoluta contradicción porque atenta contra la base fundacional del partido del que se ha privilegiado, recordemos que es el coordinador de los senadores de MORENA y ha ocupado muchas otras posiciones siempre favorecido por su pertenencia al movimiento de ¡izquierda! que representa la 4T, MORENA, López Obrador, el chairismo, el sectarismo, e incluso el radicalismo –como ahora nos quiere presentar a quienes no comulgamos con su propuesta de asumirse tibios para quedar bien con todos-.

El partido MORENA alrededor del cual se construyó la 4T, desde sus documentos fundamentales y visión se planteó de izquierda, dicen: MORENA es una organización política amplia, plural, incluyente y de izquierda, con principios, programas y estatutos.

¿Por qué correrse al centro? ¿Pero qué necesidad de pretender quedar bien con todos?

Por conveniencia del que lo plantea, porque la lectura de esta propuesta se encuadra en la mecánica de presentar como polarización la dinámica política actual del país. Suena “lindo” decir yo estoy en medio, no soy ni de un lado ni del otro, soy amiguito de todos y yo puedo ser el gran mediador.

Aun cayendo en la simplificación de por qué izquierda sí y centro no, planteo dos elementos: Uno: ¿Por qué el modelo de izquierda de la 4T sí?: Porque significa y representa que, hace 3 años, el grupo más grande de votantes en la historia del país, eligió un modelo que se comprometía a actuar con patriotismo cuidando la soberanía nacional, que acababa con esa forma de gobernar que implica el saqueo de los recursos públicos, que cortaría el modelo del estado corruptor, que respetaría las libertades, la separación de poderes, y, que trabajaría sobre los temas de justicia social para abatir la desigualdad. Nunca se planteó como algo que resolvería los añejos problemas de la noche a la mañana, sino que sería a través de un movimiento transformador. Justo lo opuesto a lo que la derecha (PAN, PRI y PRD) se dedicó a hacer, especialmente en los 36 años previos de neoliberalismo.

Dos: Para comentar sobre el segundo planteamiento, insisto en mi pregunta: ¿Por qué correrse al centro? ¿Pero qué necesidad de pretender quedar bien con todos? Porque asumirse de centro abre la posibilidad de ser incorporado como el candidato opositor para el año 2024 ante la patente situación de que no lo será por la 4T.

El senador Monreal se acerca como que no quiere la cosa (porque según él, somos idiotas y no nos damos cuenta) a una ruptura con la 4T y Morena para pasarse a lo que quiere llamar centro, muy posiblemente Movimiento Ciudadano.

Y Movimiento Ciudadano, más allá de decir quiénes y cómo lo crearon, es aquél que presenta candidatos patitos que con mercadotecnia e ignorancia de sus votantes ganan elecciones: no porque sean de centro, sino porque son de derecha, rotunda, absoluta, indudable; pero se dicen de centro y a esa confusión del lenguaje juegan. Su estrella y ejemplo que explica por sí solo este planteamiento de que el centrismo que se pretende es un engaño: el gobernador de Nuevo León: Samuel García, el más frívolo, conservador, vano, veleidoso, insustancial de cuantos gobernadores hay. Eso no es de centro, es de derecha.

Entonces, a quienes preguntan, ¿por qué no de centro?, respondo: porque en la circunstancia actual mexicana, decirse de centro es ser de derecha; urge la definición personal, de derecha o de izquierda pero no de un centro inexistente.

*Robert M. MacIver (The Web of Government) 1947.

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Lecciones de la historia

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.

Neruda

Otra de las novedades que nos ha dejado la 4T es la de la recordación de hechos históricos que en su momento fueron fundamentales y que con el paso del tiempo ayudan a entender el mundo actual.

Comprender la historia es entender por qué hoy son así la política, la economía y las tradiciones, por ello el presidente López Obrador en cada oportunidad que tiene explica pasajes históricos como referencia o sustento de alguna situación actual. Esa manera de ilustrar la conducción política presente marca un contexto que expone una línea causal entre hechos del pasado y el contexto que vivimos.

