Clasismo, Conservadurismo, Desmemoria, Futuro, México, Mundo, País, Políticos mexicanos

¿Qué hacemos con las derechas?

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Augusto Monterroso.

Más allá del nombre que se les ha dado a través del tiempo, los derechistas están y estarán en el contexto socio político de México y del mundo. Pueden llamarse conservadores, reaccionarios, tradicionalistas, monárquicos, ultras o cualquier otro adjetivo con el que históricamente se hayan presentado como fuerzas políticas; el hecho es que son un elemento con el que las sociedades deben convivir.

Siempre van a estar ahí.

En política los términos de “derecha” y de “izquierda” tienen un origen relativamente contemporáneo que se refiere al lugar físico que ocupaban los constituyentes en la Convención Nacional durante la revolución francesa. En las sillas a la derecha de la del presidente de la Asamblea se sentaban los defensores del poder monárquico y en las de la izquierda los revolucionarios. Esta distinción izquierda/derecha se expandió al resto de Europa y después al resto del mundo para acabar convirtiéndose en una designación de concepciones políticas y de ideologías en general. A la derecha siempre los monárquicos, católicos, ultras o contrarrevolucionarios, a la izquierda los revolucionarios y opositores al status quo.  Hay otros análisis mucho más amplios que explican el simbolismo de derecha/izquierda y que se remontan a la India y Grecia pero para fines políticos sirva este conocido origen derivado de la revolución en Francia en 1789.

¿Y quienes son los de derecha? Recordemos algunos de los hechos con los que podemos identificar a la “derecha” en Latinoamérica: Son quienes promovieron y apoyaron los golpes militares del siglo pasado particularmente en la década de los 70; son quienes asesinaron a Salvador Allende para imponer al general Pinochet en Chile; son quienes una vez en el poder alinearon las economías a las políticas de organismos internacionales que llevaron a los países a contraer deudas impagables; son quienes en aras del “libre mercado” fomentaron a través de sus políticas la desigualdad económico y social en América Latina.

En México, si nos vamos un poco más atrás en el tiempo, son aquellos que trajeron de Europa al emperador Maximiliano de Habsburgo para que gobernara el país; son también aquellos que apoyaron la represión y crímenes de Diaz Ordaz y de Echeverría; son quienes implantaron las políticas neoliberales con las que vendieron las empresas estatales en beneficio de privados nacionales y extranjeros, concesionaron las empresas de energía y estuvieron a punto de acabar con PEMEX; son quienes establecieron las políticas que tuvieron como consecuencia la desigualdad social; son los que apoyaron y encubrieron a Marcial Maciel y a las escuelas de legionarios y sus pederastas; son los homófobos y misóginos que han impuesto el rechazo social a quienes no son y piensan como ellos; son los intolerantes llenos de prejuicios que no tienen empatía por quienes tienen creencias y valores distintos a los suyos.

Son también los que más recientemente llevaron a la cámara de diputados a Margarita Zavala y en Coyoacán al Gabriel Quadri que dice: “Si México no tuviera que cargar con Guerrero, Oaxaca y Chiapas, sería un país de desarrollo medio y potencia emergente”; los que eligieron como gobernador de Nuevo León a Samuel García; los que votaron por rancios panistas y priistas para alcaldías y municipios en el país.

Son los que se han opuesto históricamente al avance de la participación política de las mujeres.  Son los que tienen como visión del mundo el clasismo, los que denostan al moreno por su color de piel y al indígena por su origen, son los que dicen que el pobre es pobre porque quiere. Son los panistas y freenistas de golpe en pecho al tiempo que joden al vecino; son los taimados e hipócritas que con escapulario en mano roban los recursos públicos y que se resisten a que el país cambie.

Pues a estos de derecha no hay que dejarlos crecer, hay que exhibirlos permanentemente en sus actuaciones ilegales, amorales e inescrupulosas, hay que delimitarlos porque cada vez que están en el poder saquean los recursos públicos en su beneficio y retroceden en las políticas sociales.

No son insignificantes porque tienen poder económico, tienen medios de comunicación y tienen instituciones educativas en donde promueven su ideología clasista. Por ello y pese a ello es un imperativo moral el que les acotemos y les pongamos alto a cada uno de sus planteamientos de políticas públicas y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para que solo sean un referente de lo que no queremos como sociedad y país.

