AMLO, Desmemoria, Futuro, México, País, Periodistas, Política, Políticos mexicanos

Para leer a AMLO

“El que no tiene opinión propia, pero depende de la opinión y el gusto de los demás, es un esclavo”. 

Klopstock, poeta alemán.

La oposición tergiversa todo lo dicho por López Obrador respecto a prácticamente todos los temas, ¿por qué el lenguaje no es común para todos y así todos poder entender lo mismo más allá de estar de acuerdo o no?  Precisamente es por lo que implica el primer verbo que uso en este párrafo: tergiversar (dar una interpretación errónea o forzada de las palabras, en muchas ocasiones con voluntad de hacerlo).

La opinión pública se nutre de la información que recibe a través de los medios de comunicación, las redes sociales y el boca a boca. Hace no muchos años, sin redes sociales, lo que sabía la generalidad del público era aquello que los medios de comunicación decían, era muy difícil contrastarlo con otros datos. En México fueron largos años en que unas cuántas  empresas de comunicación controlaban y difundían la “verdad” que el gobierno en turno les indicaba o permitía.

Al triunfo de la 4T, han sucedido algunas cosas: aquellos medios de comunicación acompañados de multitud de comentaristas, analistas y columnistas han dejado de recibir “chayote” para decir lo que el gobierno quiera; las redes sociales invaden los espacios de información y llegan a cada vez más ciudadanos y, el gobierno lleva a cabo un ejercicio de comunicación todas las mañanas a donde acuden a cuestionar al Presidente cualquier periodista o medio de comunicación que lo desea.

La oposición ha encontrado en la desinformación y la mentira la forma de contrarrestar el flujo de esta información que se encuentra al alcance de casi cualquier persona, la forma en que lo hace es abusando del simplismo argumental para que sea fácilmente entendido por sus seguidores, por los malquerientes del gobierno y por quienes requieren oír frases fáciles que les den una “clara” idea de las cosas. Los opositores no quieren que se lea ni se escuche a AMLO.

Decir por ejemplo: “están dejando morir a los niños con cáncer por falta de medicinas” es de un facilismo vulgar cuando la realidad es que el desabasto de medicinas existe desde hace décadas, que se ha avanzado en su solución y que parte principal del problema es la enorme corrupción de las farmacéuticas que surtían al gobierno de estos medicamentos. Pero, esta explicación es larga, requiere el sustento documental, la información precisa y de fuentes fidedignas y hay muchas personas que prefieren quedarse con el dicho inicial y con la escenografía que les montan de vez en vez de “marchas” de padres de niños… sin saber que la mayoría de los que acuden son personas pagadas y sin razón de estar ahí.

Decir por ejemplo que el presidente “agravia a las clases medias al reclamarles su aspiracionismo”, suena fácil en un país en que hay una importante cantidad de personas de esa clase;  cuando la realidad de lo que se dijo en la explicación completa que está registrada en videos y documentos, López Obrador habla de lo manipulables que son muchas personas partidarias del régimen de corrupción, de privilegios y de salir adelante ganando como sea, sin escrúpulos morales. A esto es lo que se refiere ese aspiracionismo que no conviene a nadie pero que a la oposición le conviene usar a modo de crítica sustantiva a la clase media. No, el presidente no dijo eso, él habló de un tema de fraternidad  mientras daba una cátedra de ética y humanismo; y el discurso de sus odiadores lo convirtió en un mensaje en contra de una gran parte de la sociedad.

Hay una fábula antigua de China de Jiang Ji que dice: Había una vez dos hombres que discutían a propósito de la fisonomía del rey. – ¡Qué bello es! – decía uno. – ¡Qué feo es! – decía el otro. Después de una larga y vana discusión, se dijeron el uno al otro: – ¡Pidámosle la opinión a un tercero y usted verá que yo tengo razón!

 La fisonomía del rey era como era y nada podía cambiarla; sin embargo, uno veía a su soberano bajo un aspecto ventajoso y el otro, todo lo contrario. No era por el placer de contradecirse que sostenían opiniones diferentes, sino porque cada cual lo veía a su manera.

La fisonomía de las personas, la belleza en su amplitud, es un asunto de opinión; la realidad política, los hechos, los datos NO. Estos pueden no gustar, ser criticados, incluso detestados, confrontados con otras mediciones, argumentados, pero no manoseados a manera de juicio o valoración. Los datos son los datos, los hechos son los hechos.

