México

Comentario de Manuel Campos sobre mi columna «La moral es un árbol que da moras».

Reflexiones de un loco – Sobre la ética, la moral, los valores y la integridad

4T, el artículo “La moral es un árbol que da moras”… | -dedogmasyrenuncias- javiercravioto.com de Javier Cravioto Padilla es muy importante leerlo; bueno eso, si realmente estamos comprometidos con el cambio personal y social en nuestro país. A mí me motivó e impulsó a reflexionar sobre el tema, porque estoy absolutamente convencido que la moral, no es un árbol, sino el cimiento de todo nuestro actuar en esta azarosa vida. Así que en lugar de sólo hacer un comentario, me decidí por una reflexión que complemente lo dicho por Javier.

Antes de empezar unos proverbios mexicanos:

“Qué se cumpla la ley de Dios… ¡pero en los bueyes de mi compadre!”

“El que no tranza, no avanza”

A los mexicanos nos enorgullece nuestra cultura y tradiciones, pero si le rascamos un poco más veremos que en realidad somos unos “wannabes”, porque admiramos y deseamos el progreso material de otros países. En efecto, a los mexicanos nos gustaría que México se pareciera a un país en el cual la economía fuera fuerte y capaz de proveer empleos (muchos hasta creen que en el pasado inmediato México era como Suiza), y ateniéndonos a que los dichos son el inconsciente de los seres humanos (en especial los dos mencionados), es claro que las leyes, el gobierno y otros aspectos inmateriales nos son claramente secundarios. Admiramos el éxito material y somos materialista al tope, porque el capitalismo salvaje de amigos (neoliberalismo mexicano) nos hizo unos “materialistas vergonzantes” (la frase no es mía, no recuerdo dónde la leí).

Empezaré por decir que la moral pública y la moral privada son como los siameses, son diferentes pero no se pueden separar. ¿Y por qué lo digo?, porque el hombre aislado y la sociedad son abstracciones. Lo que realmente existe es un conjunto de personas integradas en ámbitos comunitarios de diverso nivel que comparten los riesgos, los beneficios y obligaciones. Las reglas de la justicia, (expresión de Michael Walzer en “Las Esferas de La Justicia”), se deben aplicar de manera diversa según el ámbito de que se trata. Será el tránsito arbitrario de una esfera a otra lo que resulta perturbador y muchas veces origen de corrupción. Por ello es necesario que como personas sepamos separar el ámbito público del privado, ya sea porque conseguir ventajas públicas en razón de conexiones privadas es inmoral, como también lo es aprovecharse de un puesto público para conseguir beneficios particulares. Pero si bien esta distinción es necesaria, el complejo tejido de lo individual y social lleva a pensar que es ajena al dinamismo de la ética y contraria a la realidad. Tampoco conviene caer en confusiones entre ambos ámbitos que llevarían al relativismo o al moralismo. Aquí es válido el ideal metódico según la cual conviene distinguir sin separar, unir sin confundir.

Antes de exponer lo de la crisis moral y de valores es importante para los fines de este texto, definir los conceptos de moral, ética y valores.

Se entiende por moral “el conjunto de comportamientos y normas que regulan la acción individual o colectiva de una determinada sociedad, sin necesidad de coacción externa”, (Proyecto para el desarrollo de una ética profesional Yolanda Angulo Parra (2000)), y que, como menciona Fernando Savater (Ética para amador (2003), p. 55) solemos aceptar como válidos. Por otra parte, con base en Savater, ética “es la reflexión sobre por qué se consideran válidos esos comportamientos y normas, y la comparación con otras morales que tienen personas diferentes”. Con base en lo anterior, se puede asumir que la moral es la práctica y la ética la filosofía de esa práctica, que además reflexiona sobre las morales vigentes y la crisis de dichas normas morales.

Ahora bien, los valores, que “son la base de la moral, es decir, de los comportamientos y normas de un grupo social”, los define Latapí en “Desarrollo integral del sujeto vía el método trascendental, Vol. II de Armando Rugarcía Torres (2013, p. 181), como “propiedades de la personalidad, preferencias, orientaciones, disposiciones psíquicas, que son, en cierta forma, los fines de la educación” y que vistas desde el punto de vista sociológico, los valores son preferencias colectivas compartidas por un grupo. De lo anterior, Rugarcía concluye que los valores morales “son aquello que va afirmando el aparato psíquico-consciente-crítico del sujeto (individual y colectivo), que dan sentido a sus decisiones, que siempre preceden y determinan a las acciones, y que son la finalidad última de la educación y de la vida misma”. De ahí la importancia en que la educación en valores de un grupo social (en especial los niños) es fundamental ya que es la base para el individuo que le permite enfrentar lo que venga en su vida desde una doble perspectiva, la del sentido de su propia vida y la de la convivencia humana.