En México, estos grupos de derecha, sumados todos (partidos políticos, cúpulas empresariales, mafias delictivas, iglesias, faranduleros e intelectuales etc.) son minoría respecto al conjunto social de México, sin embargo no hay que descuidarse, son corruptores por naturaleza y se mueven como hiedra en todos los ámbitos.

Decía el escritor Robert Heinlein que: “Una generación que ignora la historia no tiene pasado ni futuro”. Por eso debe ocuparnos a todos que las nuevas generaciones vayan conociendo quienes son y quienes están detrás de los lobos con piel de cordero que se presentan como “buena ondita” y “progresistas” que se sienten de avanzada pero que no son más que los conservadores, reaccionarios y cavernarios que bien conocemos.

Benny Lévy, filósofo, quien fue el último secretario de Jean Paul Sartre, publicó en 1980 una entrevista que le hizo a este en la que conversan sobre política y sobre la derecha y la izquierda. En ella, Sartre reprocha a la izquierda que permite que la derecha gane y ocupe espacios de poder, lo dice así: “…esta izquierda que deja triunfar a una derecha miserable. Y canalla. Para mí, hablar de la derecha y de canallas es lo mismo

Este es el tipo de circunstancias que se repiten en la historia porque estos de derechas siempre estarán, lo importante es cómo los tratamos políticamente porque como ciudadanos están en todos lados, pueden ser los amigos, los compañeros o familiares, los artistas que vemos y leemos; de lo que aquí hablo es de su contención en las decisiones de poder político. En esto no podemos dejarlos pasar.

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¡Es que no habla inglés…!

“Usa el idioma que quieras, nunca podrás decir nada más que lo que eres”. 

Ralph Waldo Emerson.

Las críticas al Presidente López Obrador por parte de la oposición se dividen en tres:

  1. Argumentativas: No se les conocen hasta el momento.
  2. Negativas: No importa lo que haga o diga el Presidente, para los antagonistas todo está mal.
  3. Clasistas: En este rubro encontramos una amplia variedad de diatribas que con una intención de ofensa le han lanzado: Naco, provinciano, solo tiene dos trajes, sus zapatos están polvosos, flojo, moreno, tardó varios años en terminar la licenciatura, vive de manera austera, estudió en Universidad pública, no habla inglés…

Es obvio que esta columna trata, como su nombre ya lo dice, de la circunstancia atroz (para ellos) de que el Presidente ¡No habla inglés!

La explicación por parte de los opositores al cuestionamiento de esta pregunta es sugiriendo que cómo se podrán conducir los asuntos internacionales sin dominar el uso de la lengua inglesa. Decir directamente que es de nacos no saber inglés (aunque lo piensen) se les dificulta porque no podemos olvidar que no solo son clasistas sino también hipócritas.

Y no mencionan otros idiomas porque su foco de atención es su Tío Sam, en su reduccionismo de la historia y valores lo único que pueden considerar es su aspiracionismo a la visión estadounidense del mundo feliz, esa dulce ironía que choca con la realidad.

En contra de la visión tecnócrata de que los funcionarios y presidentes mexicanos deben salir de prestigiadas universidades estadounidenses o europeas y que se empalma con la perspectiva del  “wannabe”  clasemediero que solo entiende por riqueza y valor de las personas los símbolos exteriores, la ostentación y el blof que muestren, todo al ritmo del yes sir, yes sir, es muy bueno recordar que -solo por mencionar algunos-: Luis Videgaray, Cesar Duarte, Javier Duarte, Emilio Lozoya, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Anaya, Vicente Fox, Georgina Kessel, José Antonio Meade, Carlos Salinas tienen en común que estudiaron en reconocidísimas universidades mexicanas y extranjeras y que ellos sí: hablan inglés. Entonces, todos estos no nos robaron el país, sino que: they just stole and disgraced the country, o sea fue en inglés que nos chin…

El presidente López Obrador ha dirigido la política exterior sin tener que hablar inglés; como es elemental y obvio para cualquiera con una mínima inteligencia, las relaciones bilaterales entre países y las multilaterales entre grupos e instituciones se conducen con intérpretes profesionales y documentos que son traducidos a las partes; esta situación real les rompe el simplismo de considerar el desconocimiento del idioma como una dificultad para ejercer su trabajo. El Presidente instruye al Canciller Ebrard en la política a seguir y este es quién la ejecuta; no es el idioma quien guía las relaciones entre Estados y Organismos. Por cierto, hoy además, se privilegia la doctrina tradicional de la política exterior mexicana como es el respeto a todas las naciones y la no intervención en sus asuntos.

