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Estados Unidos, Fascismo

Fascismo en Estados Unidos: ¿Realidad o Exageración?

 Las cosas por su nombre, fascismo en ciernes. (Columna de enero de 2026)

Cuando se habla de los vocablos o expresiones en la ideología política; cuando se exagera en los enunciados de la confrontación política, surgen, muchas veces -de manera exagerada insisto- los términos fascismo, comunismo, libertarismo, liberalismo, progresismo, conservadurismo y un largo etcétera.

No hay términos absolutos, en su concepción hay elementos que se entremezclan de un lado al otro del espectro político, y, sobre todo, hay una trampa de lenguaje del que se abusa cada vez más. Díganme si no el uso que se le da a la palabra libertad o democracia por tan distintos signos políticos.

Hoy me quiero referir a uno de esos términos, fascismo.

Leo en muchos medios y escucho análisis que se refieren al gobierno de Estados Unidos como un país camino al fascismo o que su presidente reúne las características para denominarlo así.

No conviene a nadie utilizar términos si no se ajustan a un modelo con sustento histórico y sociológico. No confundamos la diferencia política o la oposición a ciertos temas, por ejemplo, si hay oposición al aborto legal o si se prefiere un estado confesional no deriva necesariamente en un fascismo. Pueden ser elementos de un estado fascista pero el entorno a revisar es mucho más amplio.

Podemos empezar hablando de lo que es el gobierno del Sr. Trump: Definitivamente, es, por lo menos, un régimen patrimonialista en el que el Estado es considerado su propiedad personal y de su familia, eso sí lo es. Esto es una “forma de gobernar”, fea sucia, repugnante inclusive, pero por sí sola no lo hace fascista. Aquí hablamos de un líder que se apropia de todo lo que está a su alcance -y permite que su familia y allegados lo hagan- pero no plantea una agenda específica de gobierno.

En contraste el fascismo es ideológico, agresivo y encarna violencia.

Sigamos para ver qué más hace ese gobierno.

Lo que inició como una propuesta de modelar un gobierno con una forma de gastar distinto, a lo largo de un año se ha ido convirtiendo en uno que exige para sí y toma o arrebata de manera ilimitada el poder, un poder que no pasa por urnas sino por decretos y medidas de coerción y chantaje hacia quienes no piensan como él.

El gobierno de Estados Unidos bajo el trumpismo, devino en pocos meses en un modelo de absoluta ideología expancionista y nacionalista; con lo primero se asegura territorios y recursos, con lo segundo se plantea la supremacía racial en la que considera que el “blanco” es el dueño del país y del mundo.

Y así nos vamos acercando a lo que es el fascismo.

En el origen de Estados Unidos, hace apenas unos 250 años, quienes se conocen como sus padres fundadores: Madison, Jefferson, Hamilton, Franklin, Washington, se refirieron a las virtudes de la agenda política que guiaría a su país, entre ellas: civilidad, tolerancia, espíritu cívico, paciencia, decencia y planteaban un no rotundo al resentimiento, miedo, arbitrariedad., glorificación de la violencia.

Más allá del análisis que se pueda hacer de ese país en su devenir, lo que también podemos decir del momento actual es que es un gobierno que glorifica la violencia, la tortura, el golpeteo, la pérdida de libertades. Los hechos ahí están, los asesinatos de civiles a cargo de ese gobierno, el maltrato y desprecio al opositor no son cosa de todos los días bajo la gobernanza patológica del Sr. Trump.

Así como la pérdida de la decencia y tolerancia, la reivindicación de la violencia no es anecdótica, es forma consustancial del fascismo. La deshumanización por raza, condición económica y de salud, son elementos claros de un modelo fascista.

En noviembre de este año hay elecciones de medio término en ese país, renuevan el congreso y un tercio del Senado, todo indica que el gobierno trumpista perdería la mayoría con que hoy cuenta. ¿Qué sigue? Obviamente la amenaza de impedir esas elecciones. Y no de palabra, sino en los hechos, ya se están moviendo los distritos electorales para dar preferencia a votantes “blancos y de derecha”. Este ataque a la democracia electoral es sustento del fascismo.

Las agresiones territoriales en el extranjero, los recientes hechos en Venezuela, las amenazas sobre Groenlandia, Cuba, Irán y quienes se le ocurra, no son más que medidas autoritarias que irrespetan las leyes internacionales y las alianzas que ese país había construido. Ese rompimiento y ese irrespeto al marco legal internacional, son elementos del fascismo.

Las medidas de coerción a través de la amenaza de aranceles, el alejamiento y ataque a los países de Europa y el acercamiento con gobiernos populistas como Argentina, El Salvador, Hungría y de todos los partidos políticos de extrema derecha del mundo, son clara señal del rumbo.

Los cambios en el modelo de ciudadanía para redefinir quién sí es ciudadano y quienes no reúne características de “pureza” acorde con la visión del que dice que ciudadano vale más qué otros es un camino a que tenganmos una definición de lo que representa este gobierno.

Hablar de los cristianos de alta valía frente a los inmigrantes (porque confunde términos también) de los shithole countries, países de mierda.

La toma de museos y centros culturales para quitar la memoria histórica que se refiere a la esclavitud.

El uso de mafias legalizadas para intimidar ciudadanos, ICE por ejemplo.

Cambiar todos estos modelos de relación social y de relación entre gobierno y ciudadanos, no solo es autoritario sino otro peldaño de lo que significa fascismo.

Cuando se acaba la negociación entre intereses facciones, y partidos; cuando se gobierna desde el apoyo de élites y no de sociedad y ciudadanos, la señal está dada.

El gobierno del Sr. Trump es un gobierno fascista.

¿Estados Unidos lo es? No, por lo menos no todavía, porque los estados, el poder Judicial y algunos medios aún tienen la capacidad, poca, de contrarrestar la usurpación a la que hoy está sometido el pueblo estadounidense. En los próximos meses veremos si tienen la fortaleza para aguantar el impacto al que someterán a la estructura electoral de ese país.

Por lo anterior, todos los datos indican que sí, que es un gobierno fascista y ese gobierno es nuestro vecino y principal socio comercial.

En México tenemos que preocuparnos porque el fascismo se esparce y se acompaña de ciudadanos que se alimentan y reúnen características como las que aquí he mencionado: racismo, clasismo, violencia, irrespeto a la ley, fraude electoral etc.

¿En quienes están pensando? Sí, en esos, de esos hay que cuidarnos.

Me preocupa que cualquier disparate de ese presidente, ya se asume con pasmosa facilidad, ni los gobiernos de Europa ni muchos de América han sabido poner un alto a lo que se está gestando.

No están las cosas para sutilezas así que hay que hablar y decir las cosas por su nombre.

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