Javier Cravioto Padilla.
La cadena fibra-textil-vestido fue, durante más de un siglo, una de las columnas de la industrialización mexicana. Hoy sigue empleando a más de un millón de personas —en su mayoría mujeres—, pero ha perdido peso, plantas, formalidad y mercado interno. No es un problema solo de “competencia” el que enfrenta, es apertura comercial mal administrada, contrabando “legal” e ilegal, informalidad masiva, complicidad de actores privados y una corrupción aduanera sistémica. La industria es salvable pero no lo será por la inercia del mercado ni por sí misma, se salva solo si el Estado actúa con un mando único, sostenido y verificable. Aquí, ese principio del liberalismo económico del siglo XVIII acuñado en la frase “Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même” (“Dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo”), no aplica, el estado debe intervenir.
De los telares del Porfiriato al mercado cautivo
La industria textil moderna nació en el siglo XIX y se consolidó en el Porfiriato. Hacia 1910 operaban unas 123 fábricas algodoneras, con cerca de 703 mil husos, 25 mil telares y unos 32 mil obreros en ese segmento. No era un oficio artesanal, era la manufactura más avanzada del país.
Después de la Revolución, y sobre todo a partir de los años treinta, el proteccionismo, el crecimiento demográfico y la Segunda Guerra Mundial le dieron su edad de oro. En 1940 el textil empleaba alrededor de 84 mil personas, cerca del 29% de la ocupación manufacturera, y aportaba del orden de 25% del valor manufacturero. ¹ En 1950 todavía pesaba casi 25% de la manufactura; en 1960, cerca de 17%; en 1970, 12.5% del PIB manufacturero. ² No es que estuviera desapareciendo, sino que el resto de la industria crecía más rápido.
El modelo de sustitución de importaciones le dio mercado cautivo y le heredó una estructura que nunca se resolvió: plantas grandes en hilatura y tejido, talleres fragmentados en confección, poca integración de paquete completo y una cultura de protección que retrasó la modernización. Cuando el país se abrió, esa estructura quedó expuesta.
La apertura no encontró atraso por azar. Encontró una trayectoria tecnológica agotada. Entre los cuarenta y los setenta el textil vivió bajo el paradigma de la producción masiva protegida: tela estándar, mercado cerrado, recambio de maquinaria a cuentagotas. Nafinsa y el Banco de México impulsaron en 1966-1975 un recambio de cerca de un millón de husos y 2,200 telares. Subió la productividad. Cayeron empleos —de 78,300 ocupados en 1960 a 42,593 en 1970— y no se resolvió lo de fondo: plantas chicas, costos altos, poca capacidad para innovar. ³
La fibra química, en cambio, —Celanese, Viscosa Mexicana, después Akra, Nylon de México, Cydsa— sí cambió el proceso. La producción de sintéticos se triplicó entre 1970 y 1980. Esa revolución de materiales no se tradujo en diseño, marca ni paquete completo. El proteccionismo que dio la edad de oro también atrofió a las empresas cuando el paradigma mundial dejó de ser “metro de tela” y pasó a ser una cadena gobernada por el comprador: el valor de marca y el estante en el piso de venta, acompañada de ensamble barato en la periferia. ⁴
El TLCAN dio un respiro; China cambió el tablero
Entre 1995 y 2000 el PIB textil-confección creció a 6.5% anual. México se volvió taller hacia Estados Unidos: pantalón, playera, mezclilla. En 1998 la industria del vestido tenía cerca de 12 mil plantas (la mayoría de ellas pymes o meros talleres) y 460 mil trabajadores.
