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¿Centro?, no gracias

“Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido”.

Antonio Gramsci

El desprestigio para los políticos de derecha que les acarrea el ser llamados de derecha, necesita un “control de daños” que pasa por falsear el idioma y preparar una ficción que oponga a la “izquierda” vs. “centrismo, medias tintas, tibieza” o cualquier otro término que suene bonito –en vez de derecha- para intentar quedar bien con todos. Es decir: ¿Centro?, no gracias

A cada ciudadano, la historia y las circunstancias nos han formado opiniones que se convierten en esenciales y que establecen nuestra manera de resolver, vivir y atender nuestros asuntos. Esas opiniones sumadas a nuestro contexto de vida se convierten en certezas con las que tomamos decisiones día a día en la relación que mantenemos con la sociedad.

A la hora de las definiciones políticas expresamos esas convicciones (quienes votamos) en las elecciones que corresponden a nuestras demarcaciones, estados y país; lo hacemos votando por partidos políticos o coaliciones entre ellos. En un ambiente de libertad y democracia participativa, los electores nos decidimos por aquél partido que representa o se acerca, a nuestras creencias, opiniones y expectativas.

Cada partido político se forma alrededor de diferentes valoraciones sobre cada tema social; en sus documentos con los que se registran plantean su visión sobre cada uno de ellos y el papel que consideran debe tener el gobierno que surgiera en caso de que se vieran favorecidos por las votaciones. (A veces esto es solo teoría porque son cartas de buenos deseos para atraer al mayor número de electores diciéndoles lo que quieren escuchar)

En el espectro político moderno, izquierda o derecha per se podría considerarse ya etiqueta obsoleta porque con la falsificación del vocabulario se puede fácilmente interpretar a modo y conveniencia su significado, cuando incluimos en la discusión: soberanía nacional vs. dependencia, cambio vs. conservadurismo y religiosidad, socialismo vs. fascismo, liberalismo vs. libertarismo, etc. se complica según las combinaciones que los individuos sugieran para sí mismos. Algunos dirán, se puede ser liberal para algunas cosas y conservador para otras (como si esta fuera la discusión)

Sin embargo para no perdernos en terminología podemos simplificar, como diversos autores lo hacen, a qué se asocia derecha e izquierda: La derecha siempre es el sector de partido asociado con los intereses de las clases altas o dominantes, la izquierda el sector de las clases bajas económicamente o en lo social. La derecha conservadora defendió prerrogativas, privilegios y poderes enterrados: la izquierda los atacó. La derecha ha sido más favorable a la posición aristocrática, y a la jerarquía de nacimiento o de riqueza; la izquierda ha luchado para la igualación de ventaja o de oportunidad, y por las demandas de los menos favorecidos.*

En México, actualmente, los partidos se ubican así:

A la derecha PAN, PRI y ahora PRD, recordemos su alianza en las recientes elecciones. A la izquierda MORENA y PT. Por ahí, perdidos sin estructura ideológica pero que aportan votos y se unen a conveniencia a un sector u otro: PVEM y PES.

Y diciéndose como de centro: Movimiento Ciudadano; es decir, aquí hay un partido que en la coyuntura política se presenta como el moderado, el que no está en los extremos etc.  ¿Será? (más adelante digo lo que veo al respecto, les adelanto que no)

Hace pocos días el senador Ricardo Monreal, frente a una entrevista al periódico Reforma (a simple lectura, entrevista a modo) plantea que la 4T deba correrse de la izquierda hacia el centro;  antes no lo había planteado y es una absoluta contradicción porque atenta contra la base fundacional del partido del que se ha privilegiado, recordemos que es el coordinador de los senadores de MORENA y ha ocupado muchas otras posiciones siempre favorecido por su pertenencia al movimiento de ¡izquierda! que representa la 4T, MORENA, López Obrador, el chairismo, el sectarismo, e incluso el radicalismo –como ahora nos quiere presentar a quienes no comulgamos con su propuesta de asumirse tibios para quedar bien con todos-.

El partido MORENA alrededor del cual se construyó la 4T, desde sus documentos fundamentales y visión se planteó de izquierda, dicen: MORENA es una organización política amplia, plural, incluyente y de izquierda, con principios, programas y estatutos.

¿Por qué correrse al centro? ¿Pero qué necesidad de pretender quedar bien con todos?

