Conservadurismo, Desmemoria, Futuro, México, Oposición

Se pudrió lo podrido

Lo que estamos viendo es la última etapa del pus y eso pasa porque la herida está cicatrizando. Es un resurgir pero de manera distinta, no se puede renacer como estábamos antes, ya se murió, ya se pudrió ese sistema…

Las ideas y el actuar de la oposición política mexicana representan una tragedia política y cultural. Política porque desecharon el pensamiento, los conceptos y los ideales para cambiarlos por un NO a todo y por un paradigma violento y falaz que intenta pisotear a los ciudadanos y a las mayorías que, en democracia –esa que tanto cacarean- les arrebató el mando. Cultural porque en su tarea de golpear al gobierno actual y sobre todo al proyecto que se inició en el 2018, se agazaparon en su propia rabia que los llevó a una locura absoluta que arrasó, también, con la idea de civilidad y convivencia en el país; enmarañaron incluso a sus jóvenes, corrompieron el vocabulario, se burlaron de las minorías y desfondaron las grandes luchas y doctrinas mexicanas; pudrieron todo lo que tocaron.

Formaron una generación, no de edad sino más bien de un modo común de pensamiento, que representa una desventura social y cultural. En esa idea que les afirma que la realidad es solo su percepción individual o –en el mejor de los casos- de su grupo; que en su vivencia con su realidad y verdad a cuestas es natural que vayan desconectados de la vida cotidiana, de los problemas diarios económicos y familiares, de las relaciones afectivas y amorosas. Alejados por completo de lo que significa la libertad; de entender qué es la justicia; de cualquier valor o ética ciudadana que les diga qué es lo que está bien o mal; y mucho menos de acercarse a entender el alma humana. Son para sí mismos, son ellos, son esa casta divina con derecho de pernada.

Una generación fría que -en su versión más extrema- participa de un extraño maridaje: el consumismo como equivalencia de ser alguien y el uso de redes sociales que alimentan su incomunicación y les confunden realidad y ficción. Una generación que piensa que la felicidad depende de las cosas que puede comprar, ganar o perder; que la vida, su vida misma, su familia, su grupo, su país, existe por su relación con el dinero. Que conceptualmente no son capaces de entender que lo que le da valor a nuestra vida definitivamente no se cuenta como se hace con las monedas, no es algo que se “produzca” y que lleve una ganancia económica intrínseca.

Una nueva fase de degradación provocada por un conflicto con la realidad de la que se excluyeron; trastornaron el tejido social, arrancaron las raíces, la historia y la cultura de sus seguidores; les propagaron que la estupidez es rentable y la ignorancia algo que presumir.

Y por ello, un dato contundente dentro de las encuestas: cuando se segregan por razón de edad el resultado es que los jóvenes son el grupo que mayoritariamente votaría por Claudia Sheinbaum; mientras que en el grupo de ciudadanos de 50 años y más el 47.3% es el que votaría por Morena y el 25.8% por Xóchitl Gálvez, en el grupo de 31 a 49 el 44.4% lo hará por Claudia y el 30.8% por la de las gelatinas; en cambio en el grupo de 18 a 30 años, el apoyo a Claudia crece a 65.4 y la señora de los chicles disminuye al 22.3%. ¿Qué nos dice esto? Que aunque en todos los segmentos gana Claudia, entre los jóvenes la definición hacia su candidatura es mucho mayor. La oposición perdió a los jóvenes por su política arrabalera, golpista, conservadora; los perdió en ese discurso de ninis, de huevones y de acarreados.

Así nos tocó vivir, con ellos como contraparte; que no quede duda a nadie que van por nuestros derechos, van por revertir lo que ganamos como sociedad en estos seis años, que si les permitiéramos ganar se instalarían en ese fascismo tan propio de ellos que acabaría con el sentido de Nación que hemos podido construir –a pesar de ellos y quienes les precedieron en su borrachera antinacional- en los últimos dos siglos.

Los derechos solo se mantienen si se lucha por ellos; nuestra obligación generacional e histórica, es que los que los amenazan no tengan éxito. Esa es la única tarea frente a lo que representa la Sra. X; no dejar que tenga éxito.