El TLCAN no industrializó el textil: lo insertó como ensamble de una cadena dirigida al comprador. Entró tela e hilo de Estados Unidos y salió prenda. Las plantas que pudieron integrarse sobrevivieron exportando. Las pymes se colgaron de la maquila. El valor se quedó en quien diseña, licencia y vende. México se quedó en el eslabón de menor renta. Por eso 2001 no solo “trajo a China”. Encontró una industria, que, con pocas excepciones, ya estaba rota: textil a la baja, vestido maquilador al alza, y casi nulo encadenamiento entre hilo, tela y prenda nacional. ⁵
Y por si algo nos faltaba: China entra a la OMC. El valor real del sector pasa de 131,395 millones de pesos en 2001 a 115,750 millones en 2019. En 23 años las importaciones textiles chinas, medidas en dólares, se disparan 3,507%. La participación en el PIB manufacturero resume el encogimiento: 5.6% en 1993, un máximo cercano a 6.7% a inicios de los 2000, 1.9% en 2023 y 1.75% en el cuarto trimestre de 2025 (91,165 millones de pesos de un PIB manufacturero de más de 5.1 billones). ⁶
Eso no es un accidente de productividad. Coincide con la entrada masiva de hilo, tela y ropa asiática, primero a precio legal imbatible y después por un mercado paralelo que desborda a la producción nacional.
Empleo grande, formalidad chica, déficit estructural
La cadena sigue siendo laboralmente densa: 1.1 o 1.2 millones de personas, con cerca de 70% de mujeres en varios eslabones. El empleo formal que paga IMSS es otra historia: 444 mil en marzo de 2020 y cerca de 380 mil hacia 2024. La confección concentra menos de dos tercios de esa formalidad. En una década se han perdido decenas de miles de plazas formales; en episodios recientes se habló de 70 mil a 95 mil por contrabando técnico y prácticas desleales. ⁷
En 2025 las exportaciones del binomio textil-confección fueron 7,664 millones de dólares y las importaciones 13,271: un déficit de 5,607 millones. El 92% de lo que México vende se va a Estados Unidos. Lo que entra viene sobre todo de China, Estados Unidos, Vietnam y Bangladesh. China concentra cerca de 37% de la confección importada. ⁸
El 95.6% de los establecimientos son micros y generan apenas 5.7% de la producción. Los grandes —0.2% o poco más— concentran más de la mitad del personal y más del 80% de la producción bruta. El mapa real no es “cientos de miles de fábricas compitiendo”. Es un núcleo formal pequeño y un océano de talleres en la orilla, o del todo fuera, de la ley.
El mercado ilegal ya no es un complemento: es el mercado.
La producción nacional no compite contra “Asia” en abstracto. Compite contra mercancía subvaluada, triangulada, desviada de IMMEX y recintos fiscalizados, o de contrabando bronco.
Canaintex estima el contrabando de ropa en 150 mil millones de pesos. En tianguis y ambulantaje, siete de cada diez prendas serían ilegales; hace una década era la mitad. En el más reciente Mundial de futbol se produjeron 4 millones de playeras oficiales y siete de cada diez que se vendieron eran ilegales. Otras voces del sector han dicho que tres de cada cinco prendas del país son ilegales y que el contrabando técnico ha desplazado hasta 60% del mercado nacional. ⁹
El diagnóstico no es de 2024. Hacia 2004 ya se partía un mercado de ropa de 16 mil millones de dólares así: 60% contrabando, 20% importación legal, 20% producción nacional. ¹⁰
La proporción no es nueva. Lo nuevo es la escala y el mecanismo: de contrabando bronco a IMMEX y recintos. El mercado ilegal es la forma constante del piso de venta en los comercios desde que China entró a la OMC y México no cerró la aduana. Y tampoco cuando entró al acuerdo transpacífico y Vietnam vino a dar la puntilla.