Por conveniencia del que lo plantea, porque la lectura de esta propuesta se encuadra en la mecánica de presentar como polarización la dinámica política actual del país. Suena “lindo” decir yo estoy en medio, no soy ni de un lado ni del otro, soy amiguito de todos y yo puedo ser el gran mediador.

Aun cayendo en la simplificación de por qué izquierda sí y centro no, planteo dos elementos: Uno: ¿Por qué el modelo de izquierda de la 4T sí?: Porque significa y representa que, hace 3 años, el grupo más grande de votantes en la historia del país, eligió un modelo que se comprometía a actuar con patriotismo cuidando la soberanía nacional, que acababa con esa forma de gobernar que implica el saqueo de los recursos públicos, que cortaría el modelo del estado corruptor, que respetaría las libertades, la separación de poderes, y, que trabajaría sobre los temas de justicia social para abatir la desigualdad. Nunca se planteó como algo que resolvería los añejos problemas de la noche a la mañana, sino que sería a través de un movimiento transformador. Justo lo opuesto a lo que la derecha (PAN, PRI y PRD) se dedicó a hacer, especialmente en los 36 años previos de neoliberalismo.

Dos: Para comentar sobre el segundo planteamiento, insisto en mi pregunta: ¿Por qué correrse al centro? ¿Pero qué necesidad de pretender quedar bien con todos? Porque asumirse de centro abre la posibilidad de ser incorporado como el candidato opositor para el año 2024 ante la patente situación de que no lo será por la 4T.

El senador Monreal se acerca como que no quiere la cosa (porque según él, somos idiotas y no nos damos cuenta) a una ruptura con la 4T y Morena para pasarse a lo que quiere llamar centro, muy posiblemente Movimiento Ciudadano.

Y Movimiento Ciudadano, más allá de decir quiénes y cómo lo crearon, es aquél que presenta candidatos patitos que con mercadotecnia e ignorancia de sus votantes ganan elecciones: no porque sean de centro, sino porque son de derecha, rotunda, absoluta, indudable; pero se dicen de centro y a esa confusión del lenguaje juegan. Su estrella y ejemplo que explica por sí solo este planteamiento de que el centrismo que se pretende es un engaño: el gobernador de Nuevo León: Samuel García, el más frívolo, conservador, vano, veleidoso, insustancial de cuantos gobernadores hay. Eso no es de centro, es de derecha.

Entonces, a quienes preguntan, ¿por qué no de centro?, respondo: porque en la circunstancia actual mexicana, decirse de centro es ser de derecha; urge la definición personal, de derecha o de izquierda pero no de un centro inexistente.

*Robert M. MacIver (The Web of Government) 1947.

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A cada guajolote le toca su navidad

Los partidos políticos no mueren de muerte natural; se suicidan.

José Rodó Piñeyro

Como guajolotes cercanos a la Navidad…

El país se está quedando sin una oposición partidista que articule a la sociedad con una propuesta política que no sea la de volver al desastre del pasado. Los antiguos partidos y los nuevos pero con ideas frívolas y caducas van en camino de extinción, como guajolotes que se acercan a su fecha de caducidad.

Seguir viendo a lo ciudadanía como acostumbran desde hace décadas los partidos políticos tradicionales, como si esta no pensara, como si no hubiera que dirigirse a las nuevas generaciones que no quieren saber de sus vicios y mentiras que usan para llegar al poder; ha llevado al desapego de la sociedad civil por las formaciones partidistas. Bien decía Bobbio, el gran filósofo y politólogo italiano: «…cuán rápido y continuo es el cambio histórico. Me he dado cuenta de cuántos libros que yo no conozco leen los jóvenes y el poco caso que hacen de algunos textos míos».

El PRD, otrora esperanzador proyecto que unificó a los partidos de izquierda, fundado en 1989 por los líderes históricos Cárdenas, Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez; recientemente perdió su registro en más de 15 estados; perdió la última  gubernatura que le quedaba y pasó a ser un simple matraquero de consigna de la agenda de los enemigos de la 4T bajo las instrucciones del grupo conservador del panismo y asociados. El chuchismo es la pica que lo destruyó y que adormeció e insensibilizó a unos cuantos seguidores que aún se mantienen a la espera de un milagro para no ver que es una historia cuyo fin ya fue.  

La degradación de las ideas derechistas del PAN, que incluso en su  conservadurismo de origen se mantuvo (a veces) alejado del extremismo y en cambio hoy coquetea con un neo fascismo insolente, clasista y racista tal como es el partido VOX español a quien hoy le rinden vasallaje. Y fuera de la parte ideológica, la criminalidad, corrupción, insensatez y malas prácticas de los dos sexenios en que mal gobernaron al país.