Y después del 2 de junio, los veremos -detrás de la barrera- cómo se fagocitan entre ellos para dar paso a una nueva oposición. Lamentablemente, a los que les sigan en el conservadurismo y la derecha, no les dejan una liana de qué asirse; tendrán que empezar de cero explicando qué son, quienes son y por qué desean llegar al poder; hoy podemos predecir, ya que los han dejado tan dañados y en un marasmo de ignorancia tal, que se presentarán como un extremo –hoy de moda en muchos países- a la manera de Milei, Vox o Bukele.

Los conservadores, dueños de partidos y los representantes de las élites que se acomodaron en los primeros lugares de las listas de plurinominales, estarán en las cámaras el próximo sexenio, serán el resabio de ésta generación que llevó al abismo cualquier proyecto de país. Y en esas posiciones no van a durar, también es predecible que, entre los desafueros que vivirán por sus conductas delictivas, su pelea por los pocos huesos que tendrán para disputar, el desprestigio público y el enorme fracaso con el que llegarán a sus espaldas, tendrán los días contados.

Ojalá y los que les sigan tengan la lucidez de reinventar un modelo de derecha que atine en un proyecto con una idea de país; uno que no niegue la convivencia de todos, que deje atrás el clasismo como tarjeta de presentación y que esté dispuesta a construir y no destruir; sin ello como base mínima no tendrán éxito alguno por mucho tiempo.

El cambio cultural que estamos viviendo es irreversible, no es novedad que la degradación política siempre haya estado del lado de la derecha, sus últimas patadas les llevaron a traer a una heredera de la nobleza española a hablarnos de democracia; a sumar al equipo de Xóchitl Gálvez a lo más desprestigiado de los políticos; a convocar a sus “intelectuales” a ser parte del mundo al revés pidiendo que los medios de comunicación sean parejos porque según dicen a la señora de las gelatinas no le hacen caso; a lanzar a sus comentaristas y periodistas en una feroz campaña contra el presidente, el gobierno y Claudia Sheinbaum. Todos en nado sincronizado; todos a la vista de los que les seguirán como los títeres de Claudio X o de cualquier nueva élite que le siga. Porque eso no va a cambiar, habrá nuevos relevos en el entreguismo de la derecha mexicana; el problema es que les dejaron una semilla podrida de la que se han alimentado; desfacer entuertos no les será fácil.

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2024, 4T, Oposición, PAN, PRI

El payaso de la dictadura

“El periodismo moderno justifica su existencia por el gran principio darwiniano de la supervivencia del más vulgar.” Oscar Wilde.

Hay un entorno propicio para que un pelafustán con peluca verde insulte al presidente, no es otro más que una irrestricta libertad de expresión. Y, eso sí, cada quien elige cómo expresarse y cada quien se dirige a su público; esto último habla más del público de Brozo que de él; ese público al que le dice “culeritos” y que ante la plena grosería y vulgaridad se ríe,  que el bufón diga que el presidente es dictador les emociona, que les hable de huevos y mamadas les halaga.

El payaso “político” actual, aquel que se construye una imagen pública de bufón: iracundo, imprevisible, de chiste fácil, del sarcasmo sobre la noticia actual; ese que en teoría parte de la autenticidad de oponerse al sistema y a los buenos modales y de despreciar lo políticamente correcto, que transcurre su “stand up” entre la sorna y el insulto ligero o grave; que se vanagloria de su libertad de expresión burlándose de minorías, de mujeres, de razas, de clases sociales, es cada vez más común verlo como parte de la “comentocracia” en todo el mundo. Las redes sociales abrieron su espacio de actuación y ese fenómeno de “banalización de la cultura” tan presente le acuerpa.

