4T, AMLO, Censura, Desmemoria, Futuro, México, País, Traiciones políticas

Ustedes, los abajo firmantes

Ustedes, quienes en medio de su palabrería hueca bien cubierta de tecnicismos y legalismos que encajan palabra a palabra en lo “correctamente político” se atribuyen el derecho a guiar las funciones de un gobierno por el que no votaron y que no les debe nada.

Ustedes, las plumas pagadas de tinta desgastada que se diluye letra tras letra en su repetido discurso; ustedes los que cuando se les necesitó no estuvieron, cuando la tragedia del país les pasó por sus ojos y prefirieron buscar sus becas y publicaciones. Ustedes, que al tiempo que los recursos del país se regalaban a propios y extraños, prefirieron ser ciegos si el reparto de prebendas y representaciones culturales les llenaba los bolsillos.

Ustedes que en 30 años de neoliberalismo silenciaron sus voces, que se acomodaron a ser los perros falderos del ágora siempre y cuando se les asegurara sus éxitos profesionales, su próximo seminario, su siguiente participación en algún programa de discusión, su inclusión en alguna lista de acompañantes de suntuosos viajes presidenciales o la adquisición por miles y decenas de miles de sus revistas, libros y colaboraciones que publicaran.

Ustedes, los que por 30 años nos mintieron con su silencio, hoy son convenientes abajo firmantes.

Ustedes, que por 30 años no vieron partidas secretas, fideicomisos inexplicables, pensiones vitalicias, avión imperial, chayote a por mayor, condonaciones de impuestos, creciente desigualdad, violencia que se extendía por todas partes; al tiempo que ustedes solo veían modernidad, inclusión en el mundo, membresías exclusivas y alabanzas de quienes nos endeudaban y compraban a pedazos la industria energética, ustedes que aplaudieron la rapiña del Fobaproa que acabará pagando nuestros nietos.

Ustedes los engañabobos que solo entre sí mismos aplauden sus ideas, que al “sí señor” se volvieron oportunistas del lenguaje; que en párrafos y párrafos arroparon a los desnudos emperadores mientras el país naufragaba en sangre, sí ustedes:

Después de su deconstrucción como tapetes del poder en el periodo neoliberal, ustedes, los mismos de siempre, ahora en su papel de abajo firmar todo lo que se oponga al gobierno del presidente López Obrador.

Con los recursos, que parecen inagotables, de empresarios, partidos y mafias, son la punta de lanza “intelectual” que antagoniza con el proyecto 4T. En un puesto o en otro, en una organización u otra, un think tank u otro, son los encargados de redactar algo que sustente de vez en vez lo que sus patrones quieren decir y así hacer parecer que ¡600 abajo firmantes!, ¡2500 abajo firmantes!, siempre bien acompañados de algún actor relumbrante (de preferencia que viva en Estados Unidos), piensan sobre las decisiones que se toman hoy en el país. ¡Mejor cuidar beca que país!

Han firmado de todo, porque además son especialistas en todo, y si no tienen a la coparmex que les cubra esa parte, y si no tienen al Sr. X que les truene los dedos y les diga para dónde sopla el viento; así hoy son abajo firmantes en contra de La Guardia Nacional y del aeropuerto de Santa Lucía, como antes lo fueron del desplegado que decía que no hubo fraude en la elección del 2006, también de uno en que piden respeto a la autonomía del INE, o uno en julio del año pasado que llamaron “Contra la deriva autoritaria y por la defensa de la democracia”, en el que, proponen a todos los partidos de oposición unirse contra Morena para “corregir el rumbo y recuperar el pluralismo político y el equilibrio de poderes que caracterizan a la democracia constitucional”. Pero también aquel de “Esto tiene que parar, En defensa de la libertad de expresión” del año pasado etc.

Tienen larga historia, mismo patrón, mismos apellidos firmantes, Krauze, Camín, Casar, Reyes Heroles, Bartra, González, Cárdenas, Torres Landa, Molano, Morera, Wallace, Alazraki, Castañeda, Dresser, Aguilar, Pardinas, Zavala, García Bernal etc.

Es lo que hay, la avanzada “intelectual” del país, agachada y servil ante el poder económico; perdieron la perspectiva humana a cambio de dinero y reconocimientos, hoy son esta gentuza que determina lo que es importante y lo que no, actuando de embudo ante ciertas agendas y ocultando otras.