El presidente utiliza un amplio lenguaje muy cercano a la mayoría de la población, conoce a los ciudadanos y sabe cómo comunicarse con ellos, quien le escucha le entiende perfectamente. La diferencia de opinión está cuando hay un filtro que pasa por aquellos comunicadores y medios dolidos por la pérdida de privilegios económicos y que a como dé lugar hablan mal, mienten y falsean la información real con estos argumentos breves y sintéticos pero alejados de la verdad.

¿Y cómo se comporta la opinión pública? Hay varios tipos, uno de ellos es el que se decanta por ciertos periodistas y medios tradicionales y lo que ellos digan es la única verdad, se acostumbraron al facilismo de no tener que pensar, si les dicen que no hay vacunas, no hay vacunas (aunque las haya y ya estén vacunados); si les dicen que los hijos del presidente tienen Lamborghini, los tienen; si les dicen que los presidentes anteriores no saquearon al país, no lo saquearon; si les dicen que el presidente es dictador, es dictador y  así cualquier cosa; tan solo repiten lo que escuchan de esas vacas sagradas a quienes siguen.

Otra parte de la opinión pública se rige por aquello que confrontaba Napoleón I, “No hay que temer a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que tienen otra opinión pero son demasiado cobardes para manifestarla”, son los que callan y ven pasar; se acomodan al momento y circunstancia para quedar bien con cualquiera, a veces a través de su silencio.

Y otra parte del público, bajo el planteamiento de que “su opinión no es la realidad” evita escuchar a los comunicadores tradicionales que por décadas ocultaron la verdad del país; se informan con datos y con la información directa de las fuentes, comparan peras con peras y manzanas con manzanas y entienden la historia del país, la gravedad de sus problemas y se permiten tener argumentos más consistentes y elaborados en vez de frases hechas.

En resumen, para leer a AMLO lo único que se requiere es tener ojos bien abiertos, no tener mala leche, querer al país y tener conciencia del pasado reciente; no hace falta saber de física cuántica ni  tener un manual para dejar de ser manipulados, tan solo hace falta tener buena voluntad.

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Las sinfonolas

“Una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico.”

Joseph Pulitzer

Desconozco si cuando Thomas Alva Edison inventó el fonógrafo pensó que 12 años después el empresario Louis Glass  le adaptaría un aditamento con ranura que recibiera monedas (las sinfonolas o rockolas) e hiciera que tocara la selección musical elegida por el pagador. Y así es como tan maravilloso invento se convirtió en la máquina que toca la música que quieres si le pones monedas.

Ante el avance de los medios digitales para escuchar música, hoy en día las Sinfonolas son escasas reliquias, tal vez algún fabricante existe aún pero definitivamente ya son difíciles de encontrar en cafeterías y restaurantes como antaño.

En México sí tenemos sinfonolas, desde hace décadas hemos convivido con ellas; distintas a las de Edison y de Glass pero coinciden conceptualmente en lo fundamental: que si se les echa monedas tocan lo que uno quiere; me refiero a la mayoría de la tradicional prensa mexicana: periodistas, columnistas, abajofirmantes, presentadores de noticias y youtuberos e influencers.

Cuenta Enrique Serna en su libro “El vendedor de silencios” cómo funcionaba desde el periodo posrevolucionario el pago a los periodistas para que dijeran lo que los políticos querían que se dijera o lo que querían que NO dijeran. Y Serna se detiene en Carlos Denegri, aquél periodista de Excélsior que hizo del “chayote” el epítome del modus vivendi de muchos periodistas mexicanos desde la primera mitad del siglo pasado. De él, el gran Julio Scherer dijo: “Es el mejor y el más vil de los periodistas”

Esa escuela de Denegri que siguieron y siguen tantos otros comunicadores se rige por el principio de la sinfonola, los gobiernos, funcionarios o políticos les echan monedas y estos dicen o dejan de decir lo que se les solicite.