El PRI que no atina a encontrar el camino que le permita recuperar alguna pizca de la fuerza que por décadas tuvo, su permanente debate entre la institucionalidad que un día le permitió sentar las bases de cierta modernidad en el país y la deriva neoliberalista de sus últimos sexenios en la presidencia; ambos en medio de una escandalosa corrupción que tuvo como epítome el gobierno de Enrique Peña Nieto

Movimiento Ciudadano, pólvora de un día, alcanzó una importante gubernatura como lo es Jalisco y recientemente Nuevo León; sin embargo no logró cuajar como propuesta. Por una parte la ineficiencia del gobernador Alfaro que, a tres años de un grisáceo gobierno, va en declive hacia el ocaso político como un figurín intrascendente sin futuro. Y por la otra, el nuevo gobernador de Nuevo León, una burla en cada uno de sus actos, un bufón con una gran responsabilidad jugando como chamaco mal portado. Las dos oportunidades de MC fueron desperdiciadas, una por su irrelevancia y mediocridad y la segunda por su frivolidad y ligereza.

Y como consecuencia, en su lugar el espacio opositor lo ocupan grupos menores, ruidosos algunos, adinerados otros, son quienes aparecen en el escenario de la crítica al gobierno del presidente López Obrador:

Así vemos a grupos de ultraderecha como FREENA que viven en una permanente esquizofrenia y conforman el nuevo cascajo ideológico de una pequeña masa muy ignorante en el país que ha conseguido visibilidad en los medios de comunicación que, en una suerte de simbiosis les da espacio porque saben que su consigna es el odio (que comparten) al movimiento 4T.

A grupos de patrones presentados por una COPARMEX y otros organismos que se convirtieron en agencias de evasión de impuestos a costa de una cantidad de empresarios reales que invierten, dan empleo y trabajan cabalmente. Consiguieron que la palabra empresario fuera sinónimo de ultraje cuando son apenas unos cuantos sus representados bajo la ideología de rapiña, evasión y  avorazamiento.

Todos estos, partidos y grupúsculos, hundidos en la más amplia corrupción jamás exhibida en México y con el manto protector de intelectuales, columnistas y una prensa que tradicionalmente se vendieron al poder presidencial y que hoy se conforman con menores cañonazos de billetes a cambio de sus plumas.

La gran diferencia entre el crecimiento y sobrevivencia por mucho años de esos partidos políticos y el proceso de extinción en que se encuentran, lo explica el nuevo modelo de gobierno que ha permitido una libertad de expresión sin límite y que de manera exponencial se manifiesta en las redes sociales, porque no es que ahora estos partidos sean distintos, es solo que ahora son exhibidos. Bajo un régimen de partidos como en el que vivimos una vez que estos fenecen otros tomarán su lugar, si actúan igual, acabarán igual.

Por su parte, MORENA que se funda y organiza como un movimiento de distintas voces y sectores (ojo puristas) intenta superar esa forma basada en la tradición de “partido” y se convierte en algo más parecido a una hermandad política bajo una tónica de darle sentido al compromiso social y a una visión que recoge ideas y las convierte en realidades aterrizadas en políticas sociales y económicas. Mientras no se entienda la distinción entre los unos y los otros, los opositores podrán seguir pensando en una forma de volver a un imaginario predominio de su partido mientras que la sociedad mexicana en su mayoría ya no se ve reflejada en la exclusión que ello supone.

MORENA de ninguna manera puede permitir caer en las formas que llevaron a los partidos a la debacle en que se encuentran, hay una gran lección del pasado que debe abrir los ojos a la dirigencia para mantenerse en el camino que atienda el interés que la sociedad actual requiere. Pensar en la política como se pensaba hace diez, veinte o más años sería un camino al precipicio.

El México político a partir del 2018 se debe entender como un trabajo de equipo que entiende que hay un futuro común y que guía a un líder, en este caso a uno que por décadas se encargó de recorrer al país, entender sus puntuales necesidades y que establece una perspectiva no de izquierda vs. derecha sino de conservadores (el pasado y las formas tradicionales de hacer política y que fomentaron la desigualdad, corrupción y barbarie) y progresistas (la realidad presente y la búsqueda de la forma de corregir las trampas establecidas en la economía y la justicia que reduzca la desigualdad social)

¿El final de los partidos? Sí, si pensamos en el modo tradicional de entenderlos.

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