Van de salida.

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Las sinfonolas

“Una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico.”

Joseph Pulitzer

Desconozco si cuando Thomas Alva Edison inventó el fonógrafo pensó que 12 años después el empresario Louis Glass  le adaptaría un aditamento con ranura que recibiera monedas (las sinfonolas o rockolas) e hiciera que tocara la selección musical elegida por el pagador. Y así es como tan maravilloso invento se convirtió en la máquina que toca la música que quieres si le pones monedas.

Ante el avance de los medios digitales para escuchar música, hoy en día las Sinfonolas son escasas reliquias, tal vez algún fabricante existe aún pero definitivamente ya son difíciles de encontrar en cafeterías y restaurantes como antaño.

En México sí tenemos sinfonolas, desde hace décadas hemos convivido con ellas; distintas a las de Edison y de Glass pero coinciden conceptualmente en lo fundamental: que si se les echa monedas tocan lo que uno quiere; me refiero a la mayoría de la tradicional prensa mexicana: periodistas, columnistas, abajofirmantes, presentadores de noticias y youtuberos e influencers.

Cuenta Enrique Serna en su libro “El vendedor de silencios” cómo funcionaba desde el periodo posrevolucionario el pago a los periodistas para que dijeran lo que los políticos querían que se dijera o lo que querían que NO dijeran. Y Serna se detiene en Carlos Denegri, aquél periodista de Excélsior que hizo del “chayote” el epítome del modus vivendi de muchos periodistas mexicanos desde la primera mitad del siglo pasado. De él, el gran Julio Scherer dijo: “Es el mejor y el más vil de los periodistas”

Esa escuela de Denegri que siguieron y siguen tantos otros comunicadores se rige por el principio de la sinfonola, los gobiernos, funcionarios o políticos les echan monedas y estos dicen o dejan de decir lo que se les solicite.

Recordemos que está documentado, es decir que no es de oídas o de que creo o que me contaron, que en el sexenio de Peña Nieto decenas de periodistas e intelectuales recibieron enormes cantidades de dinero, sin razón alguna porque cada uno de ellos trabajaba en algún medio privado, entre otros: López Doriga más de $251 millones, Enrique Krause más de $144 millones, Oscar Mario Beteta más de $74 millones, Beatriz Pagés más de $57, Federico Arreola más de $53, “Callo de Hacha” más de $43, Raymundo Rivapalacio más de $31, Ricardo Alemán más de $25, Adela Micha más de $24, y así Luis Soto, Pablo Hiriart, Jorge Fernández Menéndez, Rafael Cardona, Guillermo Ochoa, Francisco Cárdenas, Eduardo Ruiz Healy, Martha Debayle etcétera, la lista es larga y cuantiosa; se calcula que el sexenio del priista Peña gastó en publicidad más de 60 mil millones de pesos, ¡algo sin precedente! en cuanto a monto pero nada distinto a los esquemas seguidos por el PAN y PRI en todos sus sexenios. ¿Será esta la explicación de por qué estos mismos periodistas y los medios en los que trabajan están tan enojados? Ya nadie les echa monedas, el bolsillo de estas sinfonolas se secó por parte del gobierno de López Obrador.

Y ahora en la búsqueda de la “chuleta”, a la que aun siendo ya tan adinerados se niegan dejar de perseguir, se acercan a los gobiernos locales panistas perredistas y priistas, a empresarios y grupos de interés para que les mantengan esa forma de trabajo, estos han entendido que estos comunicadores e intelectuales son fácilmente comprados y guían su contratación bajo el lema: “Con dinero baila el perro”. Y pues como hasta en los perros hay razas, unos cobran más que otros.

Estos sinfonolas a los que me refiero dicen lo que le conviene a estas personas y grupos que digan, son mercenarios de la pluma y la palabra.

La razón de que sea menos importante su actuar es que actualmente la información en las redes sociales permite identificar rápidamente cuando ésta es falsa, sesgada o atiende a intereses personales o de grupos en contra del presidente López Obrador y el movimiento 4T. El hecho de que crean (o hagan creer a sus patrones) que la opinión pública se rige por lo que ellos dicen es con el fin de seguir enriqueciéndose a costa de ordeñar los bolsillos de quienes les manda, pero no porque realmente incidan en la sociedad, tan solo en la masa acrítica y conservadora que les sigue. Ya no, la diversidad en las redes sociales, la mayor conciencia social, la inmediatez de compartir datos o sucesos en los teléfonos celulares hacen que se diluya la importancia que tuvo su forma de actuar.