Decían estos clasistas opositores que no se imaginaban cómo el Presidente podría comunicarse con el Presidente de Estados Unidos por ejemplo. Muy poco tiempo pasó para que recibieran el primer balde de agua, los gobiernos establecieron comunicación, se reunieron, tuvieron agenda y la vida siguió. ¿El ex Presidente Trump habla español? quién sabe, es irrelevante para su función de gobierno como lo es para la del mexicano. López Obrador ha mantenido comunicación con los presidentes Trump y  Biden, con la vicepresidenta Harris, con los presidentes Putin, Xi Jinping, Macron, Trudeau, Merkel, Abe, Sánchez, Castro, Morales y demás presidentes latinoamericanos y lleva su agenda internacional sin tropiezo alguno. Pero, siempre les sonará una crítica válida decir: es que no habla inglés.

¿Y qué significa en realidad este tipo de críticas? Todas las características, con ánimo clasista, que se le atribuyen al Presidente López Obrador son las mismas de la gran mayoría de mexicanos, el color de piel, la forma de hablar según su localidad de origen y la austeridad en el vestir por ejemplo. Intentar agraviar ad hominem al Presidente por sus características físicas y de identidad es insultar a gran parte, a la inmensa mayoría de la sociedad. Y por esto, aquellos partidos, grupos y personas que así se expresan nunca tendrán apoyos mayoritarios; tantos estudios, tantos viajes, tanto blof en sus vidas para que acaben en esta tara de clasismo y racismo.

La oposición conservadora se acostumbró a lo que plantea la fábula del Rey desnudo: de aquellos presidentes prianistas que adoran y extrañan les encandiló su hermoso ropaje, aunque este no existiera.

El neoliberalismo, en su accionar sobre la identidad nacional, dejó como consecuencia que México viva una distorsión cultural y social de enorme magnitud. Marx, tan mentado y tan mal leído actualmente decía: “A medida que se valoriza el mundo de las cosas se desvaloriza, en razón directa, el mundo de los hombres”

Los conservadores bien consolidados en los grupos panistas y su más reciente derivación frenista, con eco y recursos en los medios de comunicación no acaban de entender o, más bien, no les interesa entender que la discriminación por clase, como lo es también la de raza y sexo, es una construcción social, no una característica genética, y que como tal, puede construirse a partir de decisiones personales, públicas y de cultura social. En vez de entenderlo así, asumen una superioridad que, aunque a todas luces es falsa mantiene ese cimiento de clasismo –que se suma por lo general con racismo- como una serie de prejuicios y discriminación con base en la pertenencia a un nivel socioeconómico.

La polarización en México es real, no es la que inventan columnistas y medios para atribuirla a López Obrador, la polarización es la plasmada en la desigualdad social y económica y en la visión clasista que el conservadurismo tiene sobre la mayoría del país. Y lo más sorprendente, hay una cantidad numerosa de personas que hacen la crítica de clase aun siendo y teniendo las mismas características, a ellos les cabe la pregunta de: ¿y ya te viste en el espejo?

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Las razones de nosotros, (los arriba firmantes)

Tienen tan poco amor al país, memoria muy corta y una mente tan colonizada, que les importa más la opinión de revistas y gobiernos extranjeros que la de los mexicanos olvidados históricamente.

Cuando se populariza la noción de que las élites conservadoras y las autoridades usan su posición para enriquecerse y sostener sus prerrogativas, se producen dos posibles efectos en los ciudadanos: uno es el enojo y frustración, que se convierten en búsqueda del cambio de tal situación; y otro el acomodo y la ceguera para ser parte de ese mundo privilegiado (aunque sea tan solo creencia de pertenencia) dejando atrás la historia, la ética y la lógica.