No hay “más diseño” ni “más nearshoring” que sobreviva si el piso de precios lo pone una playera que no pagó arancel, IVA, IMSS ni norma ambiental. Cuando se restringió el producto terminado vía IMMEX, el flujo se fue a recintos fiscalizados: de 3.5 millones a 25.5 millones de prendas en un año. Gran parte no se transformó ni se reexportó: se quedó adentro. El precio promedio de importación se cayó por debajo de costos internacionales mínimos. Eso no es eficiencia china. Es subvaluación. ¹¹
No es solo el contrabandista de frontera
Si queremos avanzar y salvar la industria hay que abandonar la fábula de “la industria honesta contra el chino ilegal”. Una parte de industriales, comercializadores y cadenas importa producto subvaluado o de contrabando técnico, le cambia etiqueta, lo mezcla con producción local y lo vende como nacional o de marca. El fraude IMMEX —simular exportación y desviar al mercado interno— involucró a empresas del sector y a agencias aduanales. Se han citado fraudes fiscales de miles de millones y cancelaciones de patentes.
Detrás de buena parte de la evasión no está solo el ambulante. Están grandes contribuyentes en colusión con agentes y funcionarios. La mercancía asiática atraviesa un sistema mexicano dispuesto a dejarla pasar.
La informalidad completa el cuadro. Un estudio del INEGI con la Canaive halló que 85.4% de 102,388 establecimientos del vestido eran informales y tan solo el 14.6% era formal. En Puebla y Tlaxcala se ha hablado de 65% de informalidad. Informes diversos suben la informalidad de indumentaria por encima de 80%. ¹²
Eso no es “costumbre de taller chico”. Es un régimen: venta sin factura, incluso en puntos que se presentan como formales; IMSS inexistente o simulado; tomas ilegales de luz y agua; tintorería y acabados que descargan su suciedad como si el río fuera su planta de tratamiento. Las empresas que trabajan de verdad dentro de la ley son pocas: exportadores T-MEC, IMMEX serio, empresas grandes de hilatura, mezclilla y tejidos plano y de punto. El resto opera con un pie dentro y otro fuera. Mientras eso no se diga, estamos subsidiando a quienes son parte de la destrucción de la industria. Una industria que si es formal se ve impactada por los incrementos salariales y próximamente reducción de horas y se enfrenta a la informalidad que no se ve afectada por estos cambios.
Las cámaras no son la industria
El gobierno no habla con “el sector textil”. Habla con las cámaras. La Cámara Nacional de la Industria Textil y la Cámara Nacional de la Industria del Vestido son las interlocutoras: se sientan con Economía, Aduanas, SAT e incluso a Presidencia. De ahí salen comunicados, cifras de contrabando, propuestas de arancel, compras públicas y el cuento de una industria asediada por Asia. Ese relato tiene pedazos verdaderos, pero también es un filtro de voces.
Una cámara no representa a un millón de personas ocupadas en taller, ni al micro que cose sin RFC, ni a todas las plantas formales. En realidad, son “clubes de Toby” que representan a quien paga cuota, llega a la asamblea y ocupa la mesa. En una cadena de microempresas y de vestido informal, esa mesa está sesgada hacia arriba: grupos integrados, marcas, comercializadores con anaquel y exportadores que sí cumplen yarn forward. Eso de que las cámaras cuidan “a la industria” se volvió, con demasiada frecuencia, cuidar el interés de algunos cuantos de quienes las manejan.
Se pide aranceles para el contenedor chino, sello Hecho en México, que el gobierno compre nacional y que se persiga el tianguis. Se calla, o se menciona en voz baja, que una parte de los propios afiliados importa tela o prenda subvaluada y la vende como mexicana; que una buena parte de la comercialización “formal” mueve sus ventas sin factura; que tintorerías del mismo ecosistema descargan sus aguas sin permiso. El ambulante es el chivo visible. El socio con RFC y discurso de legalidad es más difícil de señalar porque está en la foto, compartiendo con autoridades, del boletín institucional.