México no es la excepción, aunque con su propia modalidad; ya no cercanos al poder en el sexenio actual (no hay recursos públicos que caigan a sus bolsillos) los bufones de turno (Chumel, Kenia, Lilly, Brozo, Gilberto Lozano, Dresser etc.) están intrínsecamente ligados a las élites económicas; anteriormente cuando estas élites controlaban al Estado (particularmente durante el neoliberalismo) servían para que el resultado de su comicidad fuera el elogio al gobernante, el sí señor, sí señor. En ese mismo periodo de 6 décadas anteriores, la acotada y autorizada (de la que nunca se quejaron) “libertad” de expresión obligaba a que no se molestara al gobernante y su familia, pero sobre todo a que no se atacara el modelo económico y poco más; el clasismo y misoginia sí eran permitidos en el sketch de pronta-risa. Ahora, esos bufones y payasos atienden la agenda de las élites que, dispuestas a pagarles ingentes cantidades de dinero (la cuota depende del número de seguidores), a cambio requieren que esa vocería o gritería llegue a un público -atraído por ese humorismo que envuelve el mensaje político clasista y racista con jocosidad- dispuesto a reír aun sin entender.

Hay una gran diferencia entre el bufón clásico y el actual. Los payasos, bufones, histriones, arlequines, “clowns” como se les dice en inglés, siempre han sido integrantes de los sistemas de poder. Su relación –histórica- con las élites de poder se da en todo el mundo y a lo largo del tiempo; los payasos en las sociedades europeas, asiáticas e islámicas cumplieron un papel que no fue solamente entretener en las cortes y palacios, sino además y de manera importante recordarle a los reyes que estaban rodeados por aduladores, que ellos –los monarcas- eran simplemente humanos y, por lo tanto sujetos de error. Actualmente (y la razón es que ya no son pagados por el gobernante en turno) su fin es ponerse al servicio de un amo que les mira con desprecio pero que les utiliza a conveniencia de una agenda que busca recuperar privilegios perdidos.

La sola presencia del payaso tiene una implicación en la que se plantea una doble personalidad, la del personaje y la del intérprete. El problema viene cuando ambas figuras se yuxtaponen y dejan de diferenciarse, tal es el caso de Víctor Trujillo/Brozo –Brozo/Víctor Trujillo. El misógino comediante que pasó, en maroma con triple salto mortal, de la crítica política al escarnio coprológico-infantilizado del insulto fácil, llevado por la voracidad económica que lo llevó de ser medianamente respetado a ser considerado una lacra mediática. El chistosito buleador que con micrófono en mano y el patrocinio de Carlos Loret y Roberto Madrazo en la plataforma Latinus cree que con insultos, mentiras y ataques infundados hará mella en la aprobación presidencial o en pretender incidir en el proceso electoral del 2024. El verdadero Víctor Trujillo/Brozo Brozo/Víctor Trujillo se muestra como lo que siempre fue, un conservador de closet al acecho de una oportunidad que le permitiera ofrecer las nalgas (ya que estamos en modo Brozo) al festín particular de la comedia de ClaudioX que lleva como protagonista a la señora de las gelatinas.

La vida tiene diversas formas de hacer justicia, tiene balances naturales; el payaso de peluca verde purga con ser Víctor Trujillo, Víctor Trujillo expía con ser Brozo.

«Nada más le digo a Brozo que si yo fuera dictador, él no estaría diciendo esas cosas», le dijo el presidente; se le olvida al bufón de nariz roja que en cualquier régimen dictatorial su palabrería sería perseguida y penalizada; sin ir más lejos, en el prianismo muchos comunicadores fueron castigados severamente, incluso perdieron sus trabajos, por atreverse a hablar del alcoholismo de Felipe Calderón o de la casa blanca de la gaviota y su consorte Peña Nieto. Que Brozo diga que López Obrador es un dictador es una falta de respeto, no para el presidente, no para la 4T en su conjunto, no para los chairos -porque ya sabemos de dónde viene ese vómito de odio- es una falta de respeto para la prensa que históricamente se afanó en que se cumpliera la libertad de expresión no solo como una máxima de ley sino como una de realidad.

Se equivocó de dictadura, la suya, en la que él vive, es la dictadura que le impone su avidez por el dinero y el verse obligado a ser el chistoso del jerarca ClaudioX; Brozo no tiene salida, es víctima de su ego y de su titiritero, él eligió esa dictadura tan propia de su ruindad; al acusar de dictador a López Obrador solo refleja su nivel de estupidización y su poco discernimiento; como dijo Nicolás Guillén: “soldado, aprende a tirar”.

