4T, México, Socialismo

SOCIALISMO 2026

Del 4 al 7 de septiembre se celebra en Chicago la conferencia Socialism 2026, un encuentro anual de cuatro días que nos reúne a militantes, organizadores, autores y comunidades de izquierda de Estados Unidos y muchos otros países.
Socialism no es un congreso académico cerrado ni un mitin de un solo partido. Lo organiza Haymarket Books junto con decenas de organizaciones y publicaciones de izquierda. El formato es denso y participativo: más de un
centenar de charlas, talleres, debates, sesiones de estrategia y espacios de encuentro.
Hay mesas sobre política, historia de la clase trabajadora, abolicionismo, justicia migrante, liberación indígena, las guerras actuales, sindicalismo, feminismo y las discusiones estratégicas del momento.
Entre quienes aparecen en el programa de este año figuran voces como Angela Y. Davis, Ruth Wilson Gilmore, Hasan Piker y muchos más, además de colectivos locales y representantes de partidos y organizaciones de diversas partes del mundo.
Esta edición se da, además, en un clima político distinto al de otros años, muy interesante porque Estados
Unidos, país sede, vive el segundo mandato de Donald Trump, un presidente caótico que parece aterrorizado ante
cualquier cosa que suene a socialismo. Para él, la palabra no es un horizonte de igualdad o de poder popular: es un espantajo que usa para descalificar sindicatos, programas sociales, protestas, migrantes, periodistas y hasta
rivales que no tienen nada que ver con una tradición socialista.
En esa paranoia, Chicago se llena precisamente de gente que no pedimos permiso para nombrarnos de izquierda,
discutir estrategia y organizarnos a la vista de todos.
El contraste es casi teatral: mientras la Casa Blanca convierte “socialismo” en insulto de campaña, miles de personas nos reunimos a tomar la palabra en serio.
Para mí no es un evento más. Es una cita anual a la que he acudido en los últimos años, a veces escuchando, a
veces hablando, a veces exponiendo y por lo general discutiendo y burlando de la derecha en el mundo. Cada septiembre vuelvo a Chicago con la misma mezcla de cansancio de viaje y expectativa: reencontrar caras conocidas, escuchar debates que no caben en las redes, participar en talleres prácticos y salir con la sensación
de que la izquierda no es solo una red de indignación, sino gente que organiza, discute y se equivoca en voz alta.
En esas ediciones anteriores aprendí tanto en los pasillos como en las salas: contactos, lecturas, tensiones
internas del movimiento y, sobre todo, la costumbre de pensarnos en común. Lo que hace particular a Socialism es precisamente esa densidad. No se trata solo de “estar de acuerdo”,se trata de discutir y argumentar.
En 2026 el acento vuelve a estar en lo urgente: cómo reconstruir alianzas, cómo organizar desde abajo y cómo conectar esfuerzos que a menudo se viven por separado.Hacerlo bajo un gobierno que ve en cualquier gesto colectivo un fantasma ideológico no es un detalle de calendario. Es el contexto.La conferencia no se celebra a pesar de ese miedo presidencial; se celebra en medio de él.
Después de cinco años seguidos, ya sé de qué va, uno sale con la cabeza llena de nuevas ideas y la maleta llena de documentos y libros.
Para quienes, como yo, hemos hecho de este encuentro una costumbre de septiembre, Chicago no es un destino turístico, más bien un punto de reunión: cuatro días para pensar en voz alta, discutir sin adornos y recordar por qué vale la pena volver, especialmente cuando el poder en Washington se estremece apenas escucha la palabra
socialismo y la derecha mexicana implora una intervención.

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