Recordemos que está documentado, es decir que no es de oídas o de que creo o que me contaron, que en el sexenio de Peña Nieto decenas de periodistas e intelectuales recibieron enormes cantidades de dinero, sin razón alguna porque cada uno de ellos trabajaba en algún medio privado, entre otros: López Doriga más de $251 millones, Enrique Krause más de $144 millones, Oscar Mario Beteta más de $74 millones, Beatriz Pagés más de $57, Federico Arreola más de $53, “Callo de Hacha” más de $43, Raymundo Rivapalacio más de $31, Ricardo Alemán más de $25, Adela Micha más de $24, y así Luis Soto, Pablo Hiriart, Jorge Fernández Menéndez, Rafael Cardona, Guillermo Ochoa, Francisco Cárdenas, Eduardo Ruiz Healy, Martha Debayle etcétera, la lista es larga y cuantiosa; se calcula que el sexenio del priista Peña gastó en publicidad más de 60 mil millones de pesos, ¡algo sin precedente! en cuanto a monto pero nada distinto a los esquemas seguidos por el PAN y PRI en todos sus sexenios. ¿Será esta la explicación de por qué estos mismos periodistas y los medios en los que trabajan están tan enojados? Ya nadie les echa monedas, el bolsillo de estas sinfonolas se secó por parte del gobierno de López Obrador.

Y ahora en la búsqueda de la “chuleta”, a la que aun siendo ya tan adinerados se niegan dejar de perseguir, se acercan a los gobiernos locales panistas perredistas y priistas, a empresarios y grupos de interés para que les mantengan esa forma de trabajo, estos han entendido que estos comunicadores e intelectuales son fácilmente comprados y guían su contratación bajo el lema: “Con dinero baila el perro”. Y pues como hasta en los perros hay razas, unos cobran más que otros.

Estos sinfonolas a los que me refiero dicen lo que le conviene a estas personas y grupos que digan, son mercenarios de la pluma y la palabra.

La razón de que sea menos importante su actuar es que actualmente la información en las redes sociales permite identificar rápidamente cuando ésta es falsa, sesgada o atiende a intereses personales o de grupos en contra del presidente López Obrador y el movimiento 4T. El hecho de que crean (o hagan creer a sus patrones) que la opinión pública se rige por lo que ellos dicen es con el fin de seguir enriqueciéndose a costa de ordeñar los bolsillos de quienes les manda, pero no porque realmente incidan en la sociedad, tan solo en la masa acrítica y conservadora que les sigue. Ya no, la diversidad en las redes sociales, la mayor conciencia social, la inmediatez de compartir datos o sucesos en los teléfonos celulares hacen que se diluya la importancia que tuvo su forma de actuar.

El dato que deberían revisar estas sinfonolas es el que les dice que a pesar de todos sus esfuerzos de comunicación sumados para intentar destruir al presidente, a los miembros de su gobierno y a las políticas y proyectos en curso, la mayoría de la gente al interior del país mantiene y acrecienta su apoyo a la 4T; les debe frustrar saber que es porque ya no se cree en lo que ellos digan sino que la información deriva de la realidad y de los datos que de manera transversal permean en el tejido social. Y al exterior el que el presidente López Obrador haya sido considerado por la consultora internacional Morning Consult Political Intelligence como el presidente de mejor desempeño entre los presidentes de las economías más importantes entre ellos: Merkel, Biden, Trudeau, Modi, Draghi y Bolsonaro; les debe hacer patente la insignificancia a la que llegaron sus voces.

Decía hace más de 80 años el famoso político alemán Otto von Bismarck: “La Prensa no es la opinión pública”, décadas después estos sinfonolos y sinfonolas hacen como que no se han enterado.

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Yo te censuro, tú me censuras, he censors us

El que calla y obedece, se jode dos veces. (Refrán popular)

En el gobierno actual, el presidente López Obrador conociendo de la historia de los medios en el país, asumiendo la decisión de no continuar con la tradición de pagar a la prensa vía chayote o embute y sabiendo de la animadversión de la mayor parte de esta por no continuar recibiendo los dineros a que se habían acostumbrado, optó por dar una conferencia pública todas las mañanas, tal y como lo hizo cuando fue jefe de gobierno, a esta conferencia pueden asistir todos los medios que lo desean y pueden preguntar el tema que quieran. Tal ejercicio de comunicación directa tiene dos efectos, el primero es que por las mañanas el gobierno marca la agenda del día, de lo que ahí se dice los periódicos y comunicadores acaban refiriéndose; el segundo es que se vuelve intrascendente el mensaje opositor con datos falsos y versiones inexistentes de los hechos; saben que el dato duro de gobierno lo tendrán a más tardar al día siguiente.