Uno no puede mentir o insultar sin consecuencia sin que la ciudadanía se lo cobre cuando tenga oportunidad. Si Brozo cree que su bajeza es graciosa, la respuesta la tendrá cuando le confronten los ciudadanos en la calle.

La caída libre en la que se encuentra la oposición se expresa clara y fatalmente en la ira del conservador comediante Víctor Trujillo/Brozo; no hay deslinde de sus seguidores ni de la Sra. X, ni de PRI y PAN, ni de los tele-intelectuales que firman desplegados, ni de los políticamente correctos (cuando les conviene); este figurín vestido de payaso les representa cabalmente.

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2024, 4T, Feminismo, Oposición, Panismo

La señora de las gelatinas

“¿Las mujeres también son seres humanos? El trabajo del hogar es el medio de realización plena de la mujer”.

Carlos Abascal, panista, secretario de gobernación foxista

He dicho que los conservadores mexicanos, en esta época principalmente los panistas, en su infinita misoginia e ideología sobre las mujeres, las utilizan a conveniencia para demeritarlas y que sean burla social; la caída libre a la que lanzaron a la Sra. de las gelatinas no es más que el último ejemplo. El mensaje subliminal para sus seguidores es: «sólo un hombre es formal, serio y preparado para gobernar…», nada distinto a lo que hicieron antes cuando subieron a la palestra -a Lilly, Kenia, Margarita, Mariana… dándoles sus quince minutos de fama a cambio de una irreflexiva y obligada bullanga que diera la nota para que sus periódicos y voceros tuvieran material suficiente para la crítica permanente a López Obrador, a la izquierda, a los chairos, a…

Cabe preguntarse: ¿Por qué las presentan como si su intención -al proponer mujeres a puestos importantes en la política- fuera real y sin embargo, al día siguiente las convierten en payaso de las cachetadas? Sí, sí es un asunto de machos y es su respuesta a la obligada paridad en la vida pública.

La tragedia de la oposición política al movimiento de la Cuarta Transformación es de tal magnitud que se confronta y contradice a sí misma en un símil de patadas de ahogado. Sus razones:

  • No tienen proyecto de Nación (el oponerse a todo no es propuesta).
  • No tienen candidatos preparados con arraigo en el afecto de los ciudadanos (se han ganado el desafecto de la población por su elitismo y clasismo).
  • No se permiten presentar a la lid electoral a quien les puede confrontar (e.g. Beatriz Paredes) su idea de que odiar al gobierno actual, a sus seguidores y en particular a López Obrador, es razón válida y suficiente para tener la opción de gobernar.

Y entonces, al llegarles la fecha mágica en que deben elegir a quien les represente en la siguiente elección presidencial, se dan cuenta que en 5 años no construyeron nada, ni plan, ni arraigo, ni afecto, ni razón. Y con eso, con ese nada que tienen en sus manos presentan a alguien, mi teoría es que eligieron a una mujer porque así matan dos pájaros de un tiro al saber que irremediablemente van a perder: para contrastar (ternuritas) la opción de la mujer candidata morenista y para subrayar –una vez que fracasen- que en su campo político solo un hombre podría haber sido triunfador. Sí, sí es un asunto de machos, si no lo fuera hubieran elegido a una mujer que es infinitamente más preparada como lo es la priista Paredes.

La crítica a su candidata está a todo lo que da, y no porque sea mujer, precisamente no por eso. En este momento histórico, en pleno 2023 hablar de esto puede parecer de fuera de época, de mal gusto pero relean la cita al inicio de esta columna, es de un líder panista, del secretario de gobernación del primer presidente panista, y es de apenas hace unos años; busquen la crítica a dichas expresiones por parte de los conservadores mexicanos, incluso de los wanabis de izquierda moderna, y no la van a encontrar. El panismo que se disfraza de moderno es la misma organización de ideas medievales, de golpes de pecho y de hipocresía; no es adjetivación, es realidad. A las pruebas me remito.