“Integridad es hacer lo correcto aun cuando nadie nos está viendo”: Frase atribuida a C.S. Lewis.

En esta modernidad líquida (Zigmunt Bauman dixit) las definiciones tienden a separar o a flexibilizar los valores, nada más comparemos la definición de C.S. Lewis con la siguiente: “La integridad es mantener la coherencia entre lo que sientes, lo que dices y lo que haces, y poseer el valor de rematar las cosas de la manera que te parece más apropiada”, del libro Inteligencia Emocional for rookies de Andrea Bacon y Ali Dawson. Como podemos ver ambas definiciones se parecen; pero la segunda tiene una defecto enorme e importante; ya que no se relaciona de forma alguna con “íntegro-integridad” (persona recta, intachable), un rasgo personal que no parece estar muy valorado en la sociedad actual. Por eso es muy importante e ineludible supeditar la integridad con los valores y la ética (moral).

“Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. Frase atribuida a Mahatma Gandhi.

Esta frase tiene que ver mucho con la responsabilidad personal y la actitud que tenga un individuo en un ambiente familiar, social y laboral, en otras palabras es su capacidad de posicionarse de manera activa y no pasiva en cuanto a los problemas y obstáculos que enfrente en su vida.

Creo que la crisis moral y de valores actual es causada porque hemos perdido la noción de lo sagrado y los ideales, a que el enfoque materialista del capitalismo neoliberal y postmoderno nos ha dejado sin una moral que nos acote, y nos ha hecho olvidar la gratitud, porque nos ha hecho relegar o licuar (Zigmunt Bauman dixit) los valores, que son el contenido de la ética y la moral, que nos ha abocado principalmente, a lo perteneciente, a lo que se muestra, al tener y que sólo es legitimado por el lenguaje máquina. Pero eso no es todo, la evaluación magisterial que tanto promueve la reforma educativa de EPN y los medios de comunicación, sólo se enfocan principalmente en los conocimientos declarativos y procedimentales, descuidando la evaluación sobre la educación y formación en valores. Es decir, como decía el Gran José Luis Sampedro en una entrevista por allá del 2012: “para ser libre hay que tener el pensamiento libre y para tener el pensamiento libre hay que educarse”. Pero “nos educan para no pensar, para ser productores y consumidores, no para ser hombres libres”. También dijo: “los ciudadanos son educados «para ser productores y consumidores, no para pensar”, y que, aunque los políticos tienen parte de la culpa de la crisis, la ciudadanía también es responsable, porque los ha elegido”. Sampedro remata diciendo: “ que estamos ante un final del abuso del capital y los ciudadanos tenemos que educarnos para una situación distinta, donde el poder del dinero “desaparezca” y sea sustituido por los valores de la civilización occidental, “que se han desmoronado en manos de los adoradores del dinero”.

En mi opinión se puede capacitar a los individuos en aptitudes, pero dudo mucho que, a través de la capacitación se puedan infundir y cambiar las actitudes. Hay una sobrevaloración de la economía y del pensar racional y se desprecia lo relacionado al terreno del mito o de lo razonable y se relega y desconoce lo relacionado, la desmesura o lo que denominamos lo no racional, que son los sentimientos y emociones (pathos). Pero lo hecho, hecho está. Si se asume una postura sólo racional, no hay más que aceptar las cosas como son, como las hemos venido haciendo hasta llegar a este punto. Sin embargo, esto sería muy poco humano, hemos llegado hasta aquí porque hemos asumido el reto de transformar a México (y el mundo, ¿por qué no?) de acuerdo con nuestra noción de cómo éste puede llegar a ser mejor. Hoy en día el resultado no satisface a la mayor parte de los seres humanos sobre el planeta, ya sea que se den cuenta de ello o no.

Las Instituciones de Educación Superior no pueden dejar esto pasar sin el deseo y más aún, la responsabilidad, de imaginar y proponer modos de pensamiento, que den lugar a una transformación de nuestros modos de valorar el fenómeno de la vida, de toda la vida sobre la tierra y en consecuencia modificar nuestros modos de interactuar humilde y respetuosamente con toda ella, no sólo con lo que suponemos que es la vida humana.

Los mejores clásicos del pensamiento democrático, especialmente Tocqueville, establecen la estrecha conexión que existe entre la pervivencia del auténtico régimen democrático y la calidad ética de los miembros de las comunidades que la componen. Asimismo, no hay acción educativa posible ni propuesta de ideales magnánimos, si no se da en quienes los enseñan coherencia y unidad de vida.

Los valores, la moral y la integridad no se enseñan, ¡se modelan, porque entran por los ojos!

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