10 de octubre de 1968, Tlatelolco. La bárbara matanza de estudiantes a manos del gobierno priista encabezado por el presidente Diaz Ordaz se reflejó en los encabezados de los periódicos del día siguiente como: “Responden con violencia al cordial llamado del Estado. El gobierno abrió las puertas del diálogo”, “Balacera entre francotiradores y el ejército”, “Francotiradores dispararon contra el ejército: el general Toledo lesionado”, “Recio combate al dispersar el ejército un mitin de huelguistas”, “Tlatelolco, campo de batalla” y así por el estilo cada uno de los medios de información escritos, de radio y de televisión.

Ese unísono de “línea” se dictaba desde las oficinas del secretario de gobernación Luis Echeverría (a quién por cierto a sus 99 años el diablo aún no quiere llevarse). En México pocos se sorprendían en ese entonces porque a ese mecanismo de cooptación de la línea editorial de los medios mexicanos  se llegó de manera sistematizada y paulatina a lo largo de la historia de por lo menos los 80 años anteriores, era la costumbre. La red de complicidades, entendimientos y sumisión de los dueños de los medios de comunicación al poder es parte de una larga historia que se encuentra bien documentada y que no es el caso de extender aquí. Valga decir que hasta 1968 los medios, con honrosas y escasas excepciones, decían lo que el gobierno quería y permitía que se dijera, se autocensuraban a  complacencia de quien les beneficiaba con dinero y prerrogativas (entre otras tener beneficio al papel para imprimir sus medios y que era producido y controlado por una de las empresas del estado)

El 68 fue un parteaguas, sin ese momento no se explicaría el golpe a Excélsior algunos años después, la creación del Uno más Uno, Proceso, La Jornada; estos y otros medios que se permitieron “enfrentar al poder” alejándose de la censura que se les imponía.  Sin duda la historia de la libertad de prensa en México es una que se ha construido arrebatándole espacios a los gobiernos en turno.

Muchos años después, y solo por mencionar algunas “censuras” a cargo del gobierno aunque instrumentadas por las empresas de medios particulares, recordamos las expulsiones de periodistas como Gutiérrez Vivo y Carmen Aristegui de sus programas, el primero en el gobierno panista del sr. Calderón y esta última ya por órdenes expresas delgobierno de Peña Nieto tras que a este y a su mujer les fue descubierta la famosa” casa blanca” pagada por un contratista de gobierno.

Todo esto que aquí menciono habla de la censura informativa del estado, es censura autoritaria, fácilmente identificable por ser autócrata. Afortunadamente en México a pesar de estos tropiezos, la libertad de prensa y de expresión avanza.

Pero, siempre hay un pero, hay otra censura, esta es más de una idea neoliberal que confunde libertad de prensa con libertad de empresa. Esta forma de comunicar que evita el análisis y la reflexión de los asuntos importantes para ubicarlos en la disyuntiva de estatización/ privatización, y que promueve la comercialización de todo cuanto exista y la masificación de la idea única como la aceptable ante una opinión pública que no tiene las formas, mucho menos los recursos, para su libre expresión.

Las redes sociales surgieron como una necesidad de expresión, una forma generalizada de poder expresar ideas sin pasar por el filtro de los medios tradicionales, en principio se suponía que con algunas reglas básicas iguales para todos, y todos es todos.

Sin embargo, estas redes sociales tienen dueños, son empresas trasnacionales con accionistas con nombre y apellido. Desde los tiempos en que se inventó la imprenta, nunca antes se había visto que los gobiernos estén siendo puestos en cuestión y enfrenten a una competencia que se asume como dictatorial y que promueve la desinformación al dar y quitar la voz a quién considera tiene derecho a tenerla.

Hace pocos días y previo a la salida del presidente Trump, las más importantes empresas dueñas de redes sociales, decidieron bloquearle de su uso, su justificación, válida o no, es que no convenía al momento histórico/administrativo que se vivía en Estados Unidos, consideraron que no debería permitírsele su expresión en sus medios. No porque el gobierno lo censurara, no porque un juez lo censurara, sino porque una empresa privada decidía qué es lo que los ciudadanos debían escuchar y qué no.

Esta posición de empresa como dueña y decisora de la información que se transmite, es una idea conservadora, neoliberal ad extrema y que conlleva que el que pague los servicios de la empresa es quién decide la comunicación o, lo que es aún más grave,  que la empresa por sí sea quién maneja y autoriza el “mensaje” a su conveniencia. Esto me parece gravísimo y que es de muy corta mira el no ver el conflicto que ocasiona para la libertad de expresión.