Y qué que sea mujer, si sus dichos y propuestas representan un retroceso civilizatorio, nada distinto a muchos hombres. Si hablamos de política, si hablamos de la intención de desarrollar el país en beneficio de todos; el hecho de que quien cree que puede dirigirlo sea una persona inconsciente, bobalicona, desinformada, manipulable, corrupta…, debería encender las alertas del mensaje que envían a sus votantes. Su candidata es el mensaje que les dice: para ustedes ciudadanos mexicanos conservadores, reaccionarios y de derecha que nos darán su voto (a fondo perdido) lo que les ofrecemos es esto, esto se merecen; no es necesario presentarles un proyecto, una idea o una candidata fuerte, no vean como un problema que no tiene una noción cierta y fundada que le permita comprender el país, acepten su ignorancia o por lo menos, para ser condescendientes, su supino desinterés en la historia, las tradiciones y las artes.

Y qué que sea mujer si en el cercano futuro será caso de estudio en los centros de investigación política el cómo fue posible rematar a la oposición y colaborar a desfondarla al nivel más bajo como nunca antes lo estuvo. Una mujer que, hoy confirmamos que lo hacía solo para convivir, año tras años en una fecha como hoy decía apoyar la libre decisión del aborto y su despenalización y hoy es obligada a desdecirse. Sí, sí es un asunto de machos que le van indicando qué decir.

La mujer de la risa idiota, de la risa sin motivo, la de risa patológica bien identificada en manuales de psiquiatría, que nos hace recordar que la risa que normalmente refleja un estado de alegría y que es muy saludable y que cuando no es así, puede ser resultado de que algo no está funcionando bien. No importa lo que le pregunten siempre la verán reír, soltar un par de groserías les hablará de sus «huevos» y de que la «pendejió» y seguirá su ruta tan campante. La están usando y la están destruyendo.

En su historia de vida ésta mujer dice que es la clásica (sic) emprendedora que después de vender gelatinas quiso ser CEO y convertir su tiempo en dinero, pues será pero a la mala, copiando su trabajo de tesis, montando una empresa y generando ese dinero con el que soñaba a través de corrupción, amiguismo y puestos políticos. Y sin embargo -o por eso- su mayor y principal problema no es uno de educación, sino de valores, es decir uno moral y ético, y ahí es donde empalma con la visión de los machos que la encumbraron a su ladrillo mareador.

Su candidatura es fruto de la propagación de la ignorancia y del declive cultural de la derecha en México, de esa que finge que sabe mucho cuando verdaderamente no sabe nada. Su candidatura es la consecuencia del aspiracionismo frívolo que permea a panistas, priistas y perredistas; algo así como eso quieren pues eso tienen.

La señora de las gelatinas vive en un performance que le han impuesto y mi opinión es que sus posibles votantes no se lo merecen; por más reaccionarios, ignorantes y desconocedores de la historia sean, creo que sí podrían beneficiarse de un proyecto, una idea, una razón y una candidata preparada, aunque vayan a perder.

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Calderón, Moral pública, Oposición, Panismo, Partidos políticos

¿Por qué el peor?

Hay grandes diferencias entre malo y peor.

Sumó, a la continuidad de las políticas del neoliberalismo -con su consecuencia de empobrecimiento y desigualdad- la tragedia humanitaria ocasionada por su papel como capo protector del grupo narcotraficante más grande en la historia del país. Nada más.

En mi columna pasada, “El calderonato”  (https://dedogmasyrenuncias.com/2023/02/11/el-calderonato/ ) dije como una de mis conclusiones: “Bien se puede considerar el suyo, el peor gobierno y gobernante en la historia moderna de México”.  Un par de personas me hicieron saber que no coincidían y que consideraban que la argumentación de mi escrito no era suficiente -supongo que su referencia iba en su muy personal comparación con el resto de los presidentes del periodo neoliberal- aunque también sospecho, porque no me chupo el dedo,  que querían meter en la discusión a la presidencia de López Obrador. Sin embargo como su no coincidencia fue solo eso y no un mayor razonamiento (lo que no me sorprende, porque lo suyo, lo suyo, no es argumentar) intentaré ampliar cómo es que llego a esa conclusión.