El dato que deberían revisar estas sinfonolas es el que les dice que a pesar de todos sus esfuerzos de comunicación sumados para intentar destruir al presidente, a los miembros de su gobierno y a las políticas y proyectos en curso, la mayoría de la gente al interior del país mantiene y acrecienta su apoyo a la 4T; les debe frustrar saber que es porque ya no se cree en lo que ellos digan sino que la información deriva de la realidad y de los datos que de manera transversal permean en el tejido social. Y al exterior el que el presidente López Obrador haya sido considerado por la consultora internacional Morning Consult Political Intelligence como el presidente de mejor desempeño entre los presidentes de las economías más importantes entre ellos: Merkel, Biden, Trudeau, Modi, Draghi y Bolsonaro; les debe hacer patente la insignificancia a la que llegaron sus voces.

Decía hace más de 80 años el famoso político alemán Otto von Bismarck: “La Prensa no es la opinión pública”, décadas después estos sinfonolos y sinfonolas hacen como que no se han enterado.

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Yo te censuro, tú me censuras, he censors us

El que calla y obedece, se jode dos veces. (Refrán popular)

En el gobierno actual, el presidente López Obrador conociendo de la historia de los medios en el país, asumiendo la decisión de no continuar con la tradición de pagar a la prensa vía chayote o embute y sabiendo de la animadversión de la mayor parte de esta por no continuar recibiendo los dineros a que se habían acostumbrado, optó por dar una conferencia pública todas las mañanas, tal y como lo hizo cuando fue jefe de gobierno, a esta conferencia pueden asistir todos los medios que lo desean y pueden preguntar el tema que quieran. Tal ejercicio de comunicación directa tiene dos efectos, el primero es que por las mañanas el gobierno marca la agenda del día, de lo que ahí se dice los periódicos y comunicadores acaban refiriéndose; el segundo es que se vuelve intrascendente el mensaje opositor con datos falsos y versiones inexistentes de los hechos; saben que el dato duro de gobierno lo tendrán a más tardar al día siguiente.

10 de octubre de 1968, Tlatelolco. La bárbara matanza de estudiantes a manos del gobierno priista encabezado por el presidente Diaz Ordaz se reflejó en los encabezados de los periódicos del día siguiente como: “Responden con violencia al cordial llamado del Estado. El gobierno abrió las puertas del diálogo”, “Balacera entre francotiradores y el ejército”, “Francotiradores dispararon contra el ejército: el general Toledo lesionado”, “Recio combate al dispersar el ejército un mitin de huelguistas”, “Tlatelolco, campo de batalla” y así por el estilo cada uno de los medios de información escritos, de radio y de televisión.

Ese unísono de “línea” se dictaba desde las oficinas del secretario de gobernación Luis Echeverría (a quién por cierto a sus 99 años el diablo aún no quiere llevarse). En México pocos se sorprendían en ese entonces porque a ese mecanismo de cooptación de la línea editorial de los medios mexicanos  se llegó de manera sistematizada y paulatina a lo largo de la historia de por lo menos los 80 años anteriores, era la costumbre. La red de complicidades, entendimientos y sumisión de los dueños de los medios de comunicación al poder es parte de una larga historia que se encuentra bien documentada y que no es el caso de extender aquí. Valga decir que hasta 1968 los medios, con honrosas y escasas excepciones, decían lo que el gobierno quería y permitía que se dijera, se autocensuraban a  complacencia de quien les beneficiaba con dinero y prerrogativas (entre otras tener beneficio al papel para imprimir sus medios y que era producido y controlado por una de las empresas del estado)

El 68 fue un parteaguas, sin ese momento no se explicaría el golpe a Excélsior algunos años después, la creación del Uno más Uno, Proceso, La Jornada; estos y otros medios que se permitieron “enfrentar al poder” alejándose de la censura que se les imponía.  Sin duda la historia de la libertad de prensa en México es una que se ha construido arrebatándole espacios a los gobiernos en turno.

Muchos años después, y solo por mencionar algunas “censuras” a cargo del gobierno aunque instrumentadas por las empresas de medios particulares, recordamos las expulsiones de periodistas como Gutiérrez Vivo y Carmen Aristegui de sus programas, el primero en el gobierno panista del sr. Calderón y esta última ya por órdenes expresas delgobierno de Peña Nieto tras que a este y a su mujer les fue descubierta la famosa” casa blanca” pagada por un contratista de gobierno.