En este segundo grupo podríamos generalizar en  tres grandes clanes a aquellos que mantienen un desprecio permanente, y a mi forma de ver injusto,  al proyecto 4T y al Presidente López Obrador y a quienes los apoyamos.

a) Las élites empresariales acostumbradas a que su generación de riqueza tuviera como sustento la trampa, el compadrazgo, la evasión fiscal y el empleo de  mano de obra barata y sin prestaciones. Los pequeños empresarios que recibían de su “cuate” funcionario o de sus “contactos” alguna concesión o contrato para sustentar su empresa usualmente improductiva.

b) Funcionarios, burócratas y políticos de partidos opositores que se vieron avasallados por la fuerza lopezobradorista, desplazados del presupuesto y marcados como la esencia de la corrupción y saqueo al país. No importa el origen del funcionario o la “ideología” que solía representar, son aquellos que por unos cuántos o unos muchos pesos hoy se presentan como cínicos y frenéticos enemigos de todo lo que huela a 4T.

c) Una ruidosa y poco culta clase media,  aspiracional “wannabe” que no se permite reconocer en la mediocridad en que la mantuvo la política de los gobiernos neoliberales; que vive de crédito, bajos salarios y que al tiempo que niega su realidad para diferenciarse del “pobre y naco” se avergüenza de la mexicanidad y nacionalismo del proyecto actual de la 4T. Irónicamente es en este este grupo donde se concentra el clasismo como visión fundamental de las relaciones sociales.

Digo que me parece injusto el desprecio por estos grupos porque, en contraposición a su manera de pensar, la perspectiva de quienes estamos a favor del proyecto 4T nace de reconocer por lo menos dos cosas: la tremenda desigualdad social como consecuencia de las políticas neoliberales de los últimos 30 años que concentraron en pocas manos los bienes nacionales y el usufructo de la riqueza del país; y, el saqueo del presupuesto a manos de la mayoría de quienes han gobernado, desde los puestos más altos pasando por toda la estructura burocrática, haciendo parecer natural que cualquier ex funcionario público, incluso los de los niveles menores, por el solo hecho de haber trabajado en el gobierno goce de dineros y recursos inexplicables.

Adicional a esta visión de la que partimos quienes estamos a favor de la 4T están los hechos, reales y sustentados del resultado de la gestión del presidente López Obrador. Es vago e inútil pretender responder al argumento del error específico y puntual que en cualquier gestión se comete; cualquiera que no se centre en el “detalle” y tenga un mínimo de criterio para entender el fondo y trascendencia del cambio que está sucediendo, es decir que vea el bosque y no el pequeño árbol, también podría darse cuenta del éxito del cometido lopezobradorista, pero asumo que no se da ni se dará porque va en contra de la narrativa que les permite vivir en el intento de recuperar privilegios reales o imaginarios pasados.

A diferencia del mensaje constante y sesgado que expresan los abajofirmantes (a quienes me referí en la columna pasada) en su intento de incidir en el rumbo del gobierno, nosotros, los arriba firmantes, entendemos que políticas y medidas como becas para estudiantes, trabajos y entrenamiento para los que no lo son, pensión universal para adultos mayores, apoyos para madres solteras y discapacitados, seguro de desempleo, microcréditos para cientos de miles de pequeños empresarios, programas técnicos, fertilizantes y precios de garantía para el campo y un incremento real al salario mínimo superior al 60% son fundamentales para empezar a romper con el círculo de generación de pobreza.

Por otra parte el mantenimiento de los fundamentos macroeconómicos de estabilidad del peso, política de no endeudamiento y austeridad en el gasto son hechos reales a pesar de que no se reconocen por los odiadores del proyecto 4T; igual pasa con los cambios en las políticas sindicales, con la prohibición del uso del glifosato, etiquetado en alimentos y bebidas, control del outsourcing que precarizó los beneficios sociales y puso en riego el futuro de las pensiones de millones de mexicanos, modificaciones en los planes de afores y edad para retiro, acabar con el fuero de los altos puestos y la introducción de la revocación de mandato; marcan un giro en el camino al abismo al que se dirigía el país.

La política exterior que le pone un alto al injerecismo, principalmente de estados Unidos pero también de Canadá, España y otros países de Europa y que mete a México en el multilateralismo que parte del respeto a la soberanía nacional, ha significado para los opositores al presidente un golpe a su mentalidad colonialista.