La condición humana puede ser muy desvergonzada. Hay grupos de interés a quienes les aterrorizan los cambios sociales, no aceptan las transformaciones de género, jerarquía y clase social y para lograr que no cambie el statu quo requieren controlar la comunicación, controlar el mensaje.

Volviendo a las conferencias presidenciales, las mañaneras: este acto de comunicación, de libertad de expresión absoluta por parte del presidente, enfrentado a medios a quienes no les queda más que saber que mientras así sean estas ruedas de prensa no tendrán forma de obtener pagos indebidos, y de periodistas que al acabárseles la fuente de ingresos prefieren pedir que se suspendan, sí los mismos grupos de periodistas y medios pidiendo se censure la voz del presidente. Usan a los partidos opositores para que les apoyen en su gritería, estos partidos a su vez al no haber creado una relatoría que les apoye en las siguientes elecciones optan también porque se supriman; y el juez electoral, el INE, ese árbitro que dejó de serlo también lo propone.

Los medios, los partidos, el INE y otros sectores sociales ligados con la oposición y la extrema derecha quieren censurar al presidente.

La empresas trasnacionales de redes sociales pueden hacer lo mismo porque no hay legislación que les contenga, al tomar partido bloqueando voces a favor de una posición política a manera de “el que paga manda” atentan contra la libertad de expresión lograda y plasmada en el 6 y 7 constitucionales; esa dualidad de libertad de empresa vs libertad de prensa será el tema de aquí a las elecciones del 2021 y después las del 2024.   Los opositores que hoy se sienten muy contentos con estos atentados a las libertades son de miras cortas, muy cortas.

Se le atribuye a Voltaire una frase, posiblemente no la dijo pero podría haberlo hecho de acuerdo a su línea de pensamiento: “Desapruebo lo que dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo”

Se tiene que regular, si alguien tiene duda que sea un juez quién diga qué se puede decir o no de acuerdo a la constitución y no los grupos de poder o las empresas trasnacionales.

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Estampas del poder

Le están jalando un huevo al león, no lo vayan a despertar. (Refrán popular)

I.-

Don Julio Scherer, fundador de Proceso, decía de él: “el mejor y el más vil de los reporteros”; se refería a Carlos Denegri (contado en el fabuloso libro de investigación de Enrique Serna: “El vendedor de silencio”). Hace medio siglo Denegri, impulsado por los expresidentes López Mateos y Díaz Ordaz se convirtió en ese tipo de periodista que mezcla su labor de informar con el chantaje, la difamación, la venta de alabanzas y el silencio a cambio de extorsión económica. El tipo de periodistas que encuentran riqueza, poco entendible en su profesión, en el exceso de lujos en que viven de la noche a la mañana, casas, yates, propiedades en el extranjero, empresas, acciones y demás bienes que de repente les aparecen.

Se sabe que Denegri compraba al periódico EXCELSIOR una plana por cincuenta mil pesos (de aquél tiempo) para revender ese espacio con sus columnas que les vendía a políticos, les cobraba según lo que quisieran que dijera o contara y a quienes no querían pagar sus servicios los forzaba publicando sus historias negativas, bien fueran ciertas o falsas, escribir realidad o difamación no hacía distinción, se pagaba porque se pagaba.

Este hombre es quién instituyó “el chayote”, esa práctica que consiste en que políticos y gobernantes paguen a medios y periodistas para que publiquen lo que les convenga, inventen noticias, difamen al adversario o hagan campañas para afectar al oponente político.  La historia del nombre del chayote es esta que cuenta Elías Chávez en su libro Los presidentes: “Mientras el presidente Díaz Ordaz pronunciaba un día de 1966 el discurso inaugural de un sistema de riego en el estado de Tlaxcala, entre los reporteros corría la voz: ¿ves aquel chayote? Están echándole agua. Ve allá”. Resultaba que, atrás de la planta, un representante de presidencia repartía el soborno. Desde entonces, su entrega se convirtió en un secreto a voces, con reporteros que representaban un cúmulo cada vez mayor.