Todo esto que aquí menciono habla de la censura informativa del estado, es censura autoritaria, fácilmente identificable por ser autócrata. Afortunadamente en México a pesar de estos tropiezos, la libertad de prensa y de expresión avanza.

Pero, siempre hay un pero, hay otra censura, esta es más de una idea neoliberal que confunde libertad de prensa con libertad de empresa. Esta forma de comunicar que evita el análisis y la reflexión de los asuntos importantes para ubicarlos en la disyuntiva de estatización/ privatización, y que promueve la comercialización de todo cuanto exista y la masificación de la idea única como la aceptable ante una opinión pública que no tiene las formas, mucho menos los recursos, para su libre expresión.

Las redes sociales surgieron como una necesidad de expresión, una forma generalizada de poder expresar ideas sin pasar por el filtro de los medios tradicionales, en principio se suponía que con algunas reglas básicas iguales para todos, y todos es todos.

Sin embargo, estas redes sociales tienen dueños, son empresas trasnacionales con accionistas con nombre y apellido. Desde los tiempos en que se inventó la imprenta, nunca antes se había visto que los gobiernos estén siendo puestos en cuestión y enfrenten a una competencia que se asume como dictatorial y que promueve la desinformación al dar y quitar la voz a quién considera tiene derecho a tenerla.

Hace pocos días y previo a la salida del presidente Trump, las más importantes empresas dueñas de redes sociales, decidieron bloquearle de su uso, su justificación, válida o no, es que no convenía al momento histórico/administrativo que se vivía en Estados Unidos, consideraron que no debería permitírsele su expresión en sus medios. No porque el gobierno lo censurara, no porque un juez lo censurara, sino porque una empresa privada decidía qué es lo que los ciudadanos debían escuchar y qué no.

Esta posición de empresa como dueña y decisora de la información que se transmite, es una idea conservadora, neoliberal ad extrema y que conlleva que el que pague los servicios de la empresa es quién decide la comunicación o, lo que es aún más grave,  que la empresa por sí sea quién maneja y autoriza el “mensaje” a su conveniencia. Esto me parece gravísimo y que es de muy corta mira el no ver el conflicto que ocasiona para la libertad de expresión.

La condición humana puede ser muy desvergonzada. Hay grupos de interés a quienes les aterrorizan los cambios sociales, no aceptan las transformaciones de género, jerarquía y clase social y para lograr que no cambie el statu quo requieren controlar la comunicación, controlar el mensaje.

Volviendo a las conferencias presidenciales, las mañaneras: este acto de comunicación, de libertad de expresión absoluta por parte del presidente, enfrentado a medios a quienes no les queda más que saber que mientras así sean estas ruedas de prensa no tendrán forma de obtener pagos indebidos, y de periodistas que al acabárseles la fuente de ingresos prefieren pedir que se suspendan, sí los mismos grupos de periodistas y medios pidiendo se censure la voz del presidente. Usan a los partidos opositores para que les apoyen en su gritería, estos partidos a su vez al no haber creado una relatoría que les apoye en las siguientes elecciones optan también porque se supriman; y el juez electoral, el INE, ese árbitro que dejó de serlo también lo propone.

Los medios, los partidos, el INE y otros sectores sociales ligados con la oposición y la extrema derecha quieren censurar al presidente.

La empresas trasnacionales de redes sociales pueden hacer lo mismo porque no hay legislación que les contenga, al tomar partido bloqueando voces a favor de una posición política a manera de “el que paga manda” atentan contra la libertad de expresión lograda y plasmada en el 6 y 7 constitucionales; esa dualidad de libertad de empresa vs libertad de prensa será el tema de aquí a las elecciones del 2021 y después las del 2024.   Los opositores que hoy se sienten muy contentos con estos atentados a las libertades son de miras cortas, muy cortas.

Se le atribuye a Voltaire una frase, posiblemente no la dijo pero podría haberlo hecho de acuerdo a su línea de pensamiento: “Desapruebo lo que dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo”

Se tiene que regular, si alguien tiene duda que sea un juez quién diga qué se puede decir o no de acuerdo a la constitución y no los grupos de poder o las empresas trasnacionales.

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