Como contrapuesto, tergiversar los hechos, las epopeyas, las tragedias y acomodarlas al gusto del “historiador o intelectual” pagado para interpretarla de cierta forma ahonda la confusión y mantiene la ignorancia de quienes escuchan y creen.  A veces no importa que tan obvia sea la farsa presentada, hay público dispuesto a creer cualquier cosa que le digan según quien lo haga.

En el mismo momento histórico en que desde el poder ejecutivo se rescata del olvido la figura del militar revolucionario Felipe Ángeles nombrando así al nuevo aeropuerto, el lamentable diputado Quadri electo por los conservadores coyoacanenses, equipara al presidente López Obrador con el cruel y depravado emperador romano Calígula. Mientras que en la primera situación se recuerda a un humanista y fiel seguidor del presidente Madero de quien en su momento, Elena Garro, Ignacio Solares y Nelly Campobello escribieron obras completas en su memoria; en la segunda: la vulgaridad, chabacanería, mala fe y estricto analfabetismo del vergonzoso legislador panista intenta equiparar personajes incomparables.

Sin conocer la historia no entendemos ni presente ni futuro; esa búsqueda de un  re-aprendizaje de hechos del pasado para explicar el hoy, es otro de los éxitos de la 4T, uno que puede pasar desapercibido porque no es tangible, es más del ámbito de un espíritu crítico cercano a los ideales de la Ilustración.

El tiempo pone a cada quién en su lugar; aseverar, como lo hace el poeta Sicilia, que el presidente López Obrador es como Hitler, es ningunear la historia olvidando la barbarie del nazismo y la tragedia judía, sin embargo se lo permite su odio opositor; hacer como igual al movimiento estudiantil de 1968 que derivó en la masacre de Tlatelolco con los hechos actuales en el CIDE para permitirse Sergio Aguayo igualar a López Obrador con Díaz Ordaz es justificar la masacre de Tlatelolco durante un gobierno priista; decir que el decreto presidencial para garantizar que las obras de infraestructura que se están haciendo puedan concluirse en tiempo y forma -que por cierto ya fue avalado en lo principal por la Suprema Corte- equivale a un golpe de estado, da pie a que Denisse Dresser se autorice a asimilarlo con el golpismo militar en Latinoamérica en el siglo pasado.

Conocer la historia no es garantía de entender el presente pero, lo que sí es un hecho, es que  no hay forma de entender el presente sin tener y considerar la perspectiva del pasado.

¿Por qué es un hito de este gobierno el que se hable de historia nacional y se conmemoren pasajes a veces olvidados? Porque ante la soberbia intelectual de los opinólogos e intelectuales que tienen espacio en los medios de comunicación, que usan la historia para inflar el encono a través de mentiras y traslapes que caen en la esquizofrenia y se permiten presentar cualquier comparación aunque no tenga sustento alguno; insistir en estos temas, de alguna manera endereza el barco de ideas y narrativa que le permite a la ciudadanía armar su propio criterio.

¿Si secuestraron el presupuesto, por qué no la historia?  La 4T libera el espacio para las ideas y la razón que fue cooptado -sí, también este- por un neoliberalismo que pretendió convencer que es normal la desigualdad, que es normal la corrupción, que así es y ha sido siempre.  Hasta que se toparon con un cambio de régimen que les dice no: la situación es así porque ustedes lo provocaron, el país tiene una deuda enorme porque ustedes aprobaron el fobaproa; CFE y PEMEX están en terapia intensiva porque permitieron su saqueo. La historia, solo la historia, lo explica, por eso hay que recordarla permanentemente. ¿Ya se entiende por qué dicen que el gobierno vive en el pasado? Porque el pasado explica el presente y en el pasado (aunque sea reciente) agraviaron y sentaron las bases del desastre, y no les gusta que se los recuerden.

En la historia de México hay enormes ejemplos de solidaridad, de defensa de soberanía, de actos de justicia, de inteligencia y sensibilidad máximas; las figuras de Juárez, Madero, Zaragoza, Sor Juana, Leona Vicario, Elvia Carrillo Puerto, Vicente Guerrero, Octavio Paz y miles y miles más deben representar las amplias posibilidades que tiene el país y no equiparaciones absurdas con fines meramente políticos.

Con esta columna cierro mis artículos de opinión en este año, nos escribimos en enero, felices fiestas y gracias por su atención, comentarios y críticas.

JC
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