Los grandes proyectos del aeropuerto de Santa Lucía, Refinería de Dos Bocas, la Construcción del Tren Maya, la cobertura de internet en todo el país, la construcción de manera masiva de caminos rurales y muchos otros más, son situaciones de hecho que pasan como si no existieran para los desvergonzados opositores pero que millones de mexicanos sí vemos.

Muchos otros hechos más podrían ser referidos en este listado pero resultaría muy extenso hacerlo. Hay datos duros y hay hechos de gobierno; de ello nos nutrimos los que apoyamos al proyecto 4T; no esperamos que los opositores lo hagan, su odio les ciega, la poca información que les provee los medios tradicionales y en muchos casos su mentalidad clasista y arrogante les impide admirarse del momento significativo que vive el país.

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El chairopuerto

Tantito que la perra es brava y tantito que la están toreando. (Refrán popular)

Ya le pusieron apodo al que será el nuevo aeropuerto Felipe Ángeles, el chairopuerto le dice la ilustre y nunca bien ponderada oposición.

En poco tiempo se referirán al Tren Maya como el chairotren, a la refinería de Dos Bocas  como la chairorefinería. Y así será con las chairobecas, las chairouniversidades, las chairopensiones; así será con cualquier proyecto que encabece o ejecute el gobierno de López Obrador.

Chairo: El Diccionario de mexicanismos, de la Academia Mexicana de la Lengua (México: Siglo XXI Editores, 2010), registra cuatro acepciones:

1. Feo. 2. Persona, generalmente joven, caracterizada por provenir de una buena posición social y por ser partidaria de movimientos sociales, como los ecologistas y antiglobalización. 3. Despectivo. Persona que es socialmente poco refinada.4. Festivo. Masturbación. Y En el Sureste, pene.

A partir del año 2018 se tiene registrado que también se le da el uso de “naco”: La palabra naco, según el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española (Madrid: Espasa Calpe, 2014), se define como “indio” en la acepción referente a México.

Las tres primeras de la Academia Mexicana y esta última de la Academia Española reúnen el sentido a que se refiere lo que a manera de “prefijo” anteponen a las obras de este gobierno, los seguidores de este proyecto de reconstrucción de Nación seremos simplemente “chairos”.

Hablar del término “chairo” para referirse a la mayoría de este país, usado de manera despectiva, nos dice mucho de la histórica polarización social causada por la desigualdad y necesariamente hay que hablar entonces del término “fifí”. Chairos vs. Fifís; los primeros caracterizados como pobres, morenos, de izquierda; los segundos como presumidos, privilegiados económicamente, aprovechados, sangrones, mochos, de derecha.

Ambos términos: chairo y fifí son reduccionistas, pero han servido para posicionar en el debate público la discusión acerca de la desigualdad de oportunidades; los términos así disfrazan de manera frívola la rudeza de progreso vs atraso, blanco vs. negro, rico vs. pobre, libertad vs. opresión, y otras dualidades propias de las diferencias sociales en el país.

Todas estas obras chairo… (ponga la obra pública que le guste) se referirán entonces a lo realizado en un periodo histórico determinado, en este caso el sexenio lopezobradorista por lo que  creo que a “chairo” como insulto hay que hacerlo propio; a los opositores tanto les ha gustado el término que se solazan en decirlo y repetirlo, a falta de argumentos soltar un: “chairo” les es suficiente. Bien, que así sea, que todo alrededor de este periodo sea chairo, ¡será un honor ser chairo pues! Los libros de historia hablarán del periodo chairo, el habla popular ya no dejará de usar el término para las obras públicas, no le dirán el aeropuerto Felipe Ángeles, simplemente será el chairopuerto.  Unos lo usaran como desprecio otros como orgullo.

Por lo menos ya cambiamos de la lindeza de tener avenidas Arturo Montiel (el exgobernador priista del estado de México y tío del Sr. Peña Nieto), calles Arturo Montiel, centro médico Arturo Montiel. De tener escuelas secundarias y unidades habitacionales que se llamen Guadalupe Hinojosa, ¿a poco no sabe quién es?, pues es la difunta esposa del ex gobernador José Murat de Oaxaca. ¿O qué tal el Parque Angélica Rivera en Tijuana?