Felipe Calderón fue el segundo presidente del panismo, llegó al cargo a través de un fraude ampliamente documentado, en el que no me detendré; así como el priismo se agotó a lo largo de 70 años en el poder y dio paso a un producto llamado Fox, el panismo encabezado por el espurio presidente dio paso al regreso de otro producto comercial esta vez llamado Peña Nieto. Es decir que Felipe Calderón en 6 años de gobierno regresó la presidencia al priismo, no tuvo la capacidad siquiera de mantener esa posición para su partido. En la fraudulenta elección que le llevó al poder en el 2006 los votantes que le asignó el INE fueron de casi 15 millones, en las elecciones siguientes el PAN tuvo menos de 13 millones.

El neoliberalismo mexicano que inicia con Miguel de la Madrid en 1982 aunque cuaja con Carlos Salinas y concluye con Peña Nieto en 2018 es responsable del empobrecimiento de la mayoría de mexicanos. No es una opinión, todos los datos disponibles lo confirman, veamos:

La estrategia neoliberal se empieza a instrumentar en Latinoamérica a finales de los años 70, en su preparación y de acuerdo a los lineamientos del Consenso de Washington, jóvenes economistas y abogados son “preparados” en universidades norteamericanas para que regresen al país a implementar las políticas que les dictan los organismos financieros internacionales: libre actuar de las “fuerzas del mercado” como el gran solucionador de las distorsiones económicas,  las decisiones económicas a cargo del sector privado, la desaparición del Estado de Bienestar, la desregulación, y finalmente, la expropiación de la riqueza nacional a manos de unas cuantas empresas trasnacionales acompañadas por las élites locales.

A partir de la “caída del sistema” en 1988  que impone a Carlos Salinas en la Presidencia entra al juego político nacional el crimen organizado trasnacional como factótum de gobierno; es ahí cuando con cambios en la Constitución y con controles autoritarios se impone la Reforma Educativa que privatizó la educación y mandó al desempleo a miles de profesores; cuando se permitió que capitales extranjeros y grandes empresas trasnacionales explotaran el campo al modificar el 27 constitucional desplazando a miles de campesinos de sus comunidades ante la imposibilidad de competir con las grandes empresas monopolizadoras. Es también en ese periodo cuando se privatizan las telecomunicaciones, la minería, la siderurgia, la banca y las pensiones. Solo con esto el gobierno de Salinas (ilustre economista de Harvard) podría considerarse el peor, pero ahí no acaba la historia, le siguió Zedillo.

Ernesto Zedillo (el aún más ilustre economista, pero esta vez de Yale) fue feliz tan solo por unos días, apenas unas semanas después de su toma de posesión, en lo que se conoce como “el error de diciembre”, se le cayó la economía. (Lo que se sabe es que recibió cifras maquilladas para disfrazar la crisis económica que ya causaba desde entonces el neoliberalismo) Ese errorcito causó un empobrecimiento generalizado para los trabajadores y sus familias que sumado al “rescate” de los banqueros en el llamado Fobaproa bien lo pueden poner como candidato al premio del peor. Pero momento, porque llegó Fox.

No obstante la mercadotecnia que impulsó a Vicente Fox como representante de la alternancia, siempre se supo que su gobierno no significaría una ruptura con el modelo neoliberal, de hecho sus decisiones abundaron en la destrucción de PEMEX al abrir los negocios del petróleo mexicano – y con ello parte fundamental del presupuesto nacional- a empresas trasnacionales. Su entreguismo significó miles de millones de dólares de pérdida de ingresos petroleros, muchos de ellos robados por los grupos políticos en el poder, que profundizaron la pobreza. Otro gran candidato al título del peor, pero pácatelas, que llega Calderón.

Antes de hablar de Calderón es bueno recordar estos datos: En el periodo de 1935 a 1982, es decir los casi 50 años anteriores al neoliberalismo, el producto interno bruto de México creció anualmente en promedio de 6.1%, el del periodo neoliberal de 1983 a 2018 que incluye a De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto (sí el mismísimo periodo de los “brillantes economistas de las “mejores” (sic) universidades del mundo) el 2.3%. Y el producto interno bruto per cápita en el periodo previo a tanta inteligencia en el gobierno fue de 3.2% y en el periodo neoliberal 0.7%. De estos datos surge una premisa: la economía en manos de los gobiernos neoliberales empobreció al país, y aunado a ello amplió la desigualdad concentrando la riqueza en pocas manos. Antes del neoliberalismo la economía mexicana era mayor a la de China, después de ellos pues… ya sabemos.