II.-

El año pasado, el 2019, Presidencia divulgó una lista (que con el paso del tiempo ha sido confirmada por todas las partes) de los pagos que en el sexenio del presidente Peña Nieto se hizo a periodistas y comunicadores, dinero que recibieron del gobierno, independiente a lo que les hayan pagado las empresas en donde trabajaban y que no es motivo de este artículo. Dinero para hablar de tal o cual cosa, evitar hablar de otra, ensalzar personalidades de algunos políticos y denostar y atacar a otros.

Sorpresas (para quienes no se enteran y aún creen en Santa Claus):

Encabezando la lista, Joaquín Lopez Dóriga: 251 millones de pesos (se llevó casi la cuarta parte de los que se repartió).

También: Federico Arreola con 153 millones, Enrique Krauze (sí, el mismísimo intelectual de intelectuales, gurú del neoliberalismo e ideólogo del conservadurismo) con 144 millones, Óscar Mario Beteta con 74 millones, Beatriz Pagés con 57 millones, “Callo de Hacha” (aunque usted no lo crea) con 47 millones, Ricardo Alemán con 25 millones y Adela Micha con 24.  La lista es larga pero aquí la dejamos, baste aclarar que estos son los pagos solo del gobierno federal (no de gobiernos estatales ni empresas) y solo también del sexenio peñanietista; en ejercicios previos se ha documentado que en sexenios anteriores algunos de los mismos nombres aparecen también como beneficiados con el chayote de turno. Millones y millones que reciben los periodistas que aparecen en las pantallas y columnas de medios y que alimentan la “opinión pública” de miles y miles de tontos útiles que les creen y consideran veraces.

Hoy ya no se paga, no hay partida para hacerlo. ¿Ya vamos captando por donde va la cosa?

III.-

Hace 15 años Genaro García Luna, el exsecretario de seguridad de Felipe Calderón,  detenido en Nueva York y acusado de mil cosas, entre ellas narcotráfico y delincuencia organizada organizó un montaje televisivo en donde supuestamente se rescataba a tres secuestrados a manos de un grupo delincuencial llamado los “Zodiacos”. Montaje a cargo de su colaborador Luis Cárdenas Palomino, acusado de tortura y hoy huyendo de la justicia, y del reconocido periodista, informador veraz, locutor estrella de televisa (dedúzcase la ironía), Carlos Loret de Mola. Ese show montado ocasionó un conflicto con el gobierno francés porque había una ciudadana francesa entre los “supuestos” secuestradores; la historia es larga pero la Suprema Corte determinó que ante la falsedad de la detención Florence Cassez debería ser liberada de inmediato y que hoy a 15 años aún esté en la cárcel, sin sentencia, uno de sus coacusados, entre otras cosas por la dilación (por años puso pretextos) de Loret de Mola en presentarse a declarar sobre los hechos.

Este Loret también es conocido por falsear la historia al contratar un tanque de guerra ruso para que disparara justo cuando él transmitía en televisión en vivo y pareciera que estaba en una “peligrosa” zona de guerra en Afganistán, o por su invención de la niña Frida Sofía en el rescate del colegio Rebsamen después del terremoto del 2017.

Hoy Loret de Mola vive en Estados Unidos patrocinado por una empresa de un socio-amigo-compadre-pantalla del gobernador de Michoacán Silvano Aureoles (quién se candidatea para ser candidato presidencial). Loret se dice perseguido político y su tiempo y trabajo los dedica un día sí y el otro también, acompañado de un payaso-periodista-misógino-machista  a atacar al presidente López Obrador.

Para muchos es un periodista con credibilidad…, así les contaron la historia.

Y IV.-

Los periodistas que sobreviven rechazando y acusando los elogios y obsequios del poder, a la estelaridad de los mejores horarios para sus programas y espacios en los medios; se convierten de manera  natural en líderes y su trabajo alcanza solidez y credibilidad (caso Carmen Aristegui y algunos otros); los chayoteros como los arriba mencionados, devienen en simples propagandistas del gobierno en turno. Algunos sobreviven en la cima del poder por varios sexenios, son tapetes transexenales.

Montesquieu hablaba y definió los 3 poderes del estado: legislativo, ejecutivo y judicial. Algunos otros teóricos ponen un cuarto poder: el periodismo. Desde el periodismo se informa y se critica, pero también se ataca y se miente.

Ya estamos grandecitos para poder identificar la verdad de la mentira más allá de las simpatías políticas del momento y es factible identificar las plumas mercenarias que pululan en medios y que golpean una y otra vez al gobierno que no les paga por sus extorsiones.

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