¿Y qué decimos de la biblioteca panamericana Margarita García de Marín, mamá del exgobernador poblano Mario Marín hoy detenido acusado de pederastia y tortura, o de la escuela de enfermería, y las guarderías y el centro de capacitación Blandina Torres de Marín, su esposa?

¿Y de la calle Enrique Peña Nieto en Atlacomulco, la playa Vicente Fox de Veracruz las calles Felipe Calderón en Maravatío y Cotija o de las varias avenidas Manlio Fabio Beltrones  en Guaymas, Santa Cruz, Navojoa, Cajeme, Huatabampo y Cananea?

¡Y de una joyita! ¿como el aeropuerto Diaz Ordaz en Puerto Vallarta?

A pesar que el presidente López Obrador ha pedido que no le pongan su nombre a calles o estatuas u homenajes y que expresamente no quiere nada que ver con culto a la personalidad, quiera él o no, el chairismo se referirá a su paso por el gobierno.

A raíz de que se inauguró en el Día de la Fuerza Aérea una de las pistas de la base militar, en parte de lo que será el aeropuerto Felipe Ángeles que abrirá puertas el 21 de marzo del siguiente año, los comentócratas y opinadores de siempre fingieron no saber que el edificio abierto era un hangar de base militar y no el aeropuerto en conjunto, hicieron correr la voz de que parece una central camionera, de que era una pista ya existente bacheada, etc. Es decir procuraron en su discurso en medios de comunicación menospreciar ese proyecto y para ello qué mejor entonces que llamarlo “chairopuerto”. Respecto a esta obra hay que comentar dos cosas, la primera es el enojo que ha provocado su avance a todos aquellos que pelearon a morir por mantener el del lago de Texcoco sin importar su costo y corrupción de por medio, de ahí que para ellos siempre será feo y mal hecho, incluso cuando quede finalizado. Spoiler: lo van a usar.

La segunda es que lleva el nombre de Felipe Ángeles Ramírez, el militar hidalguense colaborador de Pancho Villa y Francisco I. Madero; poco conocido en los libros de historia pero de trayectoria fundamental en la Revolución y en los eventos de la Decena Trágica (¿será que por eso tampoco les gusta el nombre?) Aeropuerto Santa Anna les habría gustado.

Designar a las obras públicas que se pagan con los impuestos de todos con nombres de funcionarios o familiares o gobernantes del momento en que se construyen es un acto absoluto de narcisismo y presunción, así fue por muchos años. El hecho de que hoy se denomine la infraestructura del país con personajes importantes recuperados de los archivos de la historia amplía el horizonte del conocimiento de todos; sin embargo si para los antagonistas a la 4T en vez de aeropuerto Felipe Ángeles prefieren que sea llamado chairopuerto, bienvenido sea el nombre.

No creo que sea conveniente abonar en la frivolidad de hablar de fifícorrupción, fifíchayote, fifínarcos, no, dejémosles eso a ellos que hasta los que no lo son pero es su aspiración serlo se mandaron a hacer playeras mostrando su orgullo fifiesco. Si estos disconformes con el rumbo del país quieren su chairo, que se sienten a esperar el cúmulo de obras y proyectos que estarán concluidos a fin de sexenio.

“Habemus chairopuerto”

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Clasismo, México, Política

Soy totalmente Palacio (nacional)

Como dice Saramago en El evangelio según Jesucristo: Perderás la guerra, no tienes otro remedio, pero ganarás todas las batallas.

Escuché de alguien decir que no quiere a este gobierno porque el presidente es un naco, así de simple su argumentación, por naco.  Para esta persona y quienes piensan como él hay un vasallo en Palacio que no merece estar ahí.