No es “todos los industriales”. Es un doble tablero dentro del mismo padrón. Hay empresas que exportan con origen regional, pagan IMSS, necesitan aduana seria y que son enormemente afectados por la distonía de la industria, supuestamente formal, que provocan sus pares. Y hay empresas —a veces la misma razón social, a veces una filial, a veces el comercializador de al lado— que viven del precio que solo existe si alguien no pagó IGI, IVA, nómina y servicios públicos; que su único costo adicional es la mordida a autoridades inescrupulosas en toda la cadena. Cuando esas voces se incrustan en la cámara, el gremio habla con dos bocas. Hacia afuera: legalidad, contenido nacional, salvemos empleos. Hacia adentro: el precio se construye con lo que convenga al margen, aunque este fuera de la ley.
El Estado que toma a las cámaras como único termómetro diseña mal sus políticas públicas. Arancel con quien protesta sobre Asia, sin inspeccionar la legalidad del protestante, no es más que un “rescate” que ayuda a subsidiar a quien ya evadió, tranzó y corrompió. Y deja fuera a la parte rescatable —hilatura, tejido, acabado, tintorerías, paquete completo con trazabilidad— porque su demanda molesta a los interlocutores.
Las cámaras deben seguir en la mesa: tienen datos, plantas y convocatoria. No deben ser los únicos y de ninguna manera pueden tener veto.
Aduanas: la puerta donde se decide si hay industria
El cuello de botella no está en un decreto de aranceles. Está en las aduanas. El sector ha dicho, año tras año, que la corrupción textil de importación es abrumadora: contenedores que cruzan con mordida, clasificación incorrecta, declaraciones de valor de risa, triangulación vía Estados Unidos y Vietnam. No es rumor. Es método de negocio.
Cuando se refuerzan Manzanillo y Lázaro Cárdenas, el contrabando se corre a Chihuahua, Tijuana y Tamaulipas. Cuando se cierra un régimen, aparece otro. Sin consecuencia penal para importador, agente y funcionario, el arancel del 35% es un letrero. El producto ilegal no paga 35%. Paga la tarifa de la corrupción que es más barata que producir en México. El fisco también es víctima: evasión de IGI, DTA e IVA en miles de millones. El Estado no solo desprotege a la industria. Se desprotege a sí mismo y enriquece a corruptos y corruptores.
¿Por qué se hizo pequeña la industria?
- Apertura comercial sin disciplina aduanera (TLCAN y después T-MEC).
- Impacto chino post-2001, imbatible en commodity.
- Ruptura de la cadena: primero se importó tela, luego la prenda.
- IMMEX y recintos volteados hacia el mercado interno.
- Informalidad y autosabotaje empresarial.
- El acuerdo transpacífico que entró en vigor en 2018 y amarró al país en el comercio textil de Vietnam con tasa 0%.
- Botín de aduanas.
- Estancamiento tecnológico: pocas empresas con capacidad de inversión tecnológica.
- Interlocución gremial capturada: se oye a la cúpula, no a la cadena.
El T-MEC no es un plan industrial
El T-MEC sustituyó al TLCAN el 1 de julio de 2020. En textil no aflojó la regla: la apretó. El Capítulo 6 (Mercancías textiles y prendas de vestir) mantiene el yarn forward: el hilo debe hilarse en la región, la tela tejerse en la región y la prenda cortarse y ensamblarse en la región. No basta coser en México. Si el hilo es asiático, la prenda no es originaria. También deben ser originarios el hilo de coser, la tela de bolsillo, los elásticos y la tela impregnada o recubierta. Hay una válvula: fibras o hilados no originarios hasta 10% del peso de la mercancía. Y una novedad menor: prendas hechas a mano, folclóricas, tradicionales o artesanales indígenas de la región pueden ir libres de arancel. El tratado endureció auditorías y visitas sorpresa contra fraude de origen, delito aduanero y evasión. ¹³
Esto puede verse, porque lo es, como una oportunidad, pero está el otro lado que no es de ninguna manera excepcional, la trampa. Es trampa para quien importa tela china, le pone etiqueta y quiere 0% al cruzar la frontera. El T-MEC puede sostener la exportación a Estados Unidos —tejido de punto, mezclilla, paquete completo, no tejidos, técnicos— si hay origen real. No puede, por sí mismo, recuperar el espacio en los anaqueles mexicanos.
