Corrupción, Machismo, México, Patriarcado

El padrote

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón…

Sor Juana Inés de la Cruz

En México, la política partidista del conservadurismo y del neoliberalismo se ha convertido en el lugar de reunión de hombres resentidos ante la fuerza de un feminismo que acomete de manera decisiva en todos los ámbitos sociales.

En los últimos años, la violencia contra las mujeres se ha convertido en un tema de debate público. Evidentemente, esto no se debe a que la violencia de género haya alcanzado ahora proporciones intolerables -desde hace mucho tiempo se cruzó esa línea- sino lo que ha cambiado es la posibilidad que tienen las mujeres de hablar públicamente, acusar y exigir sus derechos. Suena bonito pero, ¿es real?

El machismo y la misoginia, características de parte de la sociedad mexicana, dificultan un avance sostenido en una igualdad de género que de muchas maneras se mantiene tan solo en una narrativa de ficción y que es fuertemente atacada de manera abierta o soterrada por quienes detentan el poder, económico, social o político. Si hablamos de política, para algunos dirigentes la paridad a que les obliga la ley en la definición de posiciones públicas tiene un precio, y lo cobran. Quienes lo pagan encuentran que ese es el precio obligado para acceder a cargos de representación. En teoría y en la ingenuidad de un mundo ideal –que no existe en México- que la posibilidad paritaria de género esté en la ley, es suficiente; la realidad nos dice otra cosa.

¿Cuál es la diferencia entre mujeres a quienes para conseguir un trabajo en una maquiladora o una oficina se les exige tener relaciones sexuales con el “jefe”, con mujeres a quienes para tener un papel protagónico en televisión o cine tienen que acostarse con el director o productor, o, mujeres a quienes para optar a una candidatura a un puesto público deben tener acercamiento íntimo con el líder de su partido? No hay diferencia, son mujeres en una sociedad patriarcal que tiene como responsables a bestias que odian a las mujeres.

Me parece que la línea de juicio no puede ser de la consecuencia hacia la causa, sino precisamente al revés, de la causa hacia la consecuencia. No son las mujeres quienes en muchas de estas circunstancias son las culpables, son algunos hombres quienes ejercen una cobarde violencia que les “cobra” a ellas: ser mujer ocupando posiciones de hombre.

Mientras no entendamos que el problema de la misoginia y machismo conduce a que los hombres con poder se sientan desequilibrados e inferiores ante mujeres que ganan posiciones en todos los contextos sociales y que, por lo mismo, hasta lo que les dé el alcance momentáneo de ese poderío, recurren a una violencia sistematizada que, lamentablemente, aún está anclada estructuralmente en la sociedad y que les permite mantener una supremacía masculina y autoritaria; un anclaje que deriva de valores propios de la extrema derecha que comparte el deseo de mantener a las mujeres en condiciones de desigualdad.

Una violencia que les chantajea con fotos y videos como lo hace el padrote Alito, no solo para darles posiciones políticas; sino también otra forma de violencia que les “lava el cerebro” como en el caso de la secta NXIVM del estadounidense Keith Raniere que apoyado por Emiliano el hijo de Carlos Salinas, y con la participación de  la hija del ex presidente Fox, Ana Cristina y del hijo del ex presidente De la Madrid, Federico, y de Rosa Laura Junco, la heredera del periódico Reforma; engancharon mujeres “convencidas” como esclavas sexuales a quienes tatuaban el cuerpo con su logo. O esa mujer periodista a quien Luis Videgaray, el hombre fuerte de Peña Nieto, pagaba las colegiaturas de sus hijos y obsequiaba bolsas de lujo. Sí, siempre puede haber una mujer que elige actuar de tal o cual manera, pero invariablemente hay un hombre en situación de poder que hace el montaje.

En el documental “El padrote” de Jessica Fillol, el padrote explica:

Siempre se busca a aquella persona que está siendo despreciada en su familia, que tiene escasez en su pueblo, que ha sido maltratada por el padrastro o por el papá o por la mamá, y como padrote siempre llega uno en el momento adecuado para poder capturar a la víctima.

En el video de avance de esta columna, resumí la idea de lo que aquí escribo, no es más que decir: ojo, el punto de partida no es culpar a las mujeres, en este caso a aquellas mujeres priistas que -presumiblemente- enviaron fotos o videos íntimos al dirigente priista “Alito”, para obtener candidaturas electorales; partamos de la causa, y la causa es que existe un macho bruto y misógino que les cobró con esas imágenes; supondría yo que no solo para la candidatura sino para que en su actuar político se plegaran a sus decisiones. Me parece que hay que dar un giro copernicano en la forma que entendemos el problema al que se enfrentan las mujeres de manera cotidiana.

Una vez que se razone que el trasfondo es misoginia y machismo político entonces sí planteemos como un acto de muy grave corrupción la actuación de las hoy diputadas; pero no abona a la izquierda, ni al feminismo, ni a la 4T hablar de zorras y putas. Eso es precisamente lo que hace el conservadurismo frente a las mujeres y de eso nos debemos desligar contundentemente.

En la 4T tenemos una gran mujer que nos representa como gobernadora en Campeche, Layda Sansores; es ella quien avisó públicamente a las mujeres priistas que entre la información que le hicieron llegar con los audios que exhiben a “Alito”, el dueño temporal del PRI, encontraron también que había fotos y videos de ellas. No los exhibió, solo les avisó lo que encontró. Muchas mujeres priistas incluyendo las posibles víctimas, salieron a defender al macho y a atacar a la gobernadora; es una señal más de lo dañino que es este sistema patriarcal; parece un claro caso de Síndrome de Estocolmo.

Si me preguntan, me habría gustado que la gobernadora hubiera informado de esto en privado a esas mujeres y no lo dejara ver de manera pública. Creo que la causa de las mujeres no puede quedarse en la cotidiana política partidista, estos temas deben llevarse a una “alta política” que represente el verdadero interés del feminismo.

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