Confirmé también cuando con orgullo dijo que no lee libros pero que las noticas de televisión y sus amistades le confirman su pensar y que aunque no sabe cuál es la política del gobierno sabe que este es una administración que busca que seamos Venezuela y comunistas; así todo tan a botepronto que ni tiempo tuve de reír, mucho menos de explicar. Como bien dijo Unamuno “Quod natura non dat, Salmantica non præstat”

Con esto vivimos y es lo que tenemos, la educación, capacidad de raciocinio y entendimiento de la cultura del país están completamente desligadas del ir  al a escuela y de tener capacidad económica.  Se odia a un hombre por “naco según dice” la persona en cuestión porque no tiene buena presentación, es medio moreno y habla como “costeño” (así dijo). Pienso yo que le gustaría un Maximiliano o una corte francesa, al fin que él tan blanco y distinguido.

Se pierde esta persona de entender y conocer al presidente que hoy tenemos y que es un hombre de una gran sofisticación intelectual que tiene a sus opositores sin entender como paso a paso va transformando este país, estos contrincantes aún en el marasmo intentan a trompicones encontrar un camino que les ubique y les dé sentido.

Hace apenas unas semanas apareció uno más de los grupos anti amlo, anti 4T (otro más de los que invariablemente niegan ser anti amlo o anti 4T) otra BOA o  Frenaaa  más pero hasta ahora sin tiendas de campaña huecas y voladoras, aunque en lo de huecas sí que hay alguna similitud.  No sorprende, ya nada sorprende, que los principales organizadores son el traficante de influencias Gustavo de Hoyos de Coparmex y el insufrible Claudio González hijo.

En cuestión de días los partidos PAN, PRD, PRI y MC aceptaron hacer causa común con ellos (pero no es un movimiento anti amlo ni anti 4T, no piensen mal) y ahora van en un nuevo chiste de “proyecto” para -siéntense porque esto es una novedad novedosa, de gran originalidad, nunca antes vista y de enorme singularidad en el discurso político- ¡atender las causas de la ciudadanía, crear un México más justo y por combatir a la corrupción! Ante tan novedosos planteamientos políticos solo cabe decir cáspita, por más en desuso que esté el término, incluso ¡recontra cáspita!; pero bueno ya hemos dicho que es lo que hay de oposición así que sigamos.

Una tras otra estos opositores (partidos y personeros que más bien son enemigos de la razón y la decencia) hacen un pasticcio de ideas y agrupaciones para intentar socavar el proyecto del gobierno; por lo mismo no es novedad que también participe en esta tan poco circunspecta comparsa el autollamado grupo Chalecos México (sí el de la señora histérica), la Fundación Carlos Abascal, la vacilada de Futuro 21, Magna coalición de líderes provida y la Red de líderes católicos, no tardarán en llegar los calderones y más…  Y lo seguirán haciendo en su afán desestabilizador del gobierno actual.

Muchos de estos partidos, agrupaciones y personas van sumando temas y traiciones que intentan escalar conflictos que perjudiquen a la administración actual aún sabiendo que al hacerlo lesionan al país. Les da igual, parten como ya he dicho muchas veces de su odio por el frontal ataque a la corrupción que les hace víctimas, por su clasismo y su pequeña visión de camarilla mafiosa que considera que el país les pertenece.

Que se junten no es extraño, que finalmente los empequeñecidos e insustanciales partidos políticos les acompañen sí. Se da en los hechos lo que ya el presidente les había dicho: para qué tantos partidos, hagan uno solo que al fin son iguales.

Y, como en el mensaje del cuento, esto también pasará. Al rato tampoco se recordará este movimiento y habrá uno nuevo y otro más y así hasta que se topen con la realidad otra vez de que la mayoría en este país es mucho más que su suma y que entiendan que todas las mayorías de los diferentes estratos votaron por este gobierno, tanto de género como por estudios, por ingreso y por edades. Que este es un gobierno legítimo votado por el mayor número de personas en la historia de México, y que eso debe ser respetado.

Ninguna caterva por más financiada que esté será capaz de cambiar el modelo en el que estamos; no por ahora, posiblemente tampoco por varios sexenios más y con suerte por un par de generaciones, pero algún día sí ganarán y sabemos que volverán por sus fueros perdidos; los regímenes y formas de gobierno son pendulares en el tiempo, tarde o temprano ganarán y nosotros perderemos, para ellos el mensaje: hoy nosotros ganamos y ustedes perdieron, así que asúmanlo y vivan con ello, déjennos trabajar.

Y sí, como dice Saramago: Perderás la guerra, no tienes otro remedio, pero ganarás todas las batallas.

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