La desvergüenza del lenguaje.

Algo peor que un político corrupto, es un ciudadano que lo defienda.

Conforme se va acercando la fecha electoral del próximo junio, los rivales políticos del gobierno del presidente López Obrador  intentan conformar a través de mentiras, lo que, en caso de lograrlo, convertiría en un peligroso panorama la convivencia político/social.

La mentira como fuerza vital de sus planteamientos políticos y de campaña, bien apuntalada con enormes  recursos económicos para que se replique una y otra vez, apela a la conocida frase atribuida, falsamente, al ministro de propaganda de Hitler, Goebells, “Miente, miente, que algo queda” que en realidad no es sino una forma histórica de conducir los asuntos públicos cuando no hay argumentación o propuestas.  Ya en el siglo I el historiador Plutarco atribuía a un consejero de Alejandro Magno el dicho: “Siembren confiadamente la calumnia, muerdan con ella, cuando la gente haya curado su llaga, siempre quedará la cicatriz”

Una de las características de los seres humanos es aquella que nos permite comunicarnos con un lenguaje construido a lo largo del tiempo, según la parte del mundo que habitamos aprendimos un sistema de signos verbales y escritos para expresar sentimientos y pensamientos. Si decimos azul, mamá, casa, árbol; más allá de sus atributos específicos, el común de la gente podemos coincidir en lo que estamos diciendo.

El lenguaje poético incorpora ritmo, hipérboles, metáforas y otros elementos que enriquecen su manifestación; de ahí que leer a Paz, Sabines, López Velarde, Castellanos, nos ilumine espiritualmente y nos hermane como grupo con identidad de lenguaje. Muy posible es que haya sido Nezahualcóyotl quién escribió, en náhuatl, (y que la mayoría en el país no entendemos) lo que se traduce al español (para hacerlo propio y común a la mayoría):

Amo el canto del cenzontle,
pájaro de cuatrocientas voces.
Amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero más amo a mi hermano: el hombre.

El lenguaje político en particular tiene la característica de que intenta manipular al posible votante, lo hace a través del modo eufemístico, es decir que utiliza palabras o frases suaves para decir lo que sería áspero de escuchar en palabras directas; así se dice “tercer mundo” en vez de decir países pobres, o “ayuda financiera” en vez de rescate bancario, o “flexibilización laboral” en vez de suprimir prestaciones sociales. Nada nuevo aquí; es la historia del lenguaje político, usar el lenguaje para mentir poquito, de a poquito; es decir son un engaño pequeño (nótese la ironía).

La novedad de la oposición mexicana es que se ha pasado de esa modulación de las palabras a la vil mentira directa, abierta y grosera. Ya desde hace años, en la campaña del 2006, contrataron “asesores” para ayudarse en el ataque a López Obrador, así idearon el tema “Es un peligro para México”, que les dio un mediano resultado aunque no le alcanzó al Sr. Calderón para no tener que hacer fraude y solo así declararse ganador de la elección. Las palabras son poderosas y eso lo saben los que se dedican a la política. La gran desvergüenza a la que nos enfrentamos es que han corrompido las palabras con el único fin de confundir y pretender en el imaginario popular que “todos somos iguales”, que “todos luchamos por lo mismo”

En estos meses hemos visto cómo se van alineando en las expresiones de los políticos, frases, mensajes, palabras que son tan solo falsedades, pero que intentan quedar como quimera o fantasía y convertirlas así en realidad; no importa que ese conjunto de ideas falsas no les funcione para gobernar, eventualmente les podría servir para ganar elecciones convenciendo a ingenuos o desinformados electores.

Las infamias, sin consecuencia, de esta época electoral:

Decir que el presidente López Obrador es un tirano y dictador cuando nunca antes alguien había sido electo presidente con tal magnitud de votos.

Decir de la senadora Xóchitl Gálvez que apelando a la “democracia” se debe dejar en libertad a la ex presidenta golpista de Bolivia.

Un pequeño gurú filosófico del PRD que “en nombre de la izquierda”(sic) se hace candidato a una diputación por el conservador y derechista PAN.

Unos periodistas payasos o payasos periodistas, Brozo y Loret, que son pagados -para atacar diariamente al gobierno- por connotados corruptos priistas como lo es el exgobernador y ex candidato presidencial Roberto Madrazo, diciendo que se les pretende coartar su libertad de expresión.

Otro Loret, el papá, mayorcito, también de pocas luces pero no menos ordinario, diciendo que tiene pruebas de la corrupción del presidente pero que en realidad no las tiene sino que son secreto de estado.

Una y muchas veces diversos actores políticos de oposición, denigrando los esfuerzos del gobierno en la lucha contra el COVID, su dicho es que todo está mal hecho, mal organizado, que la campaña de vacunación no funciona, que no se compraron las vacunas, que no se pagaron etc. cuando la realidad es que tanto la OMS como la OPS reconocen los esfuerzos y buenas prácticas en este tema.

Los programas de becas y pensiones a diferentes grupos, tanto en amplitud como en recursos son negados y presentados como herramientas de cooptación, cuando la realidad es que son en buena parte lo que ha hecho posible que no se cayera el mercado interno en este proceso de crisis económica por la pandemia.

En vez de decir verdades se dedican a mentir, a hacer ruido, mucho ruido.

Bien decía el científico alemán, Lichtenberg “Para hacer ruido se escoge a la gente más pequeña…

Las mentiras de su ideología de batalla:

Se han llenado la boca diciendo que son promotores de la inversión extranjera cuando lo que está constatado es que regalaron y se regalaron las empresas públicas e hicieron contratos tramposos, a cambio de comisiones y puestos de trabajo para ellos y sus familiares, para subsidiar gastos y tarifas a compañías extranjeras, todo a cargo del erario mexicano por supuesto.

Hablan de globalización en vez de decir que destruyeron la industria nacional para permitir que el capital extranjero se hiciera dueño de la soberanía energética, de la minería y de los recursos naturales.

Se dicen ecologistas cuando la realidad es que son promotores de la destrucción del medio ambiente en medio de negocios al amparo de concesiones públicas para acabar con bosques y mares.

De dicen demócratas cuando la verdad es que han cooptado al árbitro electoral, el INE y pagan con recursos de desconocido origen, campañas y publicidad en contra del gobierno y del partido MORENA

Estas formas de decir lo contrario a lo que son, ocasiona que no sea posible siquiera tener un diálogo constructivo en beneficio del país. Son una oposición que perdió la ética política propia de una sociedad democrática. Se han lanzado en brazos de patrocinadores a cuál más de deleznables encabezados por Claudio X González, han vendido su alma al diablo y con ello arriesgan al país.

Hicieron de la política electoral un campo de batalla, sus cartas están abiertas, hay que prepararse para lo que viene en estos próximos meses.

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