Calderón, al igual que Salinas, llegó a la presidencia por la vía del fraude, en su gobierno amplió las concesiones mineras y el desfalco y destrucción de PEMEX (recordemos que a las empresas a quienes regaló el sector energético es a donde se fue a “trabajar” al finalizar su sexenio), reprimió ferozmente al Sindicato de Electricistas y cerró Luz y Fuerza del Centro enviando a miles de trabajadores a la calle; legalizó la subcontratación y el outsourcing a través de su reforma laboral, con lo que precarizó el trabajo y las prestaciones sociales de los trabajadores; abrió las puertas de par en par al intervencionismo de Estados Unidos y sus agencias de espionaje a través del plan Mérida; en resumen destruyó lo poco que quedaba de bienes nacionales para hundir a México en la dependencia económica de otros países. Con esto entra a la candidatura de peor, pero nos falta todavía el culmen de su actuar: sumergió a México en  la tragedia.

Pocos días después de tomar posesión, Felipe Calderón declaró –entrajado en una casaca militar- la guerra al crimen organizado. Hoy sabemos que fue una ficción para que, acompañado de Genero García Luna, formaran el cártel de narcotraficantes más poderoso de México. El saldo del juego de guerra del criminal presidente es: más de 500 mil personas asesinadas, muchas de ellas en su gestión y muchas otras posteriormente como consecuencia de la generación de violencia en todo el país; miles de personas desaparecidas, miles de personas desplazadas, dejó un país en llamas que 10 años después apenas comienzan a apagarse. Calderón representa el peor gobierno porque no solo continuó lo que todos los presidentes del periodo neoliberal hicieron: empobrecer y saquear al país, en eso todos fueron iguales, la diferencia es que su gobierno además representa la debacle ética y política.

Le siguió Peña Nieto, el sexenio de Hidalgo (como símil de año de Hidalgo en que los gobernantes se roban todo lo habido porque saben que se les acaba la teta presupuestal), porque con él se acaba el neoliberalismo como política económica de gobierno. Si su sexenio no fuera una trágica descomposición de corrupción y frivolidad, sería un chiste. El presidente chulo, saqueador y vividor refugiado en España tan solo es consecuencia existencial del desgobierno de Calderón que le abrió las puertas de regreso al priismo de la mano de un producto televisivo que engatusó a millones de votantes.

Sí, Calderón es el peor, por mucho.

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Calderón, Corrupción, Desmemoria, Silencio, Omerta

Ya lo sabíamos

La mafia no es sólo una organización criminal. No es sólo gente con pistolas. Es un sistema de poder que se convirtió en el sistema político y legal.

Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, Sicilia.

Como en los casos más sonados en que se ha juzgado a los grandes mafiosos del mundo, hoy le toca su parte a los excelsos pandilleros mexicanos; así como hace pocos años fue el Chapo (aquél que se le “fugó a Fox), hoy es García Luna (aquél que regenteó por 6 años la seguridad (re contra sic) mexicana a la par que los negocios del narco-panismo. No hay mucha diferencia de lo que sucede hoy con éste mexicano en el banquillo de una corte estadounidense con los casos de los Gambino de Nueva York, la Cosa Nostra de Sicilia, el famoso traidor Buscetta de la Ndranghetta italiana; la justicia y la traición van de la mano, una vez que sus cómplices “cantan”, se les agota la fiesta.

En el juicio al exsecretario de seguridad, mano derecha, hombre fuerte y cómplice del presidente Felipe Calderón se exhibe, públicamente en el extranjero, de manera vergonzosa a México por hechos  del sexenio de la mafia panista. Mientras tanto, aquí los medios de comunicación tradicionales hacen como que la virgen les habla, ven para otro lado y, en el mejor de los casos, presentan la noticia romantizando que el presunto criminal que ocasionó la inacabable tragedia de violencia mexicana-siempre bajo el mando del ex presidente-  le mandó un beso a su esposa al llegar a la corte neoyorquina.