El consumidor interno no compra con regla de origen, compra el precio de la prenda que no pagó impuesto. El patriotismo y la intención hacia el Hecho en México acaba donde el precio empieza.
Una propuesta de solución: no más programas, sí un Comisionado de la cadena.
Crear, por decreto presidencial y buscando transexenalidad, un Comisionado Nacional de la Cadena Fibra-Textil-Vestido, con rango de subsecretario o comisionado, adscripción a Presidencia o a un gabinete de seguridad económica, con autoridad de coordinación sobre:
- Aduanas: perfiles de riesgo en capítulos 50 a 63, precios de referencia, revisión física de alto riesgo, rotación de personal, responsabilidad solidaria del agente; origen con trazabilidad de hilo, no de “tela comprada en la región”; verificación en planta; visitas sorpresa que el T-MEC ya faculta.
- SAT: pedimento contra factura interna; baja inmediata de certificados si lo temporal se vuelve definitivo; cobro a quien vende sin trazabilidad. Ambulantaje.
- Economía: aranceles atados a contenido nacional verificable; IMMEX solo para quien transforme; compras públicas con 65% nacional como piso.
- IMSS y STPS: empadronamiento e inspección en Puebla, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Coahuila, Baja California.
- Profepa y Conagua: acabados y lavanderías bajo puntual cumplimiento.
- Fiscalías: contrabando bronco como delito económico de alto impacto.
- CFE y organismos de agua: corte a tomas ilegales.
El Comisionado no sustituye a esas instituciones. Las obliga a un tablero único, publicado cada 90 días: contenedores retenidos, valor declarado versus precio internacional, origen de hilo versus pedimento, empleos formales, facturación interna, capacidad utilizada. Si una aduana no cuadra, se interviene la aduana. Propone y coordina soluciones. Es el “policía” que usa los dientes de las instituciones a quienes exige compromisos y exhibe en sus fallas y corrupción.
Las cámaras consultan, incluso propones; no validan el tablero, al igual que todos los grupos involucrados e interesados. Todos tienen asiento y voz en la mesa de consultas. No tienen lápiz que modifique las cifras ni veto sobre la inspección de sus afiliados. Quien hable de legalidad y opere en la orilla queda expuesto por datos, no por títulos ni canonjías heredadas o históricas. Porque hay que barrer, hay mucho que barrer.
Un rescate de la industria textil que solo castigue al ambulante y deje intacto al tramposo importador o comercializador con RFC es mera propaganda.
Qué no hay que esperar
Que el T-MEC, solo, reviva hilaturas. Que el nearshoring automotriz arrastre al textil. Que el consumidor “prefiera lo mexicano” mientras el precio legal es el doble. Que el gremio se autorregule cuando el gremio es parte del problema.
Conclusión:
La industria no murió, la estamos matando, por lo pronto ya se encogió: pasamos de que una de cada cuatro fábricas era textil, a mediados del siglo XX, a menos de dos de cada cien; de pilar industrial a un millón de ocupaciones precarias y unos 380 mil formales; de vestir al país a ver cómo 60% o más de lo que se pone la gente no pasó por una fábrica que pague impuestos. El golpe chino fue real. El golpe peor es casero: aduanas vendidas, exportación volteada hacia adentro, facturas que no existen, IMSS que no se paga, empresarios que importan aquello contra lo que protestan, y cámaras que a veces cuidan a quien las preside antes que a la cadena.
Es salvable. Hay plantas al 60-70% de capacidad, hay oficio y experiencia textil en el país, hay técnicos y hay práctica en paquete completo, y una geografía que aún vale para Estados Unidos si hay yarn forward de verdad. Nada de eso se activa si el precio lo pone el contenedor que cruzó con mordida.
