Estampas del poder

Le están jalando un huevo al león, no lo vayan a despertar. (Refrán popular)

I.-

Don Julio Scherer, fundador de Proceso, decía de él: “el mejor y el más vil de los reporteros”; se refería a Carlos Denegri (contado en el fabuloso libro de investigación de Enrique Serna: “El vendedor de silencio”). Hace medio siglo Denegri, impulsado por los expresidentes López Mateos y Díaz Ordaz se convirtió en ese tipo de periodista que mezcla su labor de informar con el chantaje, la difamación, la venta de alabanzas y el silencio a cambio de extorsión económica. El tipo de periodistas que encuentran riqueza, poco entendible en su profesión, en el exceso de lujos en que viven de la noche a la mañana, casas, yates, propiedades en el extranjero, empresas, acciones y demás bienes que de repente les aparecen.

Se sabe que Denegri compraba al periódico EXCELSIOR una plana por cincuenta mil pesos (de aquél tiempo) para revender ese espacio con sus columnas que les vendía a políticos, les cobraba según lo que quisieran que dijera o contara y a quienes no querían pagar sus servicios los forzaba publicando sus historias negativas, bien fueran ciertas o falsas, escribir realidad o difamación no hacía distinción, se pagaba porque se pagaba.

Este hombre es quién instituyó “el chayote”, esa práctica que consiste en que políticos y gobernantes paguen a medios y periodistas para que publiquen lo que les convenga, inventen noticias, difamen al adversario o hagan campañas para afectar al oponente político.  La historia del nombre del chayote es esta que cuenta Elías Chávez en su libro Los presidentes: “Mientras el presidente Díaz Ordaz pronunciaba un día de 1966 el discurso inaugural de un sistema de riego en el estado de Tlaxcala, entre los reporteros corría la voz: ¿ves aquel chayote? Están echándole agua. Ve allá”. Resultaba que, atrás de la planta, un representante de presidencia repartía el soborno. Desde entonces, su entrega se convirtió en un secreto a voces, con reporteros que representaban un cúmulo cada vez mayor.

II.-

El año pasado, el 2019, Presidencia divulgó una lista (que con el paso del tiempo ha sido confirmada por todas las partes) de los pagos que en el sexenio del presidente Peña Nieto se hizo a periodistas y comunicadores, dinero que recibieron del gobierno, independiente a lo que les hayan pagado las empresas en donde trabajaban y que no es motivo de este artículo. Dinero para hablar de tal o cual cosa, evitar hablar de otra, ensalzar personalidades de algunos políticos y denostar y atacar a otros.

Sorpresas (para quienes no se enteran y aún creen en Santa Claus):

Encabezando la lista, Joaquín Lopez Dóriga: 251 millones de pesos (se llevó casi la cuarta parte de los que se repartió).

También: Federico Arreola con 153 millones, Enrique Krauze (sí, el mismísimo intelectual de intelectuales, gurú del neoliberalismo e ideólogo del conservadurismo) con 144 millones, Óscar Mario Beteta con 74 millones, Beatriz Pagés con 57 millones, “Callo de Hacha” (aunque usted no lo crea) con 47 millones, Ricardo Alemán con 25 millones y Adela Micha con 24.  La lista es larga pero aquí la dejamos, baste aclarar que estos son los pagos solo del gobierno federal (no de gobiernos estatales ni empresas) y solo también del sexenio peñanietista; en ejercicios previos se ha documentado que en sexenios anteriores algunos de los mismos nombres aparecen también como beneficiados con el chayote de turno. Millones y millones que reciben los periodistas que aparecen en las pantallas y columnas de medios y que alimentan la “opinión pública” de miles y miles de tontos útiles que les creen y consideran veraces.

Hoy ya no se paga, no hay partida para hacerlo. ¿Ya vamos captando por donde va la cosa?

III.-

Hace 15 años Genaro García Luna, el exsecretario de seguridad de Felipe Calderón,  detenido en Nueva York y acusado de mil cosas, entre ellas narcotráfico y delincuencia organizada organizó un montaje televisivo en donde supuestamente se rescataba a tres secuestrados a manos de un grupo delincuencial llamado los “Zodiacos”. Montaje a cargo de su colaborador Luis Cárdenas Palomino, acusado de tortura y hoy huyendo de la justicia, y del reconocido periodista, informador veraz, locutor estrella de televisa (dedúzcase la ironía), Carlos Loret de Mola. Ese show montado ocasionó un conflicto con el gobierno francés porque había una ciudadana francesa entre los “supuestos” secuestradores; la historia es larga pero la Suprema Corte determinó que ante la falsedad de la detención Florence Cassez debería ser liberada de inmediato y que hoy a 15 años aún esté en la cárcel, sin sentencia, uno de sus coacusados, entre otras cosas por la dilación (por años puso pretextos) de Loret de Mola en presentarse a declarar sobre los hechos.

Este Loret también es conocido por falsear la historia al contratar un tanque de guerra ruso para que disparara justo cuando él transmitía en televisión en vivo y pareciera que estaba en una “peligrosa” zona de guerra en Afganistán, o por su invención de la niña Frida Sofía en el rescate del colegio Rebsamen después del terremoto del 2017.

Hoy Loret de Mola vive en Estados Unidos patrocinado por una empresa de un socio-amigo-compadre-pantalla del gobernador de Michoacán Silvano Aureoles (quién se candidatea para ser candidato presidencial). Loret se dice perseguido político y su tiempo y trabajo los dedica un día sí y el otro también, acompañado de un payaso-periodista-misógino-machista  a atacar al presidente López Obrador.

Para muchos es un periodista con credibilidad…, así les contaron la historia.

Y IV.-

Los periodistas que sobreviven rechazando y acusando los elogios y obsequios del poder, a la estelaridad de los mejores horarios para sus programas y espacios en los medios; se convierten de manera  natural en líderes y su trabajo alcanza solidez y credibilidad (caso Carmen Aristegui y algunos otros); los chayoteros como los arriba mencionados, devienen en simples propagandistas del gobierno en turno. Algunos sobreviven en la cima del poder por varios sexenios, son tapetes transexenales.

Montesquieu hablaba y definió los 3 poderes del estado: legislativo, ejecutivo y judicial. Algunos otros teóricos ponen un cuarto poder: el periodismo. Desde el periodismo se informa y se critica, pero también se ataca y se miente.

Ya estamos grandecitos para poder identificar la verdad de la mentira más allá de las simpatías políticas del momento y es factible identificar las plumas mercenarias que pululan en medios y que golpean una y otra vez al gobierno que no les paga por sus extorsiones.

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