Que los medios de comunicación mexicanos soslayen una de las noticias más importantes que explica el deterioro institucional y de justicia de este país; que los medios tradicionales mexicanos no estén cubriendo la noticia en sitio tan solo nos deja ver que se saben enjuiciados también, saben que se habla de ellos, saben que mientras acusan a García Luna de narcotráfico, corrupción y quien sabe cuántos crímenes más, también se habla de ellos.

Este juicio se lleva de la forma en que generalmente sucede en los procesos mafiosos en los que es de la boca de los propios integrantes de las redes criminales que relatan y comprueban los delitos de los acusados, porque rompen la omerta, ese pacto de silencio con el que se encubren unos a otros mientras así les conviene; y en este caso nos sirve por lo menos (ya que desconocemos su desenlace), para fortalecer el recuerdo de los excesos y desenfreno que son capaces de cometer quienes ya gobernaron y que pretenden regresar al poder.

Todos supimos, porque lo tuvimos frente a nuestras narices, el abrumador nivel de deshonestidad en el que se desenvolvió el panismo, de manera creciente en el foxismo hasta alcanzar una cúspide de terror en el calderonato; los vimos, los disimulamos, los sufrimos, los mantuvimos, y no obstante ello en las elecciones del 2012 se le dio paso al peñanietismo, un gobierno que si no criminal como el que le antecedió sí igual o más corrupto y deshonesto. Que no se olvide que quienes votaron a favor de esos gobiernos están siendo también juzgados en Nueva York; aunque les duela y no lo reconozcan, son cómplices por acción, omisión, coparticipación o silencio.

Para ellos, ya sea los votantes por esos gobernantes como las élites partidistas que los encumbraron, como los expresidentes, los funcionarios que cogobernaron con ellos, sus “cuates” a quienes favorecieron con los inéditos recursos del narcotráfico, lo que ahí sucedió durante esos años son sólo cifras abstractas, números que “únicamente” hablan de pérdidas humanas (que no son las suyas y por lo tanto no les importan) y de un rompimiento en el pacto social mexicano (lo que sea que eso le signifique al país porque no es con ellos pensarán); todo ello en un contexto en que empresarios, periodistas y dueños de medios de comunicación vinculados a los gobiernos de turno ganaron millones de pesos a la sombra de la tragedia mexicana. Lejos, muy lejos para ellos, queda la angustia y el dolor de los cientos de muertos y desaparecidos en la espiral imposible de contener incluso hoy.

Así que tal parece que la consigna es mejor no hablar, tirar al olvido los hechos que marcaron y persisten en México, y ¿por qué el silencio? A poco es como decía el filósofo y lingüista Ludwig Wittgenstein: “De lo que no se puede hablar, es mejor guardar silencio”. ¿Quién no puede hablar? ¿Qué lo detiene? ¿Por qué los medios callan? Y sin embargo, la mafia ya habló, la mafia mexicana que acompañó y enriqueció al panismo está hablando, serán decenas de voces las que relaten cómo fue que tejieron las relaciones de negocio con las autoridades más altas del gobierno mexicano en los sexenios ya conocidos como la docena trágica.

Al ser desvergonzadamente desnudado el sexenio panista, nos permitirá ver cómo es realmente la política en su interior cuando es dirigida por delincuentes que dejaron ver públicamente la calaña de sus componendas, los negocios delincuenciales que persiguieron y la corrupción a la que subordinaron a las instituciones (que hipócritamente dicen hoy defender), en las siguientes semanas se hablará de la mafia que convirtió a la nación en su rehén para poder saquearla impunemente; la misma que transformó al Estado en un Estado pandillero.

Vale la pena estar atento a lo que suceda las siguientes semanas, conocer -de su propia boca- las narraciones de los que participaron en la “guerra calderonista”.  La función ya comenzó, tan es así que Calderón ya se “fugó” a España, esa España que hoy se ve convertida en el basurero de políticos corruptos de todo el mundo. Tomen sus butacas, disfruten sus palomitas, disfruten ver como caen públicamente las máscaras del conservadurismo mexicano solapador del narcotráfico.

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