Salvar al textil debe dejar de ser un lema de cámara a pasar a una decisión de Estado: un Comisionado con poder, aduana que deje de ser negocio, formalización obligatoria, origen verificable y sanción también a los propios. Sin eso, todo seguirá siendo diagnóstico.
***
Datos duros
De una de cada cuatro fábricas a menos de dos de cada cien.
Peso de la cadena en el PIB manufacturero (series no estrictamente homogénea porque a veces se incluye cuero)
| Periodo | Participación |
| Hacia 1910 | Primera manufactura del país |
| 1940 | 29% del empleo industrial) |
| 1950 | ~25% |
| 1960 | ~17% |
| 1970 | ~12.5% |
| 1980 | ~10–13% |
| 1993 | 5.6% |
| Inicios de los 2000 | ~6.7% (último pico) |
| 2010 | ~3.5% |
| 2023 | 1.9% |
| 2025 | 1.75% |
| Referencia | Cifra |
| Exportaciones vs. importaciones 2025 | 7,664 / 13,271 mdd |
| Destino de lo exportado | 92% EE. UU. |
| Empleo total vs. formal | ~1.1 millón / ~380 mil |
Notas
- Gerardo Vera Muñoz y María Antonieta Monserrat Vera Muñoz, “La trayectoria tecnológica de la industria textil mexicana”, Frontera Norte, vol. 25, núm. 50, 2013, https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-73722013000200007. El artículo sitúa en 1940 cerca de 28.9% del empleo manufacturero y alrededor de 25% del valor.
- Vera Muñoz y Vera Muñoz, op. cit. (caída de 24.7% a 17.4% entre 1950 y 1960; 12.5% del PIB manufacturero en 1970). Las series de largo plazo no son estrictamente comparables por cambios de clasificador.
- Ibid. Modernización Nafinsa/Banco de México 1966-1975; ocupación textil de 78,300 (1960) a 42,593 (1970).
- Ibid. Paradigma de producción masiva, fibras químicas y paso a cadenas gobernadas por el comprador (CGCI).
- Ibid., sobre maquila, fragmentación de la CFTV e inserción en cadenas de comprador tras el TLCAN.
- Canaintex, Información estadística (cierre 2025 / actualización 2026), https://canaintex.org.mx/informacion-estadistica-mayo-2026/; INEGI, cuentas nacionales. El 6.7% de inicios de los 2000 aparece en análisis de Banorte citados por la prensa económica (p. ej. Debate, 2025). El 1.75% y los 91,165 mdp son de Canaintex para el 4T 2025.
- Canaintex, Información estadística, diciembre 2025 y boletines 2026; declaraciones de la presidencia de la cámara en El Economista y Milenio, marzo 2026.
- Canaintex, Información estadística 2025: exportaciones 7,664 mdd, importaciones 13,271 mdd, 92% a Estados Unidos.
- Estimaciones gremiales reiteradas por Canaintex (contrabando ~150 mil mdp; ilegalidad en tianguis). Tratarlas como orden de magnitud del propio sector, no como censo.
- Andrés Becerril, citado en Vera Muñoz y Vera Muñoz, op. cit.: mercado de ropa de 16 mil millones de dólares, 60% contrabando, 20% importación legal, 20% nacional (hacia 2004).
- Canaintex, sobre el salto de 3.5 a 25.5 millones de prendas en recintos fiscalizados (2024-2025), recogido en Milenio y El Economista, 2026.
- INEGI-Canaive, sobre informalidad en establecimientos del vestido; Canaive, declaraciones regionales Puebla-Tlaxcala.
- Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, Capítulo 6, “Mercancías textiles y prendas de vestir” (yarn forward, de minimis 10% / elastoméricos 7%, insumos visibles, verificaciones). Síntesis operativa en Perseverancia, “T-MEC en el sector textil”, https://perseverancia.mx/biblioteca-tecnica/1-tmec-en-el-sector-textil.html.